martes, marzo 14, 2006

Over forthcoming events II

Alone, alone, all all alone
Alone on the wide wide Sea;
And Christ would take no pity on
My soul in agony.
Samuel Taylor Coleridge, The Rime Of The Ancyent Marinere, IV.

For I have learned
To look on nature, not as in the hour
Of thoughtless youth; but hearing oftentimes
The still, sad music of humanity,
Nor harsh nor grating, though of ample power
To chasten and subdue.
William Wordsworth, Tintern Abbey.

domingo, marzo 12, 2006

Over forthcoming events I


"A rather different set of friends."

Ladies and gentlemen, I give you...

Cajón Desastre
Sí, el blog tiene nuevo nombre. El revoltijo, el desastre, la porquería, hicieron inminente el cambio. Y es que venían aquí buscando belleza y justicia, y esas cosas propias de las criaturas shakespeareanas. Y pues no, eso no se lo manejamos aquí.

sábado, marzo 11, 2006

Being for the benefit of Mr. Kite (II)

Ayer en la tarde vi un papalote rojo desde el jardín. Estaba algo lejos, y se notaba que volaba muy alto y muy estable. Mi vida, tan siempre en equilibrio, se vio amenazada por el grave trauma de que YO JAMÁS VOLÉ UN PAPALOTE. Debí volarlo cuando era niña, pero no sucedió. Además de la anécdota antes relatada, recordé que durante años tuvimos guardado un papalote en forma de murciélago, el cual seguramente se pudrió de viejo, y se fue a la basura. Luego me repetí que, a mis 24, ya es demasiado tarde para tales inquietudes. Más tarde vi aquel capítulo de los Simpson en que Homero se come un pez globo y, cuando le avisan que sólo le quedan 24 horas de vida, escribe una lista de cosas por hacer antes de morir. Uno de los propósitos – mismo que termina tachando – es volar un papalote.
Para esta mañana, mi voluble capricho había desaparecido. Pero sucedió que llegó mi mamá con Azul, y con un papalote naranja. Más tarde llegó Nadia. Tras descubrir que compartimos traumita, salimos a volarlo. Azul se entusiasmó los primeros diez minutos, pero luego nos abandonó. Nadia y yo corrimos con lujo de torpeza, obedecimos los caprichos del viento, soltamos hilo cuando el papalote así lo exigió. No hay mayor sorpresa en la anécdota: el papalote no voló.
Pero el mundo quiere que vuele un papalote; tal me ha dicho en estos dos días. Ya se probó la falta de destreza familiar para la confección de estas caprichosas baratijas. Así que, aprovechando que estoy en casa de mis papás, con días libres y grandes campos en la periferia, mañana iré a comprar un papalote. Y va a volar bien bonito, ya verán que sí.

Being for the benefit of Mr. Kite (I)

Siempre que en primaria me dejaban hacer una maqueta, un rompecabezas, un cartel o cualquier cosa que implicara cierta habilidad manual, paciencia y pegamento blanco, mi mamá era la que se quedaba toda la tarde conmigo, hasta que – no sin pelear en un par de ocasiones – la manualidad en cuestión quedara tal como mi madre la había proyectado mentalmente. Debe haber sido por estas fechas, pero hace miles de años, cuando me encargaron llevar un papalote a la escuela. Esos delicados artefactos deben ser lo suficientemente fuertes como para no romperse con las caídas o con los vientos fuertes, pero tampoco pueden llenarse de engrudo o masking tape, porque entonces quedan demasiado pesados, y no vuelan. Confeccionarlo, pues, fue labor delicada. No sólo debía quedar bonito y bien estiradito el papel china naranja y azul. Mi madre y yo tuvimos de poner en perfecta armonía los abatelenguas – seguramente estafados del IMSS por un personaje del que guardaré anonimato, por la gravedad de la falta –, y los pocos puntos de pegamento blanco. Agregamos una linda cola color azul con moñitos (como papalote de caricatura) e hilo.
Llegó el día de volar el papalote en los campos de la escuela. Todos los niños llevaban sus papalotes caseros – colita de moños, papel de china bien estiradito – y su cara de desvelados, igual (de ñoños) que yo. El viento era favorable, hacía sol… todos los elementos necesarios para que un papalote vuele estaban presentes. Pero no, mi papalote no voló. Seguí instrucciones, pedí consejos, accedí a prestarlo a distintos voluntarios. No, mi papalote no voló.
Mi escuela no era grande, de modo que debería recordar al niño del que a continuación hablaré. Pero mi memoria ha bloqueado su cara y su nombre. Él no llevó su papalote. Se le olvidó, o le dio flojera hacerlo, yo qué sé. Pero, estando en el campo, siendo el único niño desocupado y aburrido, se dispuso a hacer un papalote. Le quitó el forro a su libreta; con pritt, le pegó unas raíces de pasto al plástico pegasolo cortado en forma de rombo. Consiguió hilo por ahí.
No hace falta que diga que ese papalote voló maravillosamente. Un par de maestros, incluso, se peleaban por volarlo un ratito. Para entonces, mi propio papalote estaba convertido en un revoltijo naranja y azul, astillas, y una colita de moños.

jueves, marzo 09, 2006

¡¡La religión atea-científica que viene a demistificar (son eternos, vienen de otro planeta, crearon a la humanidad científicamente)!!



*Update:
Se supone que si se seleccionan las imágenes, éstas se expanden permitiendo que usted, buen lector, se entere de todo lo que la Religión Raeliana tiene para ofrecerle. Pero dado que – como aclaré anteriormente – éste es un blog de porquería, tales facilidades no parecen estar disponibles.