martes, enero 31, 2006

Mi blog de porquería

Éste que lees es un blog de porquería, reflejo de la psique de revoltijo de la blogger. Se suceden fotos y comentarios dispersos; nada tiene que ver con nada, más que conmigo. Pushkin, futbol americano, fotos de mi perro, daltonismo, erratas de pueblo, todo entra aquí sin advertencia previa, y como si fuera parte de lo mismo.
Y quien se aventure a inspeccionar mis cajones, mis libreros, mi rigurosamente rayada colección de discos, encontrará igual desorden (quise decir “peor”, pero me dio pena). Mi librero favorito – ese que le robé a mi abuela porque siempre me gustó – almacena los libros que más quiero, o que más trabajo me ha costado obtener, pero en la parte de abajo – horror – guardo mis cremas, ligas para el cabello y, en fin, todos los afeites que nunca uso. En el tapanco de mi recámara guardo toda mi ropa, junto con todas las fotocopias que acumulé en los años pasados, y que sigo acumulando; ahí también guardo un banco de piano. En el hueco que está debajo de las escaleras del tapanco guardo papelería y, en la repisa de abajo – más horror –, mis zapatos. Mi compositor de cabecera es Danny Elfman, pero en estos últimos días no he podido dejar de oír a la Matancera. Peor, el pasado post es una frase de los Beatles. Mi director de cine preferido es Tim Burton, pero mi película favorita es Ravenous.
Uso las paredes a manera de pizarrón de corcho: por todos lados hay post-its con recaditos o teléfonos de personas que luego no me acuerdo quiénes eran; pósters de películas infantiles, o de lugares que no he visitado, pero que me los encontré por ahí; impresiones malhechotas de poemas que no son forzosamente de mis preferidos; soles y lunas de Metepec; portarretratos… en fin, todas las porquerías que me encuentro en el mundo y que no tengo ganas de tirar a la basura. Mi televisión casi nunca se prende, pero es una linda repisa que, por cierto, está toda ornada de calcomanías que brillan en la noche. A veces, a la hora de la comida, cuando no se me antoja nada que hay en el refrigerador, como chocokrispis con leche. Sí, a las tres o cuatro de la tarde. Y para más muestras de mi desorden mental, anuncio que no sé si chocokrispis es una palabra o dos. Y eso que es el único cereal que como.
¿A qué viene todo esto? Ah, pues es que consideré borrar todo el mugrero que contiene este blog. Desaparecerlo, o rehacerlo a partir de una idea única y espectacular. Sobra decir que no se me ha ocurrido ninguna. Pero, tras una revisión minuciosa – y desordenada – del impulso antes expuesto, descubrí que tengo muchas cosas que borrar y organizar en otros lados, lejos, muy lejos de este blog. Mientras tanto, seguiré escribiendo mucha basura. A continuación, la imagen de un tupperware:

4 Comments:

Blogger Mario said...

Excelente post. Yo también tengo un perfecto desorden en mi cuarto. Es perfecto porque se dónde esta cada cosa. Pero yo no me averguenzo del desorden, es más, me gusta.

17:28  
Blogger Fairest Creature said...

En algún momento de mi vida poseí ese talento. Entre todo mi desorden encontraba, en un minuto, justamente lo que estaba buscando. Era como un desorden ciertamente ordenado. Pero ya no. Bueno, frente a mi pila de porquerías digo "lo que estoy buscando debe estar en algún lado en esta pila de porquerías".
Ah, y gracias por la visita. =)

00:02  
Anonymous CHOLE said...

Todo está en la mente. Y es por eso que todo está junto. Ja!

22:30  
Blogger Fairest Creature said...

¡Sope!

12:24  

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