sábado, diciembre 31, 2005

"Dichoso es el que halla tal ocasión y sabio el que la goza" *

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*De El mundo por de dentro.

jueves, diciembre 29, 2005

Crónica de 2005 (post menos azotado que el anterior)

Adquiera hoy La Crónica de mi 2005, en diez interesantísimos capítulos, a saber:

Huamantla: De cómo la heroína sube a un globo aerostático acompañada de su abuela voladora y ambas viven para contarlo. Y tanto lo cuentan, que terminan por hartar a todos cuantos viven para escuchar su relato.
Michoacán: De cómo la heroína – junto con su parentela – convierte Morelia en la Capital de la Gula y de cómo comprende que, para llegar al paraíso, es necesario atravesar la más desventurosa senda.
Graduación: De cómo la heroína lo pierde todo, siéntase a echar de menos, intenta festejarse sus triunfos y como respuesta recibe una palabra: nevermore.
La Sandía: De cómo la heroína júntase con un talentoso tercio de colegas que, junto con un tal Augusto, quieren armar la revolución y cambiar al mundo.
Sucesos de múltiple naturaleza: De cómo la heroína logra transgredir el acomodo semanal, y hacerse – junto con Paola y Ester – de un fin de semana de ocho días. De cómo la heroína se da cuenta de que ha ido encontrando piezas de su rompecabezas – tal vez – demasiado tarde.
Efrén Hernández: De cómo la heroína encuentra el libro que ha de variar su cosmovisión y cómo ha de llevarlo consigo por meses y meses.
Gasca Sicco: De cómo la heroína incursiona en el ámbito laboral con agridulces resultados.
Revista Crítica: De cómo la heroína recibe la extraña sorpresa de su publicación, y el aún más extraño caso de los ejemplares desaparecidos.
Malas decisiones: Moby: De cómo la heroína desperdicia una oportunidad única y largamente acariciada y cómo por ello se arrepiente eternamente. O sobre cómo, por evitar deudas, se adquieren otras de mayor gravedad.
Álvaro Enrigue: De cómo la tímida heroína se aproxima al escritor mexicano del momento, hace el ridículo y, sin embargo consigue el medio para mantener posterior correspondencia con él. O de lo que un escritor hace con tal de tener una groupie.

(Gracias a la banda, por hacerse presente en 2005: Aldo, Paola, Rubén, Martha, Ester, Claudia, Moisés, Nadia, Azul, abuela voladora, má, pá, Armando Pinto – tan atento él –, Harry y demás banda que se me está olvidando, pero nada más ahorita.)

miércoles, diciembre 28, 2005

"Todo tras sí lo lleva el año breve"

Se me fugan los años. En esta ocasión particular es el turno de dos mil cinco, pero no es la primera vez que me sucede. Antes se fueron otros muchos. Y por más que hago recuentos pormenorizados de vivencias, no logro hacer una lista que justifique mis veinticuatro años de existencia. Acaso, juntándolo todo, lograré justificar unos – digamos – siete años. Y digo siete sin exactitud, mas sólo porque ahora estoy recordando una imagen de cuando tenía justamente esa edad. Esa imagen adquirió, tras mucho tiempo y de la manera más extraña, una significación intrigante, y me ganó una amiga. No es el sitio ni la oportunidad para desarrollar asunto tan local.
Mi memoria es un disco de acetato rayado, en que la aguja brinca y repite incesantemente el mismo acorde. Un disco viejo, de esos que ya nadie oye – oh, disculpa joven lector, que te someto a términos hoy ininteligibles, como “disco de acetato” – y que termina por sacar de quicio hasta a aquél que aún tiene la paciencia de tocar música en formato tan añejo. Monotonía. (La imagen es tan pobre, que me invita a irme a dormir y dejar de escribir; mas, ¿qué puedes pedirle a un viejo disco de acetato?)
Y he vivido mi monotonía con el ánimo del que se sabe despertándose para enfrentar otra vez el día de ayer, y que será también el de mañana.
Y, para concluir con las quejas de la noche, y también de dos mil cinco (que han sido, sin duda, cuantiosas), dejo aquí un soneto de Efrén Hernández:

Siento que al tiempo sóbrale este día,
que es vano en todo el que le doy empleo,
que se abre inútilmente mi deseo,
que no tiene objetivo el ansia mía.

Sólo durmiéndome le impediría
su movimiento de humo al devaneo
y a estas horas la angustia con que veo
en vida tan fugaz, perderse un día.

Ayer lo mismo fue que hoy está siendo,
y mañana será tal como ahora...
a sabiendas o no, pero mintiendo,

al amor fingirá la eterna aurora,
y un hijo manaré, que hora tras hora
en vano irá a mi zaga envejeciendo.

viernes, diciembre 23, 2005

¡Feliz Navidad!

De parte de Harry para sus numerosos fans
(tanto os ama, lectores, que se deja poner navideños afeites).

jueves, diciembre 22, 2005

Peût-etre: post de datos imprecisos

Hace como un millón de años – por allá de 2000, quizás en sus vísperas – fui al cine a ver una película francesa: Peût-etre. Recuerdo algunas cosas del filme en cuestión: la secuencia inicial me hizo sentir la vergüenza de haber elegido mal la película, sensación que se me volvió carcajada cuando la toma se abre para revelar que los marcianitos setenteros de cuernitos de papel aluminio eran parte de una película que el protagonista del filme está viendo mientras su mujer – la del reloj biológico-bomba de tiempo – se arregla para la fiesta de Año Nuevo.
Recuerdo que por ahí salía Jean-Paul Belmondo. Y un viaje al futuro poco convencional tanto por el medio por el que se llega, como por lo inusual de la visión futurista. El protagonista encuentra una apertura en el techo del lugar donde se lleva a cabo la fiesta de fin de milenio, y al acceder por ella se encuentra con una civilización – unas tres generaciones adelante – que se desarrolla de modo sumamente rústico. Me imagino que eventualmente la película llega a la explicación de cómo es que se llegó a este estado.
Me acuerdo también de que el espacio arenoso en el que se pasea el protagonista está establecido sobre las ruinas de la antigua ciudad, misma de la que él ha salido minutos antes. La visión de la ciudad derruida y sepultada en la arena es memorable.
Quizás porque estamos cerca de las celebraciones de Año Nuevo, o porque los conflictos del personaje principal me tocan en cierto grado (sí me acuerdo de sus dramas, pero no los voy a escribir aquí, ni a ponerme quejumbrosa), me he estado acordando de Peût-etre en estos últimos días. Lamento no haber encontrado la película nunca más. La vi una sola vez, y por eso hablo de ella con tanta imprecisión. Pero lamento aún más – y de eso estoy segura – no haber conseguido el soundtrack. Era brillante. Casi, casi, casi lo estoy oyendo.

lunes, diciembre 19, 2005

Gracioso personaje de mi huerta

Esta noche presento en el blog a un personaje particularmente notable. No lo presento porque estemos en fechas de celebrarle algo, ni por ningún motivo particular. Sólo he querido hacer patente que ella es como la versión depurada de mí misma o, más bien – dado que soy menor –, yo soy su versión maltrecha.
Hoy le hice perder toda su mañana; la traje dando vueltas por las plazas y no la dejé hacer sus compras navideñas. Aún así, me tuvo toda la paciencia que pocos saben tenerme, y me invitó a comer una enorme hamburguesa.

Aquí, la protagonista del post, cumpliendo el sueño de su vida.

miércoles, diciembre 14, 2005

¿Por qué quieres amarme?

El siguiente texto es uno de mis favoritos de entre los escritos por Giovanni
Papini. Pertenece al libro El piloto ciego, que fue el primero que leí. Recuerdo
que era época de lluvias. De eso hace ya tanto y tanto tiempo.
¿Hay verdaderamente alguien que tiembla si acaricia despacio mi frente o si esconde su pequeña mano en mis cabellos? ¿Hay verdaderamente un rostro que enrojece cuando mi voz confiesa una involuntaria ternura? ¿Hay acaso un pecho que suspira y se agita si le acerco o lo estrecho con fuerza contra mi pecho, y unos labios que se vuelven cálidos y blandos si yo los toco con mis labios?
Piensa, ¡piénsalo bien! No me contestes en seguida. No me digas que todo es verdad y que yo no sueño, no tengas piedad de mí. Que nadie tenga piedad de mí. No permito a nadie que me consuele. Mis lágrimas son mías, son de mi propiedad, salen de mi corazón, bajan de mis ojos. ¿Por qué esta pequeña mano me acaricia lentamente para ser bañado por el llanto que es mío?
¿Es posible que alguien quiera arrebatarme una parte de mi dolor? ¿Es posible que alguien me espere con impaciencia, con ansiedad, observándome desde lejos con ojos claros, escuchando con la respiración contenida mis pasos que se aproximan? ¿Es posible que mis palabras más indiferentes sean recordadas: que una mirada mía pueda producir alegría; una sonrisa mía, la promesa de la alegría; un gesto mío la certeza de la alegría?
No me contestes todavía. No me digas que todo eso es posible, y que otras cosas, además, que no conozco son posibles. No podría creerlo, ¡no quiero creerlo! Piensa, pues, ¡piénsalo bien! Se trataría de un hecho tan maravilloso, tan increíble; tal vez nuevo, tal vez único. ¡Piensa pues, por un momento, en lo que significaría si fuese cierto!
Otro ser – un ser distinto de mí, no conocido antes por mí – vive solamente para mí, piensa con mi pensamiento, siente con mis sentimientos, se atormenta con mis súplicas, goza con mis alegrías, acerca su cuerpo a mi cuerpo, penetra en mi alma con su alma y me ofrece todo lo que posee y todo lo que tendrá y todo lo que yo pueda darle.
¿Tú crees que eso puede ser verdad, aunque seapor un momento? Yo recuerdo, sí, haber apoyado mi cabeza en su hombro, haber estrechado juntas sus frágiles manos llenas de venas, haber besado varias veces su boca y haber escuchado durante horas enteras la suavísima música de su aliento; pero todo esto ¿qué demuestra? ¿Era verdaderamente yo mismo, en persona, en aquellos momentos? Y ella, ¿quiso decir verdaderamente lo que yo quise entender en la inconsciencia de la efímera felicidad?
No sonrías, no muevas la cabeza, no contestes ni siquiera sí, te lo ruego. Tú sabes perfectamente que todo eso es una ligera tela de imaginación tejida por las blancas manos del ocio.
¿Por qué debería ser cierta para mí una cosa tan imposible? ¿Qué he hecho yo para tener el derecho de recibir en don una vida? ¿Qué soy sino un pobre poeta vergonzoso que esconde sus torturas, igual que una mujer avara esconde sus collares? ¿Qué soy sino un trágico peregrino, orgulloso de su gran capa, pero que no sabe encontrar su casa y su cama?
¿Acaso he realizado algo grande? ¿He dicho una palabra que los hombres no hayan olvidado? ¿He hecho olvidar a los hombres una sola de sus penas?
¡Si supieras cuánto me desprecio y qué desesperado disgusto tengo por mi alma! Cuando los otros me creen soberbio, orgulloso, satisfecho, yo estoy pensando en cómo hacer menos despreciable mi vida, menos desagradable mi alma. De una sola cosa siento a veces soberbia: del sincero y profundo desprecio que tengo por mí mismo.
¿Qué hay, pues, en mí que pueda hacerme amable? ¿Qué encuentras en mi alma insatisfecha y, sin embargo, vil que pueda darme el derecho de hacer sufrir a tu alma? ¿Qué puede interesarte de mis alegrías olvidadas, de mis sueños siempre derrotados, de mis voluntades impotentes, de los recuerdos que yo mismo temo ver desaparecer?
No es posible, no, que alguien me ame. No quiero que alguien viva para mí. No puedo amar y no quiero ser amado. Dejadme tranquilo. Dejadme solo. No quiero sentir nada, no quiero ver a nadie. No sé qué hacer con vuestras caras sentimentales y vuestras frases punteadas de suspiros. ¿No sabéis lo voluptuosa que es la voluntad voluntaria? ¡Qué dulzura en el alma que ya no quiere esperar!
¿Todavía estás aquí? ¿No te había echado sin mirarte? ¿Por qué me miras como si no quisieras ver otra cosa que mis ojos? ¿Por qué tus cabellos son tan finos y por qué algunos mechones son casi rubios? No abras la boca. No respires demasiado fuerte. Tu mano es dulce, lo sé. Tu mano esfuerte, lo sé. Pero, ¿por qué te aproximas tanto? ¿Por qué tu corazón se estremece de repente? No me mires así, no me aprietes tan fuerte la mano. Bien sabes que yo te amo y que no quiero amarte… ¡Pero, bésame pues! ¿No notas que ya no sé resistir? No me digas que sí. ¡Bésame más! Bésame en los ojos. Ciérralos con tus labios y que yo no vea nada, que no sepa nada, y solamente sienta tu corazón que late – tu corazón apresurado, furioso, frenético –, tu pequeño corazón que late y que late para mí.
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Gionvanni Papini, Obras completas, ed., trad. y notas José Miguel Velloso, t. 1, 2a ed., Aguilar, Madrid, 1959.

Revelación





El metro Jamaica ¡existe!

martes, diciembre 13, 2005

Canción de cuna para ocho perritos

Querrás forjar un imperio por mamar leche de perra;
conocerás que las perras paren ciudades malditas.

Querrás forjar un imperio por mamar leche de perra;
conocerás que las perras paren ciudades malditas.

Querrás forjar un imperio por mamar leche de perra;
conocerás que las perras paren ciudades malditas.

(Continúese el canto hasta que toda la camada esté profundamente dormida. Es probado: los perritos se soñarán hijos de loba, lobitos.)

domingo, diciembre 04, 2005

Un documento...


...resultado de un profundo estudio antropológico realizado a nivel de campo.