sábado, septiembre 30, 2006

Sangre y yerbabuena

1. Ponga usted por caso que tenga que tomarse una fuerte decisión personal en la que, si bien está en juego la propia vida, es necesario poner, por sobre todas las cosas, la congruencia respecto a las creencias que uno ha intentado sostener - chuecas o derechas - durante cierto periodo de tiempo.
"Señor, yo no tengo caballos [...] Señor ministro, lo malo es que ayer mismo, en una recepción, a todos los presentes les anduve contando, a todos, que en mi vida he tenido ni pizca de caballos. [...] Señor, con su perdón, lo han engañado, yo no tengo caballos, no los tengo".*
Y de pronto: cadáveres por doquier, sangre, sangre, sangre en el piso, sangre en las paredres, sangre en la ropa, sangre, cadáveres por doquier. De pronto: yo, el verdugo.
(Es tan exagerado y trágico, que es gracioso.)
2. Me gusta llorar con Fernando. Tiene unos kleenex muy bonitos: de triple hoja, blancos, decorados con puntitos azules y con olor a yerbabuena. No lloraría si no fuera para eso.
_________________________________________
* A leer Cerrazón sobre Nicomaco. Ahora.