jueves, agosto 31, 2006

Hace mucho que no hacía un coraje de esta magnitud

Sendo entripado. Es preciso que hoy le huya al aguacate, porque me puedo morir.
Update (media hora después):
Y ahora me he acordado de un ejercicio que era de los más frecuentemente utilizados por La Sandía. Era de los ejercicios en los que ya se hablaba explícitamente de poder, jerarquía y opresión. Se trataba de tratar de bajar el status de la persona que estaba enfrente, de quien se quería obtener algo. Cada participante debía estar desempeñando su papel obstinadamente: uno siempre tenía que estar pidiendo algo, ensayando para ello muchas estrategias, que iban del chantaje al soborno, pasando por la súplica y el coqueteo, la lamida de suela, el llanto y la imposición, a veces hasta violencia física. El otro debía mantener su status y, por lo mismo, su negativa a conceder el favor. Conceder el favor, conociéndose poderoso, implicaría la pérdida de la posición desempeñada. Ahora que recuerdo, solamente una de las participantes, cuando estuvimos en Casa Vecina, obtuvo finalmente la firma o sello o lo que sea que estaba solicitando. Era muy hábil. Ningún otro participante en otros talleres, incluida La Sandía, pudo obtener nada. Yo, claro, jamás pude, tal vez jamás podré.
Update 21:38 horas:
Procuré alejarme del aguacate, pero mi caldo de pollo tenía unos pedacitos. Ya sabía yo que tendría sus consecuencias. Quizás no muera, pero me pregunto si acaso seré la responsable del efecto mariposa que derivó en la revisión encabezado por encabezado. Me pregunto si tendré vacaciones. Me pregunto si me las pagarán, en caso de que no las tenga.

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No olvide usted escuchar la canción vigente del bló. Pronto la cambiaré.