domingo, diciembre 31, 2006

Porque nunca es tarde: ¡última enseñanza del año!

En los Leones de Detroit hay un jugador que se llama Paris Lenon. Como Paris Hilton y John Lennon, pero sin la otra "n".
Con información de Paola y Pepe.

sábado, diciembre 30, 2006

Una revisión caótica de 2006

Logro del año: Después de 700 fracasadas entrevistas de trabajo, conseguí mi empleo actual.
Fracaso del año: la inversión de una quincena en pintura para la recámara a la que nunca regresé.
Decepción del año: empezando 2006 perdí una amistad que creía importante. Sufrí mucho tiempo, lloré, menté madres. Luego se me pasó el coraje y pensé que no valía la pena tanto drama, pero no logré recuperar la confianza, y perdí la ya para entonces endeble capacidad de hacer amigos.
Frases célebres del año: "¿Tiene Dios vuelve en una Harley?". Otra: "¿Cómo va la tesis?". Otra: "Vendo boleto de Robbie Williams. Primer concierto". Otra: "¿Estás embarazada?, ¿te vas a casar?"
Separación más triste: Último taller de La Sandía en Casa Talavera.
Incursión más sufrida en una disciplina nunca antes explorada: ponencias en la UCSJ y en la UAM-I, con más dulces que agrios resultados.
Mejor evento: ¡Superbowl XL! La reunión del Mundialmente Famoso Marlin Ahumado de Mario.
Evento más pinche: Posada del Reforma.
Evento más sorprendente: Algodón volador. Ser despertada por policías, asomarme por la ventana con mi look Burton, y darme cuenta que me están apuntando con una pistola.
Evento más osado y memorable: asesinato a la luz de la luna en Ciudad Universitaria.
Superpoderes adquiridos y aplicados en el año: Invisibilidad (aplicada en desayunos y reuniones multitudinarias). Programación televisiva (aplicada cuando quería ver México 2000 y Peut-être, y salieron en la televisión esa misma noche y dos noches después, respectivamente). Capacidad de apagar la luz sin tocar el apagador (aplicada en mi ahora ex recámara, cada vez que me enojaba de forma sobrenatural). Capacidad de prender la luz sin tocar el apagador (aplicada en los momentos... menos pertinentes). Capacidad de transformar la ropa blanca en verde (aplicada en el día de San Patricio, para mi infelicidad).
Mejor inversión: Dudo que la hubiera.
Peor inversión: La categoría se la pelean el boleto para el concierto de Robbie Williams, y la desalfombrización, destapizado y repintado de mi ex recámara.
Drama referente a mi salud: mastopatía fibroquística. Mención honorífica a mis defensas, las cuales sólo me fallaron en la gripa de tres días, a unas semanas de entrar a trabajar a este sitio, que tanto me llenaba de angustia y drama en sus inicios.
Pérdidas más dramáticas: mi celular rojo, desaparecido minutos después de estar hablando mal de él con Ivonne. El pollo Carmelo, a quien iba a cuidar, quitar pelusas, acicalar y dejar bonito. Nunca me lo perdonaré.
Adquisiciones más celebradas: mi nuevo celular. La herencia de la cámara digital. Mi DVD Mitsui.
Concierto más promovido: Robbie Williams, primer concierto. ¡Recuperé doscientos de quinientos pesos!
Padre del año: Harry, con 13 cachorros en un primer intento.
Esposo del año: Harry, quien ahora vive en pecado con Dolores.
Muerte del año: Billy Preston. Cuco, el betta que agonizó diez días.
Chelería más frecuentada: El Río de la Plata: cervezas de once pesos y palomitas saladas.
Carencia más sufrida: Partidos de la NFL. Nunca haber volado un papalote.
Mejor película del año: Little Miss Sunshine. El laberinto del Fauno.
Peor película del año: Está entre Babel y Volver. Pero el premio se lo lleva: ¡Volver!
Libro del año: La conjura de los necios.
Lugar para haraganear: Los pastos perpetuos del CNA.
Personaje del año: Rafael Inclán.
Disco del año: Noah's Ark, de CocoRosie. Me lo envió Julie.
Drama del año: Los mil doscientos cuarenta y tres pleitos con mi familia. Nunca fui tan infeliz como cuando estuve sola.
Descubrimiento del año: Liniers.
Peor berrinche hecho por culpa de un pateador de la NFL: Mike Vanderjagt deja a los Potros fuera de los playoffs en enero frente a Pittsburgh. Pittsburgh llega al Superbowl, y lo gana.
Mejor gadget: Cinta de aislar roja. Agenda de Mickey.
Flor más abundante en mi florero: Manzanilla.
Serie televisiva: La segunda temporada de Lost.
Viaje en metro más memorable: Cuando usé la línea amarilla y llegué hasta la estación Politécnico.
Peor apodo: Cicciolina. ¡Me quiero morir!
Jornada de trabajo más larga: la del día de las elecciones presidenciales.
Fenómeno editorial de más impacto: cuando mi blog apareció en La Jornada, con un post de lo más torpe.
Actividad más ociosa, cuya realización implicó más pérdida de tiempo a lo pendejo: revisión de encabezados anteriores, que para ver si eran de acción o de hecho.
Viaje frustrado: Morelia, Capital Mundial del Desencuentro.
Enemigos acérrimos 2006: Doña Crutón. Rafael Lemus.
Medicina favorita: Naxen, de quinientos en quinientos miligramos, hasta la creación de un diamante estomacal.
Look más imitado: Tim Burton.
Mejor post en Cajón Desastre: Quizás alguno de los posts de papalotes.
Peor post en Cajón Desastre: Uno al que ni yo le entendí.

jueves, diciembre 28, 2006

Navidad, Navidad, blanca Navidad

Quería hacer una entrada relatando mis aventuras navideñas, pero ya no. Mejor escuche el soundtrack aquí incluido, y tome en consideración que tuve la mejor de las navidades: bailé, canté, me caí estando absolutamente sobria, di un mensaje a la humanidad, comí mucho, dormí poco, tuve un ataque de simpleza frente a una maquinita de chicles de un peso, platiqué durante horas, se me congelaron los dedos y los perdí, tomé muchas fotos y, gracias a que me regresé al DF el veinticinco de diciembre a las ocho de la mañana, no sufrí del déficit de pan.
Lo que sí haré, es lo que prometí hace un par de posts: una relación abrumadora de obsequios navideños dados y recibidos en estas fechas. Atención:

1. Las temporadas uno y dos de Lost. La uno se la regalé a mi papá; la dos se la regalé a mi mamá, sin sospechar que mi papá le regalaría ambas a mi mamá, y todo sería tristeza, drama y confusión. Bueno, no.
2. En la foto no se aprecia correctamente, pero ése es el The Beatles Love, que le regalé a mi papá. No tuve tiempo de escucharlo ampliamente, pero se oye bien, dado que son los Beatles y los Beatles siempre se oyen bien.
3. Un estuchito de cosméticos que le regalé a mi mamá. Ya le hacía falta uno nuevo, y creo que le gustó, pues además los colores eran muy atinados.
4. Calcetines de deditos que compré para mi hermana, y luego me quedé un par (ésta es una confesión, pero no me siento mal, porque se rumora que mi hermana me compró el Go. The very best of Moby, y luego se lo quedó).
5. Playerita de Heidi, para mi hermana. Es muy hermosa (la playera, no mi hermana); tuve que ir a comprarme una igual.
6. Pijama poco calientita con ñoñísimo estampado de copos de nieve. También se la regalé a mi hermana, cuya pijama ya estaba altamente raída.
7. Libritos de Narnia. También se los regalé a mi hermana, pues escuché que quería leerlos.
8. Bob Esponja de play doh. Se supone que hay que moldear la esponja y luego ponerle los ojos y demás accesorios. Éste se lo di a Azul, a quien no hay año en que no le regale algo de play doh, y así, hasta que me odie.
9. Un par de relojes que me enjaretaron en la chamba por allá de agosto. Los usé para complementar los regalos de mi mamá y de mi hermana.
10. Calcomanías ñoñas para Azul.
11. Pijama de princesa ñoña para Azul.
12. Muchos libros de Mafalda. Se los compré a Azul, y estuve tentada a robar un par. Imagino que me los prestará cuando vaya a su casa.
13. Más play doh de Bob Esponja y Patricio Estrella. También para Azul.
14. Compré este rompecabezas sin saber qué hacer con él. Es que me gustó. Ahora verá usted lo que pasó.
* Bocina intrusa en la fotografía. Sin embargo, su intrusión es pertinente, pues más adelante hablaré de ella y de su hermana gemela, refiriéndome a ambas como "mis bocinas de PoOOOoOddDDEeeEEeeeeRrrrrRR".

1. Azul hizo este grabado en plastilina. No se ve bien, pero tiene forma de árbol, y está decorado con esmero: lo atascó de diamantina, azúcar, lentejuelas y otros materiales brillantes. En una esquina dice "tía". Casi lloro de la emoción.
2. Mi papá me regaló mi propio DVD player, es maravilloso. Es marca Mitsui, multirregión, apto para todos los formatos que compro en el metro. Lo instalé en dos pasos, y ahora puedo ver películas (¡por fin!), acompañadas con mis bocinas de PoOOOoOddDDEeeEEeeeeRrrrrRR.
3. Jersey de Payton Manning que hizo llorar a mi hermana. Vestiré a un oso con él, me vestiré yo con él, lo enmarcaré, iré a buscar a Manning para que me lo autografíe... todo con tal de que mi hermana no llore más por su culpa.
4. Mi hermana me regaló las dos películas de Los piratas del Caribe. Anoche vi la primera en mi nuevo DVD; hoy me toca la segunda. Fui muy feliz. Oh, oh, captain Jack Sparrow.
5. Maletita multifuncional de cosméticos, que te incluye todo lo que es el labial, la sombra, el rubor, el delineador, y muchas cosas que tendré que aprender a usar. Creo que mi madre me vio muy fodonga. Lo amé.
6. Mi mamá me regaló calzones amarillos para el año nuevo, que para la abundancia.
7. Mi hermana me regaló calzones rojos para el año nuevo, que para el amor.
8. Pulserita rosa muy hermosa y ñoña que me regaló mi hermana.
9. Aquí paró el rompecabezas de Mickey... me lo regalé yo.
10. También me regalé un paquete de blocks amarillos, sólo que esta vez yo no los encontré; se los encargué a mis papás, y jamás se los pagué. Soy vil.

Regalo especial, mágico y misterioso de las navidades: Moi me regaló a la mosca Rebeca, a quien no le gusta cualquier strudel de manzana.

Encuentros azarosos

Nunca sé cómo actuar cuando azarosamente me encuentro a alguien en la calle, no importando cuán cercana sea mi relación con la persona a la que he encontrado. Por lo general, cuando se da esta situación, la persona que amablemente me saludó y pidió un rápido resumen de mi pasado inmediato, se queda con mal sabor de boca, y yo con la certeza de que otra vez no supe qué hacer. Es extraño.
1. Una vez me encontré a una ex profesora en una biblioteca, misma que precisamente pertenece a la facultad en la que ella imparte sus clases. La intrusa era yo, pues no soy cliente frecuente de esa lejanísima biblioteca. Pese a que yo sabía que ella daba clases ahí (o algo hacía ahí, pues), nunca la había visto en su hábitat. Yo estaba con la nariz metida en un libro cuando la escuché gritar mi nombre. Voltée y la vi. Fue raro: en un ambiente en la que nunca la había visto, no podía ubicar su cara, pero estaba segura de conocerla. No pasó demasiado tiempo, pero sí el suficiente para que ella no sintiera correspondida su emoción. Me disculpé con una de las más torpes excusas que me he escuchado: "Perdón, estás fuera de contexto". Si alguien me hubiera dicho esto, por supuesto que me hubiera ofendido automáticamente. Se despidió con cortesía y nunca he vuelto a verla.
2. En otra ocasión caminaba sobre la avenida en que se ubica mi ex Universidad. Seguro iba viendo el piso o pisando hojitas. Escuché mi nombre. Cuando subí la vista, encontré a mi mamá y a mi abuela, quienes paseaban por ahí, hecho de extrema rareza, dado que mi abuela no frecuenta el centro y mi madre ni siquiera vive en la ciudad. A pesar de ser de mi entera confianza, el encuentro me asustó, aunque no sé decir por qué. Me puse a temblar y a sudar. Y luego las veía fijamente. Les decía que las veía extrañas, lejanas a su contexto habitual, y luego mi retahíla de "perdón-perdón-perdón-perdón-perdón". Nervios de punta. Se despidieron de mí lo más rápidamente que pudieron.
3. Caminaba a las afueras del metro Cuitláhuac. Aldo, ahogado de emoción (bueno, no), me dijo: "Mira, ahí va el Mastuerzo". Yo, sin ocultar mi repugnancia, contesté: "¿Qué chingados es eso de Mastuerzo? Guácala, ¿qué cosa se llama así?". Y en eso pasó la cosa ésa llamada Mastuerzo que es un tipo calvo y horrible. Se me quedó viendo raro, y huyó. Esta anécdota no va mucho en este post, pero, ¿dónde la pongo si no?
4. El martes estaba yo canté y cante y baile y baile, habiendo perdido absolutamente todo el estilo, cuando aparecieron Mario y su novia. Según me informaron después, fue ella quien me reconoció. Yo la había olvidado. Pronto me recompuse y le dije: "Ah, claro, tú eres la chica de Toluca", aunque seguí sin recordar su nombre. Pero para entonces, yo ya le había dicho a Mario que me había asustado. Creo que me noté nerviosa, y volteaba a ver el piso y el techo, y estaba hecha un manojo de nervios. Pronto menguó su entusiasmo inicial por saludarme, y salieron corriendo. Medio les desée felices fiestas, y ellos esperaron que el azar no me pusiera en su camino nuevamente.
Perdón, soy una persona horrible.

You make me feel so good, so good!

You make me feel so good, so good!
You make me feel so good, so good!

domingo, diciembre 24, 2006

En el 170 aniversario de su escritura, aquí un extenso mensaje de Nochebuena (bueno, no propiamente)

La Nochebuena de 1836
Yo y mi criado
Delirio filosófico
Mariano José de Larra

El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece sin embargo un día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno. El día 23 es siempre en mi calendario víspera de desgracia, y a imitación de aquel jefe de policía ruso que mandaba tener prontas las bombas las vísperas de incendios, así yo desde el 23 me prevengo para el siguiente día de sufrimiento y resignación, y, en dando las doce, ni tomo vaso en mi mano por no romperle, ni apunto carta por no perderla, ni enamoro a mujer porque no me diga que sí, pues en punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree... ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice «no quiero», porque ése a lo menos oye la verdad!
El último día 23 del año 1836 acababa de expirar en la muestra de mi péndola, y consecuente en mis principios supersticiosos, ya estaba yo agachado esperando el aguacero y sin poder conciliar el sueño. Así pasé las horas de la noche, más largas para el triste desvelado que una guerra civil; hasta que por fin la mañana vino con paso de intervención, es decir, lentísimamente, a teñir de púrpura y rosa las cortinas de mi estancia.
El día anterior había sido hermoso, y no sé por qué me daba el corazón que el día 24 había de ser «día de agua». Fue peor todavía: amaneció nevando. Miré el termómetro y marcaba muchos grados bajo cero; como el crédito del Estado.
Resuelto a no moverme porque tuviera que hacerlo todo la suerte este mes, incliné la frente, cargada como el cielo de nubes frías, apoyé los codos en mi mesa y paré tal que cualquiera me hubiera reconocido por escritor público en tiempo de libertad de imprenta, o me hubiera tenido por miliciano nacional citado para un ejercicio. Ora vagaba mi vista sobre la multitud de artículos y folletos que yacen empezados y no acabados ha más de seis meses sobre mi mesa, y de que sólo existen los títulos, como esos nichos preparados en los cementerios que no aguardan más que el cadáver; comparación exacta, porque en cada artículo entierro una esperanza o una ilusión. Ora volvía los ojos a los cristales de mi balcón; veíalos empañados y como llorosos por dentro; los vapores condensados se deslizaban a manera de lágrimas a lo largo del diáfano cristal; así se empaña la vida, pensaba; así el frío exterior del mundo condensa las penas en el interior del hombre, así caen gota a gota las lágrimas sobre el corazón. Los que ven de fuera los cristales los ven tersos y brillantes; los que ven sólo los rostros los ven alegres y serenos...
Haré merced a mis lectores de las más de mis meditaciones; no hay periódicos bastantes en Madrid, acaso no hay lectores bastantes tampoco. ¡Dichoso el que tiene oficina! ¡Dichoso el empleado aun sin sueldo o sin cobrarlo, que es lo mismo! Al menos no está obligado a pensar, puede fumar, puede leer la Gaceta.
–¡Las cuatro! ¡La comida! –me dijo una voz de criado, una voz de entonación servil y sumisa; en el hombre que sirve hasta la voz parece pedir permiso para sonar.
Esta palabra me sacó de mi estupor, e involuntariamente iba a exclamar como don Quijote: «Come, Sancho hijo, come, tú que no eres caballero andante y que naciste para comer»; porque al fin los filósofos, es decir, los desgraciados, podemos no comer, pero ¡los criados de los filósofos! Una idea más luminosa me ocurrió: era día de Navidad. Me acordé de que en sus famosas saturnales los romanos trocaban los papeles y que los esclavos podían decir la verdad a sus amos. Costumbre humilde, digna del cristianismo. Miré a mi criado y dije para mí: «Esta noche me dirás la verdad». Saqué de mi gaveta unas monedas; tenían el busto de los monarcas de España: cualquiera diría que son retratos; sin embargo, eran artículos de periódico. Las miré con orgullo:
–Come y bebe de mis artículos –añadí con desprecio–; sólo en esa forma, sólo por medio de esa estratagema se pueden meter los artículos en el cuerpo de ciertas gentes.
Una risa estúpida se dibujó en la fisonomía de aquel ser que los naturalistas han tenido la bondad de llamar racional sólo porque lo han visto hombre. Mi criado se rió. Era aquella risa el demonio de la gula que reconocía su campo.
Tercié la capa, calé el sombrero y en la calle.
¿Qué es un aniversario? Acaso un error de fecha. Si no se hubiera compartido el año en trescientos sesenta y cinco días, ¿qué sería de nuestro aniversario? Pero al pueblo le han dicho: «Hoy es un aniversario», y el pueblo ha respondido: «Pues si es un aniversario, comamos, y comamos doble». ¿Por qué come hoy más que ayer? O ayer pasó hambre u hoy pasará indigestión. Miserable humanidad, destinada siempre a quedarse más acá o ir más allá.
Hace mil ochocientos treinta y seis años nació el Redentor del mundo; nació el que no reconoce principio y el que no reconoce fin; nació para morir. ¡Sublime misterio!
¿Hay misterio que celebrar? «Pues comamos», dice el hombre; no dice: «Reflexionemos». El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades. El hombre tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu. ¡Argumento terrible en favor del alma!
Para ir desde mi casa al teatro es preciso pasar por la plaza tan indispensablemente como es preciso pasar por el dolor para ir desde la cuna al sepulcro. Montones de comestibles acumulados, risa y algazara, compra y venta, sobras por todas partes y alegría. No pudo menos de ocurrirme la idea de Bilbao: figuróseme ver de pronto que se alzaba por entre las montañas de víveres una frente altísima y extenuada; una mano seca y roída llevaba a una boca cárdena, y negra de morder cartuchos, un manojo de laurel sangriento. Y aquella boca no hablaba. Pero el rostro entero se dirigía a los bulliciosos liberales de Madrid, que traficaban. Era horrible el contraste de la fisonomía escuálida y de los rostros alegres. Era la reconvención y la culpa, aquélla agria y severa, ésta indiferente y descarada.
Todos aquellos víveres han sido aquí traídos de distintas provincias para la colación cristiana de una capital. En una cena de ayuno se come una ciudad a las demás.
¡Las cinco! Hora del teatro: el telón se levanta a la vista de un pueblo palpitante y bullicioso. Dos comedias de circunstancias, o yo estoy loco. Una representación en que los hombres son mujeres y las mujeres hombres. He aquí nuestra época y nuestras costumbres. Los hombres ya no saben sino hablar como las mujeres, en congresos y en corrillos. Y las mujeres son hombres, ellas son las únicas que conquistan. Segunda comedia: un novio que no ve el logro de su esperanza; ese novio es el pueblo español: no se casa con un solo Gobierno con quien no tenga que reñir al día siguiente. Es el matrimonio repetido al infinito.
Pero las orgías llaman a los ciudadanos. Ciérranse las puertas, ábrense las cocinas. Dos horas, tres horas, y yo rondo de calle en calle a merced de mis pensamientos. La luz que ilumina los banquetes viene a herir mis ojos por las rendijas de los balcones; el ruido de los panderos y de la bacanal que estremece los pisos y las vidrieras se abre paso hasta mis sentidos y entra en ellos como cuña a mano, rompiendo y desbaratando.
Las doce van a dar: las campanas que ha dejado la junta de enajenación en el aire, y que en estar en el aire se parecen a todas nuestras cosas, citan a los cristianos al oficio divino. ¿Qué es esto? ¿Va a expirar el 24 y no me ha ocurrido en él más contratiempo que mi mal humor de todos los días? Pero mi criado me espera en mi casa como espera la cuba al catador, llena de vino; mis artículos hechos moneda, mi moneda hecha mosto se ha apoderado del imbécil como imaginé, y el asturiano ya no es hombre; es todo verdad.
Mi criado tiene de mesa lo cuadrado y el estar en talla al alcance de la mano. Por tanto es un mueble cómodo; su color es el que indica la ausencia completa de aquello con que se piensa, es decir, que es bueno; las manos se confundirían con los pies, si no fuera por los zapatos y porque anda casualmente sobre los últimos; a imitación de la mayor parte de los hombres, tiene orejas que están a uno y otro lado de la cabeza como los floreros en una consola, de adorno, o como los balcones figurados, por donde no entra ni sale nada; también tiene dos ojos en la cara; él cree ver con ellos, ¡qué chasco se lleva! A pesar de esta pintura, todavía sería difícil reconocerle entre la multitud, porque al fin no es sino un ejemplar de la grande edición hecha por la Providencia de la humanidad, y que yo comparo de buena gana con las que suelen hacer los autores: algunos ejemplares de regalo finos y bien empastados; el surtido todo igual, ordinario y a la rústica.
Mi criado pertenece al surtido. Pero la Providencia, que se vale para humillar a los soberbios de los instrumentos más humildes, me reservaba en él mi mal rato del día 24. La verdad me esperaba en él y era preciso oírla de sus labios impuros. La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino al través del cieno. Me abrió mi criado, y no tardé en reconocer su estado.
–Aparta, imbécil –exclamé empujando suavemente aquel cuerpo sin alma que en uno de sus columpios se venía sobre mí–. ¡Oiga! Está ebrio. ¡Pobre muchacho! ¡Da lástima!
Me entré de rondón a mi estancia; pero el cuerpo me siguió con un rumor sordo e interrumpido; una vez dentro los dos, su aliento desigual y sus movimientos violentos apagaron la luz; una bocanada de aire colada por la puerta al abrirme cerró la de mi habitación, y quedamos dentro casi a oscuras yo y mi criado, es decir, la verdad y Fígaro, aquélla en figura de hombre beodo arrimada a los pies de mi cama para no vacilar y yo a su cabecera, buscando inútilmente un fósforo que nos iluminase.
Dos ojos brillaban como dos llamas fatídicas en frente de mí; no sé por qué misterio mi criado encontró entonces, y de repente, voz y palabras, y habló y raciocinó; misterios más raros se han visto acreditados; los fabulistas hacen hablar a los animales, ¿por qué no he de hacer yo hablar a mi criado? Oradores conozco yo de quienes hace algún tiempo no hubiera hecho una pintura más favorable que de mi astur y que han roto sin embargo a hablar, y los oye el mundo y los escucha, y nadie se admira.
En fin, yo cuento un hecho; tal me ha pasado; yo no escribo para los que dudan de mi veracidad; el que no quiera creerme puede doblar la hoja, eso se ahorrará tal vez de fastidio; pero una voz salió de mi criado, y entre ella y la mía se estableció el siguiente diálogo:
–Lástima –dijo la voz, repitiendo mi piadosa exclamación–. ¿Y por qué me has de tener lástima, escritor? Yo a ti, ya lo entiendo.
–¿Tú a mí? –pregunté sobrecogido ya por un terror supersticioso; y es que la voz empezaba a decir verdad.
–Escucha: tú vienes triste como de costumbre; yo estoy más alegre que suelo. ¿Por qué ese color pálido, ese rostro deshecho, esas hondas y verdes ojeras que ilumino con mi luz al abrirte todas las noches? ¿Por qué esa distracción constante y esas palabras vagas e interrumpidas de que sorprendo todos los días fragmentos errantes sobre tus labios? ¿Por qué te vuelves y te revuelves en tu mullido lecho como un criminal, acostado con su remordimiento, en tanto que yo ronco sobre mi tosca tarima? ¿Quién debe tener lástima a quién? No pareces criminal; la justicia no te prende al menos; verdad es que la justicia no prende sino a los pequeños criminales, a los que roban con ganzúas o a los que matan con puñal; pero a los que arrebatan el sosiego de una familia seduciendo a la mujer casada o a la hija honesta, a los que roban con los naipes en la mano, a los que matan una existencia con una palabra dicha al oído, con una carta cerrada, a esos ni los llama la sociedad criminales, ni la justicia los prende, porque la víctima no arroja sangre, ni manifiesta herida, sino agoniza lentamente consumida por el veneno de la pasión que su verdugo le ha propinado. ¡Qué de tísicos han muerto asesinados por una infiel, por un ingrato, por un calumniador! Los entierran; dicen que la cura no ha alcanzado y que los médicos no la entendieron. Pero la puñalada hipócrita alcanzó e hirió el corazón. Tú acaso eres de esos criminales y hay un acusador dentro de ti, y ese frac elegante y esa media de seda, y ese chaleco de tisú de oro que yo te he visto son tus armas maldecidas.
–Silencio, hombre borracho.
–No; has de oír al vino una vez que habla. Acaso ese oro que a fuer de elegante has ganado en tu sarao y que vuelcas con indiferencia sobre tu tocador es el precio del honor de una familia. Acaso ese billete que desdoblas es un anónimo embustero que va a separar de ti para siempre la mujer que adorabas; acaso es una prueba de la ingratitud de ella o de su perfidia. Más de uno te he visto morder y despedazar con tus uñas y tus dientes en los momentos en que el buen tono cede el paso a la pasión y a la sociedad.
»Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza. Tú eres literato y escritor, y ¡qué tormentos no te hace pasar tu amor propio, ajado diariamente por la indiferencia de unos, por la envidia de otros, por el rencor de muchos! Preciado de gracioso, harías reír a costa de un amigo, si amigos hubiera, y no quieres tener remordimiento. Hombre de partido, haces la guerra a otro partido; a cada vencimiento es una humillación, o compras la victoria demasiado cara para gozar de ella. Ofendes y no quieres tener enemigos. ¿A mí quién me calumnia? ¿Quién me conoce? Tú me pagas un salario bastante a cubrir mis necesidades; a ti te paga el mundo como paga a los demás que le sirven. Te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo azotarás como te han azotado. Los hombres de mundo os llamáis hombres de honor y de carácter, y a cada suceso nuevo cambiáis de opinión, apostatáis de vuestros principios. Despedazado siempre por la sed de gloria, inconsecuencia rara, despreciarás acaso a aquellos para quienes escribes y reclamas con el incensario en la mano su adulación; adulas a tus lectores para ser de ellos adulado; y eres también despedazado por el temor, y no sabes si mañana irás a coger tus laureles a las Baleares o a un calabozo.
–¡Basta, basta!
–Concluyo; yo en fin no tengo necesidades; tú, a pesar de tus riquezas, acaso tendrás que someterte mañana a un usurero para un capricho innecesario, porque vosotros tragáis oro, o para un banquete de vanidad en que cada bocado es un tósigo. Tú lees día y noche buscando la verdad en los libros hoja por hoja, y sufres de no encontrarla ni escrita. Ente ridículo, bailas sin alegría; tu movimiento turbulento es el movimiento de la llama, que, sin gozar ella, quema. Cuando yo necesito de mujeres echo mano de mi salario y las encuentro, fieles por más de un cuarto de hora; tú echas mano de tu corazón, y vas y lo arrojas a los pies de la primera que pasa, y no quieres que lo pise y lo lastime, y le entregas ese depósito sin conocerla. Confías tu tesoro a cualquiera por su linda cara, y crees porque quieres; y si mañana tu tesoro desaparece, llamas ladrón al depositario, debiendo llamarte imprudente y necio a ti mismo.
–Por piedad, déjame, voz del infierno.
–Concluyo: inventas palabras y haces de ellas sentimientos, ciencias, artes, objetos de existencia. ¡Política, gloria, saber, poder, riqueza, amistad, amor! Y cuando descubres que son palabras, blasfemas y maldices. En tanto el pobre asturiano come, bebe y duerme, y nadie le engaña, y, si no es feliz, no es desgraciado, no es al menos hombre de mundo, ni ambicioso ni elegante, ni literato ni enamorado. Ten lástima ahora del pobre asturiano. Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo. Tenme lástima, literato. Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia...!
Un ronco sonido terminó el diálogo; el cuerpo, cansado del esfuerzo, había caído al suelo; el órgano de la Providencia había callado, y el asturiano roncaba. «¡Ahora te conozco –exclamé– día 24!»
Una lágrima preñada de horror y de desesperación surcaba mi mejilla, ajada ya por el dolor. A la mañana, amo y criado yacían, aquél en el lecho, éste en el suelo. El primero tenía todavía abiertos los ojos y los clavaba con delirio y con delicia en una caja amarilla donde se leía «mañana». ¿Llegará ese «mañana» fatídico? ¿Qué encerraba la caja? En tanto, la noche buena era pasada, y el mundo todo, a mis barbas, cuando hablaba de ella, la seguía llamando noche buena.
El Redactor General, n.º 42, 26 de diciembre de 1836.

viernes, diciembre 22, 2006

Personalidades del mundo, estrellas de cine y televisión, políticos cuyas decisiones cambian el rumbo de la humanidad, escritores de finísima pluma:

¡Dejen de morirse, malditos! Cinco obituarios más, encargados hace unos instantes. ¿Para cuándo? Mañana, si bien me va.

Lo bueno es que ya vienen los ocho días de descanso que nos van a dar a propósito de las fiestas decembrinas. Oh, es verdad, lo olvidé... no nos dieron ni madres. El fin de 2006 me agarrará en un taxi; quizás comiendo tacos congelados, viendo la repetición de programas ingeniosos en televisión abierta.

jueves, diciembre 21, 2006

No he actualizado el blog en varios días

Es que, como santo de pueblo, he estado celebrando mi cumpleaños a lo largo de muchos días. Los festejos comenzaron el jueves catorce, y acabaron el martes diecinueve de diciembre. Ha sido mucho cumpleaños número veinticinco para mí, y ahora estoy más echada a perder que de costumbre, dadas las numerosas muestras de afecto, llamadas, correos electrónicos, mensajes telefónicos, visitas, regalos de todo mundo (mi mundo). Aunque sigo encerrada y ocupada, ¡nadie me ha olvidado!
A continuación, para los fieles lectores de Cajón Desastre, una relación de obsequios recibidos en los pasados días. Atención:

Casi en orden de aparición, tenemos:
1. Pijama de Bob Esponja, que mi abuelita me regaló como quince días antes de mi cumpleaños, que porque "ay, es que como no te va a gustar, mejor te la doy de una vez, para que puedas cambiarla o tirarla a la basura, ay, perdóname, mejor te doy el dinero..." Mi abuelita siempre se está quejando de las cosas que hace. Venía envuelta en una bolsa de vaca; no la quiso envolver, por si yo la odiaba.
2. Hermosa bolsa de mezclilla de engañosa apariencia. Se ve bien chiquita, pero le caben infinidad de cosas, excepto el celular. Tiene muchas bolsitas de almacenaje diverso. Ésta me la regaló Moi, porque durante semanas lo traje viendo bolsas por donde quiera que íbamos. Venía envuelta con singularidad en papel azul eléctrico.
3. Entre apagados muros, el poemario de Efrén Hernández, primera edición, de 1943. Maravillosa rareza que Moi tuvo que buscar y buscar, hasta que la encontró. Gran regalo, que venía envuelto en foami verde con decorados en cinta de aislar roja, que para controlar la humedad. Creo.
4. Otra bolsa de mezclilla, sólo que ésta muy grandota, en apariencia y en capacidad. En la foto no se aprecian sus bordados floridos, ni las bolitas metálicas que le quiero arrancar para metérmelas en la boca. Es que son tan redondas. También me la regaló Moi, para lo que la envolvió en papel china negro con decorados en diurex transparente.
5. El mejor regalo de Moi. Después de noventa envolturas, apareció Amiga a la que amo, antología de poesía amorosa de Rubén Bonifaz Nuño, poeta ampliamente recomendado por Moi durante meses, y ahora tengo dónde leerlo. Venía envuelto en papel blanco, con decorados artesanales en cinta de aislar roja.
6. Charlie and the chocolate factory. Regalo largamente analizado por Ivonne Walls, quien a pesar de conocerme desde hace relativamente poco, parece saber justamente lo que más me gusta. Después de sufrir durante dos semanas preguntándose qué regalarme, me dio una de mis películas favoritas, y me hizo muy feliz. Venía envuelto en una caja de Mixup.
7. Bolsa de mezclilla todopoderosa, con tamaño suficiente para meterme a dormir cuando me quede abandonada a mitad de la calle. Es muy bonita y casual, y puedo usarla para absolutamente todo. Además, tiene una libélula, una flor y una hojita. Me la regaló Aldo Iván. Ya no vuelvo a pedir bolsas de mezclilla a todos los puntos de la rosa de los vientos. La envolvió en papel navideño.
8. Aldo Iván me regaló mi revista oficial de Lost, porque cada vez que él me decía "¿te acuerdas de fulano, mengano, y cuando la escotilla esto y lo otro?", yo siempre lo veía con cara de que lo entendía, pero ya no me acordaba de nada. Entonces, este obsequio es para repasar mi serie favorita en lo que llega la tercera temporada. Esta revista venía envuelta en más papel navideño.
9. Ah, tarjetas de Lost, con muchos sujetos de Lost y cosas de Lost y números de Lost y, en general, muy de Lost. Claramente dice ahí que son intercambiables, pero Aldo Iván y yo ya discutimos, y creemos que esto no puede ser cierto. Es el kit completo y, dado que lo tenemos completo, no tenemos la intención de intercambiar con nadie. Esto venía envuelto en más y más papel navideño.

10. En fotografía por separado, la charola de galletas que me regaló Óliver. Está por separado porque no tenía envoltura aparte de la que aquí se muestra, y porque es el único obsequio intencionalmente masticable, razones suficientes -opino- para ponerla así, y no en conjunto con otros regalos.

Ahora bien: el otro día vino mi madre. Traía consigo un ramo de flores. En secreto me dijo "son para ti, pero no le digas a tu abuela". A mi abuela le dijo "son para ti, pero no le digas a Diana". Con eso, mi mamá mató dos pájaros de un tiro, y todas tuvimos flores y fuimos felices.
Entre otras cosas, mi mamá trajo mis regalos de cumpleaños. Y es que, días antes, me había mandado un mail en el que decía: "tu cumpleaños no pasará desapercibido jamás, eso grábatelo en tu gran cabeza de vaca".
En fin que me trajo los regalos que me mandaban todos los de allá. Atención:

11. Mi agenda maravillosa un-día-por-hoja que específicamente le pedí a mi papá como quince días antes de mi cumpleaños. Él sabe que soy terriblemente arrogante, sangrona y melindrosa. Sólo él sabe escogerme la agenda que sí puedo usar durante un año entero. Además, todos sabemos que la agenda forma parte de la canasta básica. Venía envuelta en una bolsa de regalo de princesas, hecho que me extrañó profundamente.
12. Mi mamá me regaló un hermoso cojín de vaca cilíndrico. Es suavecito en su sección de peluche, y más suave aún en su sección de lykra. Además, goza de un botón que, al apretarlo, hace vibrar todo el cojín, y me hace feliz hasta que me marea. Ya sé qué piensas, sucio lector: muere. Es muy bonito, y venía envuelto en papel américa rosa con moño multicolor, mismo que fue objeto de pleitos un rato después.
13. Bolsa, síii, otra bolsa, sólo que ésta es rosa y tiene conejos, y muchas bolsitas chiquitas por doquier. Y es bonita, con gran capacidad de almacenamiento y una correa que se estira y se estira. Ésta me la mandó mi hermana, quien anunció que ya tenía mi regalo por allá de octubre. Quizás un poco después. Venía en vacuna envoltura verde, junto con una paleta de dulce escandalosamente pequeña.
14. Plumas de colores de punto fino, que huelen extrañamente cuando se escribe con ellas. Son muy bonitas y tienen dibujitos cursis por doquier. Éstas también me las mandó mi hermana, envueltas en el mismo papel vacuno color verde.
15. Mi hermana sabe que tengo compulsión por lavarme las manos, y que siempre que me las lavo, debo usar aromático jaboncito. Y por eso me mandó extraño e innovador jabón de papelito de colores, envuelto en el mismo papel verde de vacas.
16. ¡Cartera de puerquitos! Es muy linda. Y es que mi cartera de Winnie Pooh ya había durado como ocho años, y estaba horrible, y ya daba pena sacarla. Ahora tengo esta linda cartera de puercos blancos y negros. También me la mandó mi hermana, y también envuelta en papel vacuno y verde.

Este post es demasiado largo, y me ha costado mucho trabajo. Mañana embelleceré los links y quitaré los errores que se hayan ido, que seguro son bastantes. Por lo pronto, anuncio que no todo es estirar mi manita y recibir muchas cosas. Mañana: de cómo logré llegar con vida a mi trabajo cargando ocho latas de chocolates y, pronto, una relación igual de larga y fastidiosa de los regalos navideños que daré a mi familia.

jueves, diciembre 14, 2006

Después de algunos días tormentosos, dramáticos y de terrible desgarramiento, he tenido unos cuantos días muy buenos. ¿Seré bipolar?

Esta mañana fue el desayuno-intercambio de regalos que se organiza en esta oficina con solemne espíritu navideño. Se fija un precio y, si el obsequio rebasa esa cantidad, el obsequiado tiene que entregar la diferencia al obsequiante. O al menos así se me dijo que funcionaba, aunque no me tocó ver que ello sucediera.
Yo no supe de primera mano la ubicación del evento. Ayer me habló un compañero para darme la dirección. Me confundió un poco; en el resto, me confundí sola. Sólo había ido a Coyoacán una o dos veces con anterioridad. Los ladinos llegan a esa zona de la Ciudad, y entrecierran los ojos, e inhalan con profundidad su aire tranquilo y provinciano. Odio Coyoacán.
A pesar de mi temor a perderme, llegué una hora más temprano que el siguiente más puntual. Pude leer y escribir un poco, hasta que empecé a preocuparme por haber equivocado el lugar. No, estaba en el lugar correcto. Poco a poco fueron apareciendo mis compañeros por la puerta.
Desayunamos más o menos bien, nuestra jefa-jefa pagó toda nuestra comida, y ya con eso quedó perdonado que me expulsara hacia el otro extremo de la mesa cuando prendí un cigarro.
A mi jefa (que no mi jefa-jefa) le gustó mucho el regalo que le di. Creo que dediqué buen tiempo en pensalo y adquirirlo, luego en pensar y adquirir la envoltura. Por eso fue un buen regalo, y eso me hizo feliz.
Una tocaya me regaló post-its y una agenda. ¿Por qué nadie comprende mi pasión por los post-its? Es rara la persona que no la cuestiona.
Tomé café con mi jefa, un compañero y un par de no-compañeras. No estuvo mal, y me enteré de muchas anécdotas a las que llegué cinco años tarde.
Por la tarde tomé mucho café con mis compañeras. Compramos un sándwich del que no nos acordamos sino hasta la noche, unos minutos antes de partir mi pastel de limón, con canto incómodo de Mañanitas, pláticas forzadas y risas falsas.
Nuestra jefa nos regaló una lata de galletas y una tarjeta personalizada. Fue extraño.
Finalmente, un compañero - aquel que anoche me confundió con la dirección del evento - me regaló una charola de galletas. Galletas en grandes cantidades.
Justo ahora comienzo a atemorizarme: es necesario volver a casa esta noche. Traigo mi bolsa, mi carpeta, y ahora un millón de cosas más, incluyendo un pavo de cuatro kilos y ochocientos gramos.

Fue un buen día, divertido. Aunque he tenido otros días maravillosos últimamente. Ganó el Pachuca, ¿qué no?

domingo, diciembre 10, 2006

Agridulce o semejante (I get up, I get down)

Ya no quiero estar así: a la mitad del camino entre el más eufórico contento y la amargura más profunda. Y es que no puedo estar ni más o menos, o sólo un poco triste, o contenta a medias. Siempre tengo que estar rebotando de alegría y emanando diamantina de colores, o abajo de la más negra nube, y llore y llore, y compadeciéndome y - ¡oh, ah! - cuánto sufrimiento. Esto (y por ello, más difícil remediarlo) no es de hoy, no es de ayer, ni de hace quince años.
Y éstos han sido los peores días, en que salto de contento y de entusiasmo, siempre por boberías. Y tanto más alta es la emoción, cuanto más fuerte es la caída. Detalles medianos me han llevado a la cima de mi ánimo cordial, sólo para que olvidos, disparates y molestias excedidas me tengan dos días consecutivos sin poder dormir. Sueño con francotiradores y comedoras compulsivas y maletas y balas perdidas, y no acabo de empacar ni escapar ni acomedirme. Tengo mucho miedo de perder lo que más quiero, por lo que más he trabajado todo este tiempo. Y tengo hambre y asco, sueño e insomnio, y no quiero dormir sólo para darle cabida otra vez, en mi escenario, a personajes tan grotescos, secuencias tan angustiantes, interminables y repetitivas.
Mi cumpleaños veinticinco está a la vuelta de la esquina. Nunca he sido tan vieja como ahora; nunca volveré a ser tan joven. Ambos hechos me deprimen y me llenan de incredulidad: veinticinco años no me bastan, y sigo sin ser nada, sigo siendo nadie. Y, a la vez, muero de ganas de celebrarme caprichosamente y a mi gusto. Pero a la vez ya no, no quiero.
Y es que siempre hay que negociar, ceder, conceder, alguien tiene que sacrificar, alguien se la va a pasar mal, las susceptibilidades de alguien van a ser heridas: unos quieren bailar, a otros no les gusta la música que me gusta a mí, otros tienen que remover el mundo para estar conmigo, a otros les parezco insoportable cuando oigo lo que quiero oir, unos no pueden convivir con otros, algunos me cuestionan, y tengo que invitar a todo mundo, pero no a todo el mundo, pero sí a todo el mundo, pero...
No hay culpables, acaso yo, porque todos quieren estar conmigo, pero no todos quieren estar conmigo del mismo modo. Y tan me conozco que sé que la más incómoda seré yo cuando sepa que: "¡Ay, ay, ay! Cuánto hacen por mí, y ya me hice de otra deuda, y centuplicada, y no podré pagar nunca y todo me pesa, y cuánto sufrimiento".
Todo es tan absurdamente complicado. Quiero ser un hámster.

El soundtrack más atinado, no está disponible en radioblog, y en youtube hay un video partido en dos, y además bien horrible, en una versión en vivo un poco... triste. Es la desventaja de escoger como soundtrack una canción de veintitrés minutos con dieciséis segundos. Pero aquí está la letra y, en la barra lateral, el soundtrack alternativo, que también es adecuado a la ocasión, y que viene a cuento con tanta contradicción, incongruencia, incoherencia y volubilidad.

Close to the edge (YES)

I. The solid time of change
(Anderson/Howe)
A seasoned witch could call you from the depths of your disgrace,
And rearrange your liver to the solid mental grace,
And achieve it all with music that came quickly from afar,
Then taste the fruit of man recorded losing all against the hour.
And assessing points to nowhere, leading ev'ry single one.
A dewdrop can exalt us like the music of the sun,
And take away the plain in which we move,
And choose the course you're running.

Down at the edge, round by the corner,
Not right away, not right away.
Close to the edge, down by a river,
Not right away, not right away.

Crossed the line around the changes of the summer,
Reaching to call the color of the sky.
Passed around a moment clothed in mornings faster than we see.
Getting over all the time I had to worry,
Leaving all the changes far from far behind.
We relieve the tension only to find out the master's name.

Down at the end, round by the corner.
Close to the edge, just by a river.
Seasons will pass you by.
I get up, I get down.
Now that it's all over and done,
Now that you find, now that you're whole.

II. Total mass retain
(Anderson/Squire)
My eyes convinced, eclipsed with the younger moon attained with love.
It changed as almost strained amidst clear manna from above.
I crucified my hate and held the word within my hand.
There's you, the time, the logic, or the reasons we don't understand.

Sad courage claimed the victims standing still for all to see,
As armoured movers took approach to overlook the sea.
There since the cord, the license, or the reasons we understood will be.

Down at the edge, close by a river.
Close to the edge, round by the corner.
Close to the end, down by the corner.
Down at the edge, round by the river.

Sudden call shouldn't take away the startled memory.
All in all, the journey takes you all the way.
As apart from any reality that you've ever seen and known.
Guessing problems only to deceive the mention,
Passing paths that climb halfway into the void.
As we cross from side to side, we hear the total mass retain.

Down at the edge, round by the corner.
Close to the end, down by a river.
Seasons will pass you by.
I get up, I get down.

III. I get up, I get down
(Anderson/Howe)
In her white lace
You can clearly see the lady sadly looking.
Saying that she'd take the blame
For the crucifixion of her own domain.

I get up, I get down,
I get up, I get down.
Two million people barely satisfy.
Two hundred women watch one woman cry, too late.
The eyes of honesty can achieve.
How many millions do we deceive each day?

[Thru the duty she would coil their said
amusement of her story asking only interest
could be laid upon the children of her domain]

I get up, I get down.
I get up, I get down.

In charge of who is there in charge of me.
Do I look on blindly and say I see the way?
The truth is written all along the page.
How old will I be before I come of age for you?
I get up, I get down.
I get up, I get down.
I get up, I get down.

IV. Seasons of man
(Anderson/Howe)
The time between the notes relates the color to the scenes.
A constant vogue of triumphs dislocate man, so it seems.
And space between the focus shape ascend knowledge of love.
As song and chance develop time, lost social temp'rance rules above.
Ah, ah.

Then according to the man who showed his outstretched arm to space,
He turned around and pointed, revealing all the human race.
I shook my head and smiled a whisper, knowing all about the place.
On the hill we viewed the silence of the valley,
Called to witness cycles only of the past.
And we reach all this with movements in between the said remark.

Close to the edge, down by the river.
Down at the end, round by the corner.
Seasons will pass you by,
Now that it's all over and done,
Called to the seed, right to the sun.
Now that you find, now that you're whole.
Seasons will pass you by,
I get up, I get down.
I get up, I get down.
I get up, I get down.

sábado, diciembre 09, 2006

Fatigada, combatida

Pereat dies in qua natus sum,
et nox in qua dictum est: Conceptus est homo.

Dies ille vertatur in tenebras:
non requirat eum Deus desuper,
et non illustretur lumine.

Obscurent eum tenebræ et umbra mortis;
occupet eum caligo,
et involvatur amaritudine.

Noctem illam tenebrosus turbo possideat;
non computetur in diebus anni,
nec numeretur in mensibus.

Sit nox illa solitaria,
nec laude digna.

Maledicant ei qui maledicunt diei,
qui parati sunt suscitare Leviathan.

Obtenebrentur stellæ caligine ejus;
expectet lucem, et non videat,
nec ortum surgentis auroræ.

Quia non conclusit ostia ventris qui portavit me,
nec abstulit mala ab oculis meis.

Perra

lunes, diciembre 04, 2006

Odio, aborrezco, me hace infeliz, me irrita tanto, me enfada, saca lo peor de mí

(Post fusilado vilmente de
wwwpuntoivonnewallspuntoblogspotpuntocom,
bajo advertencia previa.)

1. Que la gente se sienta con derecho de organizar mi presupuesto.
2. Que toquen el timbre desenfrenadamente.
3. Ser siempre la del comentario fuera de lugar.
4. La indiferencia.
5. La "e" de pico.
6. Que hablen mal de mí a mis espaldas.
7. Los productos de tepezcohuite.
8. La gente que escupe.
9. La sopa de coditos.
10. Los chistes trillados; odio al que sale con aquello de "aquí traigo mi ridículum" o "al hijo de la amiga de mi mamá le pusieron Anivdelarev".
11. Que a la llovizna llamen "chipi-chipi".
12. La abusiva utilización de la letra "k" en mensajería instantánea y semejantes.
13. La gente tan preocupada por su aspecto físico, que comienza a preocuparse por el mío, dando lugar a comentarios como "¿Por qué no usas tacones?", "¡Qué bueno que ahora sí trajiste bolsa!" o "¿Y ese barro?"
14. Confusiones del tipo "haber" y "a ver".
15. Inmundos jitomates, inmundos ejotes.
16. Los dulces que tienen una pasa adentro.
17. Las películas de Almodóvar. Sí, todas las que he visto. Y también las del sujeto ése González Iñárritu.
18. Que me olviden.
19. Que no me tomen en serio.
20. Ser tan desordenada, física y psicológicamente.
21. Las palomas de luz.
22. No saber dibujar.
23. Ser poco perseverante.
24. Ser vieja, primera acepción.
25. Ser vieja, decimo segunda acepción (sen la RAE).
26. Que la gente tosa o estornude cerca o lejos de mí, en mi presencia o ausencia y, en general, siempre.
27. Maribel Guardia.
28. Mi vecina La Señorita.
29. Que no me toque asiento en el camión.
30. El calor. Maldito calor, maldito, maldito.
31. Las dietas.
32. La gordura (la mía).
33. No poder ver los partidos de los Colts.
34. No poder gritar groserías donde se me da la gana.
35. A Kate y a Jack. Ay, lo saben todo, son tan listos, tan ágiles y tan guapos: los odio.

Continuará... eventualmente.
Con información de Aldo Iván,
quien sabe que odio casi todo.

domingo, diciembre 03, 2006

Entripado dominical

Hoy le dije a Luisito (no confundir con Luis ni con el otro Luisito) que le tenía una gran noticia. Me contestó: "Estás embarazada". Cuando vio mi gesto, se corrigió: "Ah, te vas a casar". Me enojé mucho, y me recuerda un episodio anterior del blog: un post para el que hice un bonito collage, que incluía a mi playmobil Robert Plantita. Y ya, la noticia que quería darle fue lo de menos.

Experiencia altamente ilustrativa para que no se me olvide mi lugar en el organigrama (II)

Reportera con gran ortografía: A ver, escribe: Sáaaanchez, con acento en la "a". Sán-chez, ¿ya lo tienes? Sánchez. Con "s" la primera, y "z" la segunda: Sán-chez, ¿ya lo tienes? Sánchez.
Trabajadora carente de experiencia (altamente confundida): ¿Cómo? ¿Zanchës? ¿Z-a-n-c-h-ë-s? ¿Con acento en la qué?

sábado, diciembre 02, 2006

Experiencia altamente ilustrativa para que no se me olvide mi lugar en el organigrama (I)

Dramatis personae:
Entrevistador altamente informado
Trabajadora carente de experiencia, capturando la entrevista altamente informativa de Entrevistador altamente informado

Acto I:
Trabajadora carente de experiencia (da vuelta al lado B. Escucha con atención. Gesto de sorpresa: no se escucha nada. Toma el teléfono multifuncional. Marca la extensión de Entrevistador altamente informado): Señor, señor, habla Trabajadora carente de experiencia. Pues aquí con la noticia de que no se oye el lado B, y no puedo seguir capturando la entrevista altamente informativa.
Entrevistador altamente informado (resoplando): ¿Cómo que no se oye? A ver, ¿estás segura? A ver, óyele bien, porque es posible que no hayas puesto atención y que la cinta se oiga perfectamente y que tú no la hayas oído.
Trabajadora carente de experiencia (tras un largo silencio): Ya, señor, ya oí con atención, y sigue sin oírse el lado B.
Entrevistador altamente informado (resoplando): Aun y cuando no creo en esa posibilidad, mandaré a que mis subordinados graben nuevamente la cinta, a la cual podrás acceder hasta dentro de una hora. Pero me urge, me urge, ay, cómo me urge. Por favor, en cuanto tengas la nueva cinta, asegúrate de no capturar nuevamente el lado A. Si escuchas cosas que no hayas escuchado con anterioridad, significa que estás en el lado correcto; si escuchas cosas que ya habías escuchado, es que estás capturando el mismo lado A que ya habías capturado.
Trabajadora carente de experiencia (altamente confundida): Creo entender lo que me está diciendo, señor. Me aseguraré de poner mucha atención, para que la información sea distinta.

Acto II
Trabajadora carente de experiencia (cinta recientemente regrabada y readquirida en mano): Ah, pero ya verá cómo logro capturar todo el lado B. (Presiona play, soniditos extraños, cuiiiiiii, tikitiki, cuiiiiii, sale volando cinta por doquier. Toma el teléfono) Señor, señor, acaba de salir volando la cinta por doquier.

Uiiii, ¡por fin tengo tiempo para ponerle algo al blog!

No más trabajos de ésos encubiertos y riesgosos, no más cintas interminables del entrevistador más dramático e informado del mundo, no más muertos famosos, no más nada, excepto por el trabajo habitual.
Ya puedo rellenar el blog con tonterías. Pero ahora no sé sobre qué postear. Un momento, voy a reflexionar.