domingo, enero 15, 2006

Steelers 21 – Colts 18. ¡Ah, Vanderjagt!


La historia es como sigue:
Generaciones de ejemplares Solano han sido seguidores de los Acereros desde tiempos inmemoriales. Inmemoriales para mí, claro; ellos sí se acuerdan de dónde salió la afición. Después de muchas temporadas de sentarme a ver el americano sin entender gran cosa, llegó mil novecientos noventa y cinco, un gran año para los Acereros, y el año de mi transformación. Oh, mi reluciente playera negra con su escudito; oh, Neil O’Donnell, tan bueno él; oh, el SuperBowl XXX contra los Vaqueros; oh, Bill Cowher que en aquel entonces era tan lozano.
La cosa es que, una vez llegado el SuperBowl, O’Donnell no atinó a hacer absolutamente nada, nada parecido a lo que se le vio en temporada regular. La historia de esa patiza es harto conocida. Para la temporada de mil novecientos noventa y seis, O’Donnell ya había sido rematado a uno de los peores equipos que la liga tenía en aquel entonces: los Jets de Nueva York.
Yo, pues seguí siendo Steeler. Pero también veía los partidos de los Jets con inconfesable emoción. Y por ahí había otro equipo que era igual de malo, los Potros de Indianápolis. Ambos equipos en esas fechas eran tan paralelamente malos que, cuando se enfrentaban, daban partidazos (parecidos al Bottom Bowl de este año: 49’s contra Texanos).
De ahí, confieso, comenzó mi fanatismo por los Potros. Y es que, en los años que siguieron, tuvieron los peores récords (no sé, marcas como 2-13, y así), pero siempre perdiendo los partidos por menos de diez puntos. Entonces, según yo, gran culpa de estos récords funestos era del factor suerte. Yo, claro, seguía coleccionando parafernalia Steeler.
Y así, con mi fanático corazón dividido, llegó el año dos mil. Ah, y llegó agosto de dos mil. Y la pretemporada de la NFL, y el American Bowl en el Estadio Azteca. Y la época de lluvias. Y yo fui al Azteca vestida de la cabeza a los pies de Acerera, igual que casi todos en el estadio. Y fui la única Steeler que gritaba bravos y vivas a los Potros. Y para todos cuantos me vieron, fui la torpe que no entendía nada del deporte y que, por lo tanto, se emocionaba con los touchdowns del equipo contrario.
En fin que, ni modo, salí del clóset y me declaré Colt.
Y luego se vinieron buenas temporadas para Indianápolis.
Y siempre, llegando a Playoffs, ¡paf!, los sacan. Los Pats o los Steelers, siempre. El año pasado, con todo y el récord de Manning… Y este año, con una marca de 13-2… No, no, yo me niego a aceptar que Denver y Pittsburgh jueguen la final de conferencia.


¡Ah, Vanderjagt!