lunes, abril 10, 2006

Samuel Beckett. Cien años

No he querido que pase por alto el centenario del nacimiento de Samuel Beckett, el cual se celebra dentro de tres días. Ya empecé a ponerme al tanto de las celebraciones que por diferentes medios están llevándose a cabo durante este mes. Me llama la atención que casi todos los textos publicados a propósito están estrechamente relacionados con Esperando a Godot. Ésta ha sido siempre considerada como la obra maestra de Beckett, con lo cual concuerdo, aunque no del todo. Personalmente he disfrutado mucho más la lectura de sus novelas y cuentos cortos.
El pasado sábado apareció en confabulario un texto de Braulio Peralta en el que, centrándose en Esperando a Godot, se exploran algunos aspectos interesantes de la representación, y la importancia de transmitir y no interpretar a Beckett en escena. Me enfadó, sin embargo, que en el ensayo se desentraña un punto determinante en la vida del autor, sin el que jamás hubiera escrito lo que escribió, y sin el que su obra se hubiera asfixiado en demostraciones de erudición. Transcribo el fragmento, porque es una pequeña joya de la crítica: “Yo simplemente creo que lo logró por una simple razón: fue de niño que su padre le enseñó a nadar. Pero para que Samuel Beckett aprendiera a hacerlo, el padre lo empujaba a tirarse al frío mar irlandés, desde las rocas de Sandycove. Le decía su padre: ‘Salta, confía en mí’”. El fragmento no cobraría singular importancia, a no ser porque Peralta utiliza tal imagen como título de su texto, “Salta, confía en mí: Godot vendrá” y, con ello, la hace fundamental en la creación de Beckett.
En el último número de Letras Libres, aparece un texto de Nicolás Cabral y Rafael Lemus. Éste tiene como acierto el explorar varias de las obras de Beckett, principalmente las novelas. Lo hace bien, y de hecho toca en puntos muy interesantes, y arroja datos que no es común leer en escritos cuya intención es explorar la obra de Beckett. Pero me desagradó la forma: el texto está escrito a manera de un diálogo entre C y L, personajes análogos a Vladimir y Estragon, sólo que informados y verborreicos. Luego, imaginar a Beckett como a Watt, tirándose un pedo – “¡pedito de anciano, cascado, sin mierda!” – fue más de lo que podía soportar cuando lo leí.
Han aparecido varias publicaciones más, a propósito de los cien años del nacimiento de Beckett. Pero ya, hasta aquí me quedo, porque esto ya se me extendió. Esperemos que vengan más publicaciones en lo que queda de abril.

- Más sobre Beckett
Advertencia: en lo sucesivo, el post pierde la compostura y la coherencia (Prometo solemnidad ahora que conmemoremos el centenario de la muerte de Beckett, por allá de 2089.)

1.
“Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera querer, si pudiera proponérmelo”, Malone muere.

2.
Samuel Beckett no fue siempre una ciruela pasa. He aquí la prueba:

3.
Mi secuencia favorita en la obra de Beckett:
Molloy establece un infalible método para chupar ocho guijarros en intervalos regulares, de suerte que uno no se desgaste más que algún otro.

4.
En el texto de Cabral y Lemus, incluido en el último número de Letras Libres (sí, el mismo), aparecieron dos frases a propósito de Beckett, que me sorprendieron, y me asustaron. ¿Será que estoy leyendo siempre lo mismo?
4.1. “Como Quevedo: todo, presente sucesión de difuntos.”
4.2. “Remata Efrén Hernández, tan próximo a Beckett: ‘Porque es tanta mi impersonalidad, que casi no soy persona ni sujeto, soy más bien una cosa a la que se le ocurren ideas […] Me parece cosa evidente que si un empresario de circo me localizara, me contrataría para exhibirme en compañía de otras rarezas: el mono que toca el violín, el asno que sabe leer, la cosa que piensa’.”

5.
Por último, los invito a ver esta animación. Yo me reí mucho. Juzguen ustedes.

Waiting for Godot
Click en la imagen para acceder. Se requiere Flash.

2 Comments:

Blogger Fairest Creature said...

Aclaración: Un lector de esos feos que no comentan en el espacio destinado para tal efecto, acaba de decirme que no es notoria la ironía cuando dije "joya de la crítica". ¡Obviamente es irónico, obviamente! Rousseau tenía razón cuando decía que era imperativa la invención de un signo de puntuación que señalara usos irónicos. ¡¡%@#$"&!!

23:14  
Blogger Aldo Iván Espinosa said...

Ahh, a veces yo también soy una cosa que piensa. ¿Eso me hará parecido a Hernández o a Beckett? No, pero quizá sea yo como los hammsters.

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Hace ya algún tiempo -algunos lectores de este blog lo recordarán-, la titular de este blog y yo, tuvimos un "programa de radio" en una de nuestras clases en la Universidad. El tema que trataba el programa era el teatro del absurdo, con Beckett al centro. Sucedió lo inesperado: recibimos una llamada de un radioescucha, y entró al aire.
No era Beckett.
(Si no chico sustote, ¿verdad, querido lector?).

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Primer Amor, de Beckett, en La Capilla , Madrid 13, Coyoacán (casi esquina con Centenario). Todos los miércoles, a las 20:30 horas.

23:33  

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