martes, agosto 30, 2005

Dar lamh an righ

(O, POR LA MANO DEL REY: OBEDIENCIA Y MUERTE)
El cuento celta que relata la historia del rey Lora Lonshach y el desafortunado barberillo Thigueen, ha sido por años uno de mis favoritos. Todos los personajes me causan pesadumbre: un rey por cuyo rigor han rodado varias cabezas, cuando su solo propósito es el ocultar su monstruosidad, tan impropia en un monarca; la mujer que tiene por única compañía a un hijo a quien está a punto de perder; un joven pobre que no tiene más opción que obedecer, a cambio de un destino incierto, pero sin duda trágico.
Ser partícipe de un secreto es un arma de doble filo, pues a la vez que otorga poder, oculta en sí la semilla de la enfermedad y la muerte. Es “por la mano del rey” que se obtiene el poder del secreto; mismo juramento por el que siete barberos han desaparecido. Pero no Thigueen quien – a pesar de la obediencia – escapa a la muerte.
¿Cuál es la fortuna de tener orejas y lengua? ¿Dónde está el músico del arpa rota, por cuya virtud se escuchará el canto de la verdad? ¿Acaso existe la encina prodigiosa que cura de la tirantez del secreto?
Como Thigueen, habríamos de escapar a la muerte: ¡Lora Lonshach tiene orejas de caballo!