sábado, abril 29, 2006

Lea un post bien trivial, que resulta ser el único sincero de todos cuantos aquí se han publicado (le contiene narratario intermitente)


No me voy a casar, ni estoy embarazada. Sólo quiero platicar. No te cuestiono; busco en mis recuerdos, más bien, cuándo posibilité que te hicieras esa idea de mí. Ojalá me fuera a casar; ojalá estuviera embarazada, para que valiera la pena el esfuerzo de contradecirte. Sólo quiero platicar.
Estoy deprimida, pero no estoy triste. Pensaba que depresión y tristeza iban de la mano pero, como muchas de las cosas en las que creo, es falso. Ya casi no me cuesta trabajo engañar con una sonrisa, ni se me va la vida en fingimientos. De hecho estoy feliz. Sin más, estoy feliz. Llovió, tomé fotos, todo eso. Otra vez quise oír No Quarter o Walking into Clarksdale. Otra vez no los encontré. Creo saber dónde están. Escuché, entonces, The song remains the same (el concierto; no el disco, ni la canción). ¡Cómo me gusta! Tanto como antes. En una caja encontré mi Playmobil que se parece a Robert Plant. Está bien bonito.
Esta canción no viene en el concierto porque es – creo – posterior. Pero es tan buena.

TEA FOR ONE (Page/Plant)
How come twenty four hours, baby sometimes seem to slip into days?
Oh twenty-four hours, baby sometimes seem to slip into days
A minute seems like a lifetime, baby when I feel this way
Sittin', lookin' at the clock, time moves so slow
I’ve been watchin for the hands to move
Until I just can’t look no more.
How come twenty four hours, baby sometimes seem to slip into days?
A minute seems like a lifetime, baby when I feel this way.
To sing a song for you, I recall you used to say
Oh baby this one’s for we two, which in the end is you anyway
How come twenty four hours, baby sometimes slip into days?
A minute seems like a lifetime, baby when I feel this way.
There was a time that I stood tall, in the eyes of other men
But by my own choice I left you woman, and now I can’t get back again
How come twenty-four hours, sometimes slip into days?
A minute seems like a lifetime, baby when I feel this way
A minute seems like a lifetime
When I feel this way... I feel this way.


Mi hermana me habló para decirme que estaban pasando Mars Attacks! En A&E Mundo. Hace años que no la veía. Soy una vergüenza de fan, pues no la tengo. Y pensé, pensé… que estaría bien bueno que viniera Tom Jones y salvara el día.

lunes, abril 17, 2006

Meet me in Montauk

viernes, abril 14, 2006

El sueño del pasado perturbador

Sucedióme en mi escondrijo, tras haber cometido imprudencia mayúscula: la de abandonar a Quevedo por cuatro días, en sabiendo que tengo pactada e impostergable cita con doña Lourdes, misma que ha venido aproximándose sin que a ello medie posible remedio desde el día en que hube de abandonar la ciudad, con el reposo como único concepto trabajado con honradez, aquí, en las profundidades del mi pensamiento.
A mediodía salió un sol perturbador e intenso, cuyas consecuencias terribles hube de sufrir, teniendo como herramienta, también, los excesos que son propios de mi especie, y que temprano durante esta jornada presa hicieran de mí. Salíme al jardín, dispuesta a retomar los Sueños y fue que leí en el Discurso entrar sólo a los que son peores que Judas. Reíme en partes, reflexioné en otras, disimulé mi cara de ignorancia en los fragmentos que resultáronme de primera mano incomprensibles. Fue de tal suerte avasalladora la fuerza solar, que hube de acompañar lectura y gestos con cervezas sucesivas. Y viendo que el líquido no me resbalaba con facilidad, fue necesario surtir mi mesa con comidas chatarrientas. Fue de notar que conforme desfilaban las cervezas, fueron toda vez menores las reflexiones y risas, y cuanto más cuantiosos los disimulos de ignorancia y, después aún, más grande la ignorancia honesta.
Es claro que al menos di término al Sueño que tenía pendiente. De esta suerte, ligeramente tambaleante e insolada, fuime a comer, y cometí grave atrocidad, por la que heme de condenar como se colige del doctísimo Quevedo, y fue que en siendo vigilia no paré mientes en rellenarme con la carne de un pollo, del que con seguridad no hase de ver pluma en el Infierno.
Terminada la tal actividad, y sin reparo en lo sacro del presente día, no pude más que dirigirme al lecho, y dormir una larga y reposada siesta. No hubo menester demasiado esfuerzo porque en cerrando los ojos fui presa del sueño, y de las vívidas imágenes que estoy por relatar, aunque someramente.
Halleme entrada en una galería alargada, cuyas imágenes se manifestaron a mis ojos, y debí aceptar que estaba en sitio semejante al Infierno. Eran pinturas y fotografías rellenas de yuxtaposiciones extraviadas, colores chillantes y otras cosas espantosas que cuéstame trabajo tratar de revivir. Fuéronse luego entrando figuras de la más diversa índole, aunque tal parecía que lo hacían en lapsos distanciados el uno del otro. Eran todos ellos personajes de mi infancia, quienes eran idénticos de cómo son en mis recuerdos, y no como deben ser realmente. “No diré quién y quién más a más de mí”, dice Efrén Hernández, “pues es historia vieja y ya no me trae alegría” (procurarás dispensar, lector, lo erróneo de la cita, mas sábete que mi Hernández no está a mano. De corregir la cita, tendrás la mi gratitud para ti entera). Diome grande risa verlos a todos, que no he visto en muchos años, y fue de ver que todos eran una versión hiperbólica de lo que alguna vez conocí. Así, la mujer de la nariz prominente, la tenía de un metro y parecía una rama, y el entrado en carnes parecíase a un animal de borra. Así fuéronse entrando muchos, y deteníanse – no todos – a platicar conmigo de asuntos tan banales como en tiempos, y de los cuales no recuerdo ya nada.
Pero así como en Somewhere in time, un hombre encuéntrase de vuelta en su lecho tras la visión de una moneda, así mi pensamiento hubo de repetir “muertos, muertos, muertos”, para que yo me hallase nuevamente despierta, más espantada de lo que las representaciones del sueño habían menester, y no sin salir de la galería sin haber aprendido algo de mis excesos.
Terrédeslo en cabo por bueno verament.

jueves, abril 13, 2006

Macanudo

¡¿Cómo es que nadie me había avisado de la existencia de Macanudo?!


Being for the benefit of Mr. Kite (III)


Ricardo Siri (Buenos Aires, 1973), mejor conocido como Liniers. Publica sus historietas en el periódico argentino La Nación.

lunes, abril 10, 2006

Samuel Beckett. Cien años

No he querido que pase por alto el centenario del nacimiento de Samuel Beckett, el cual se celebra dentro de tres días. Ya empecé a ponerme al tanto de las celebraciones que por diferentes medios están llevándose a cabo durante este mes. Me llama la atención que casi todos los textos publicados a propósito están estrechamente relacionados con Esperando a Godot. Ésta ha sido siempre considerada como la obra maestra de Beckett, con lo cual concuerdo, aunque no del todo. Personalmente he disfrutado mucho más la lectura de sus novelas y cuentos cortos.
El pasado sábado apareció en confabulario un texto de Braulio Peralta en el que, centrándose en Esperando a Godot, se exploran algunos aspectos interesantes de la representación, y la importancia de transmitir y no interpretar a Beckett en escena. Me enfadó, sin embargo, que en el ensayo se desentraña un punto determinante en la vida del autor, sin el que jamás hubiera escrito lo que escribió, y sin el que su obra se hubiera asfixiado en demostraciones de erudición. Transcribo el fragmento, porque es una pequeña joya de la crítica: “Yo simplemente creo que lo logró por una simple razón: fue de niño que su padre le enseñó a nadar. Pero para que Samuel Beckett aprendiera a hacerlo, el padre lo empujaba a tirarse al frío mar irlandés, desde las rocas de Sandycove. Le decía su padre: ‘Salta, confía en mí’”. El fragmento no cobraría singular importancia, a no ser porque Peralta utiliza tal imagen como título de su texto, “Salta, confía en mí: Godot vendrá” y, con ello, la hace fundamental en la creación de Beckett.
En el último número de Letras Libres, aparece un texto de Nicolás Cabral y Rafael Lemus. Éste tiene como acierto el explorar varias de las obras de Beckett, principalmente las novelas. Lo hace bien, y de hecho toca en puntos muy interesantes, y arroja datos que no es común leer en escritos cuya intención es explorar la obra de Beckett. Pero me desagradó la forma: el texto está escrito a manera de un diálogo entre C y L, personajes análogos a Vladimir y Estragon, sólo que informados y verborreicos. Luego, imaginar a Beckett como a Watt, tirándose un pedo – “¡pedito de anciano, cascado, sin mierda!” – fue más de lo que podía soportar cuando lo leí.
Han aparecido varias publicaciones más, a propósito de los cien años del nacimiento de Beckett. Pero ya, hasta aquí me quedo, porque esto ya se me extendió. Esperemos que vengan más publicaciones en lo que queda de abril.

- Más sobre Beckett
Advertencia: en lo sucesivo, el post pierde la compostura y la coherencia (Prometo solemnidad ahora que conmemoremos el centenario de la muerte de Beckett, por allá de 2089.)

1.
“Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera querer, si pudiera proponérmelo”, Malone muere.

2.
Samuel Beckett no fue siempre una ciruela pasa. He aquí la prueba:

3.
Mi secuencia favorita en la obra de Beckett:
Molloy establece un infalible método para chupar ocho guijarros en intervalos regulares, de suerte que uno no se desgaste más que algún otro.

4.
En el texto de Cabral y Lemus, incluido en el último número de Letras Libres (sí, el mismo), aparecieron dos frases a propósito de Beckett, que me sorprendieron, y me asustaron. ¿Será que estoy leyendo siempre lo mismo?
4.1. “Como Quevedo: todo, presente sucesión de difuntos.”
4.2. “Remata Efrén Hernández, tan próximo a Beckett: ‘Porque es tanta mi impersonalidad, que casi no soy persona ni sujeto, soy más bien una cosa a la que se le ocurren ideas […] Me parece cosa evidente que si un empresario de circo me localizara, me contrataría para exhibirme en compañía de otras rarezas: el mono que toca el violín, el asno que sabe leer, la cosa que piensa’.”

5.
Por último, los invito a ver esta animación. Yo me reí mucho. Juzguen ustedes.

Waiting for Godot
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