miércoles, agosto 31, 2005

Mi planeta


Soy el farolero de El principito.
Hoy, como cada 30 minutos, se acaba otro mes.

martes, agosto 30, 2005

Dar lamh an righ

(O, POR LA MANO DEL REY: OBEDIENCIA Y MUERTE)
El cuento celta que relata la historia del rey Lora Lonshach y el desafortunado barberillo Thigueen, ha sido por años uno de mis favoritos. Todos los personajes me causan pesadumbre: un rey por cuyo rigor han rodado varias cabezas, cuando su solo propósito es el ocultar su monstruosidad, tan impropia en un monarca; la mujer que tiene por única compañía a un hijo a quien está a punto de perder; un joven pobre que no tiene más opción que obedecer, a cambio de un destino incierto, pero sin duda trágico.
Ser partícipe de un secreto es un arma de doble filo, pues a la vez que otorga poder, oculta en sí la semilla de la enfermedad y la muerte. Es “por la mano del rey” que se obtiene el poder del secreto; mismo juramento por el que siete barberos han desaparecido. Pero no Thigueen quien – a pesar de la obediencia – escapa a la muerte.
¿Cuál es la fortuna de tener orejas y lengua? ¿Dónde está el músico del arpa rota, por cuya virtud se escuchará el canto de la verdad? ¿Acaso existe la encina prodigiosa que cura de la tirantez del secreto?
Como Thigueen, habríamos de escapar a la muerte: ¡Lora Lonshach tiene orejas de caballo!

jueves, agosto 25, 2005

Craven!

Pocas bandas sonoras tan buenas como la de Ravenous, compuesta por Damon Albarn y Michael Nyman, con todo y que me declaro fiel seguidora de Danny Elfman y Zbigniew Preisner, compositores de Burton y Kieslowski, respectivamente. Otros trabajos de Albarn no me parecen ni tan seductores, ni tan bien logrados. Estoy pensando en Trainspotting, claro. Pero es que este soundrack es… es otra cosa.
La película (Ravenous) siempre ha estado entre mis favoritas, y siempre me ha costado trabajo justificar mi fanatismo por ella, pese a la fuerza del guión, y a la fantástica actuación – para variar – de Robert Carlyle. Y es que, en realidad, creo que la película no sería ni la mitad de buena de lo que es, si no fuera por su banda sonora.
El éxito o fracaso de la película reside en causar – o no – en el espectador, la sensación de angustia – la tensión constante –, dado que el contrato necesario para creer en el mito de weendigo pende siempre de un hilo. Cabe decir que, más allá de la confianza que Antonia Bird deposita en las interpretaciones de sus actores, toda la tensión está puesta en el efecto de la música.
La mejor escena de la película, sin duda, es aquélla en que se descubre la trampa que el coronel Ives (Carlyle) tiende a los integrantes del fuerte Spencer. Esta escena y la siguiente – la persecución –, engarzan tres tracks: The cave, Run y Let’s go kill that bastard. La acción, en conjunción con la música de Albarn y Nyman, derivan en una de las secuencias de suspenso mejor logradas que he visto jamás. The cave es la antesala del caos: Boyd (Guy Pearce) y Reich (Neal McDounough) descienden por una cueva oscura sólo para descubrir la trampa; al salir es demasiado tarde: han muerto Hart y George. Toffler debe escapar de Ives, quien a su vez es perseguido por Boyd y Reich. La música utilizada para este momento no podría estar más fuera de contexto: un track que hace pensar en un amable grupo de pioneros febriles de oro, correteando pavos. Pese a lo que pudiera pensarse, el track aumenta la tensión a la escena, pues no permite escuchar el sonido ambiental, justo cuando la cacería exige la alerta.
Finalmente – Toffler muerto – Reich cae a un precipicio. La escena se queda con los dos personajes que perpetuarán su antagonismo en la cinta: el sanguinario Ives, y el cobarde Boyd, con quien no quisiéramos tener que identificarnos. La tensión a este punto de la escena llega a su punto culminante con Let’s go kill that bastard, en que la música responde a los movimientos de los dos personajes. Resulta impresionante que – al final – la caída de Boyd al precipicio, su aterrizaje en una suerte de cueva, el hueso roto y saliente de la pierna, y el cuerpo ensangrentado de Reich sean, en realidad, un alivio. Las imágenes son portentosas, pero la tensión sólo puede estar dada por la música.
Comentarios respecto al soundtrack de Ravenous, los he recibido diversos: desde los que apuntan que es monótono, hasta los que afirman que es excesivo. En la mayoría de los casos, sin embargo, abundan los comentarios positivos. A esos que comulgan conmigo en esta opinión, dedico este post, principalmente a Nadia, con quien comparto Ravenous, como con nadie. Gracias a ella, además, es que ahora tengo el tan codiciado soundtrack, que quisimos tener por años (ya se notó que el oculto propósito del post es la vulgar presunción, ni modo).

martes, agosto 16, 2005

La Sandía


Hoy se cumplen dos meses del nacimiento de La Sandía, nuestro Grupo de Teatro Comunitario. Después de un breve taller piloto - impartido a amigos y colegas que se prestaron amablemente a ser nuestros conejillos de Indias - La Sandía está haciendo preparativos para talleres futuros.
¿En qué consiste el proyecto de La Sandía?, se preguntarán ustedes. Yo no les contesto; en cambio los invito a participar con el Grupo en uno de los muchos talleres que estamos preparando, al fin que hay Sandía para rato.
Por lo pronto, presento a las integrantes de La Sandía:
1/4 Sandía: Claudia Chibici
1/4 Sandía: Ester Arroyo
1/4 Sandía: Paola Cano
1/4 Sandía: Yo, claro, Diana Solano.