lunes, noviembre 14, 2005

El fantasma de mi madre

Ya oscureció, pero todavía no prendemos las luces del jardín; la única luz que se ve en la cocina es la de la cocina misma. Mi papá se acaba de ir a trabajar, y mi madre quién sabe dónde se metió. Buscándola, le grito: “Mamá, madre, madrecita, jefita”, y todas esas cosas que le grito siempre. Por fin contesta. Su voz viene del otro lado de la puerta de la cocina (que es de vidrio), es decir, está a punto de entrar a la casa. Me asomo y, de primera vista, veo a alguien que hace que se me voltee el estómago al revés: es alguien tan familiar, que he visto en algún sitio tantas veces, pero no es mi mamá; es mi mamá, pero es diferente. Maldita sea mi estampa: es mi reflejo.
Ya sé, ya sé, mi post está re menso. Pero es que, ¡me viene el susto tan sorpresiva, tan inopinadamente! ¿Dónde estaba cuando tenía hipo y estuve cazándolo en el espejo? Ese torpe relato lo dejo para otro día, para un post aún más torpe.

3 Comments:

Blogger Aldo Iván Espinosa said...

Los otros fantasmas, los que sí conocemos, somos nosotros mismos. ¿Cuántos pueden reconocerse en su reflejo? ¿Cuántos asegurarían, sin temor a equivocarse, que ese, el que se refleja en el espejo, es la imagen de sí mismo?

03:18  
Blogger Berenikkha said...

Qué curioso, el otro día comentaba con alguien sobre lo difícil que me es,a mi edad -donde ya debía haber configurado la idea de mi imagen- reconocer mi reflejo, yo igual me hubiese asustado mucho, y más cuando el parecido de ambas con nuestras madres es absolutamente innegable. Saludos!

22:56  
Blogger Fairest Creature said...

Sí, ambos entienden mi gran susto. Fue raro, la verdad. Pero, de momento, sólo me dije "ay, ora sí que vi la cara de mi abuela". Y me volví a asustar.

23:44  

Publicar un comentario

<< Home