miércoles, septiembre 26, 2007

Tarantata

Ayer fue uno de esos días larguísimos, buenísimos y llenos de actividades diversas. La misma emoción que me despertó muy temprano por la mañana no me dejó dormir toda la noche, y pasé muchas horas en vela escuchando tarantella. Hoy me siento liberada de muchas situaciones que estaban haciéndome un daño terrible; ha salido de mi cuerpo todo el veneno de la tarántula: estoy curada. A estas horas, en este siglo, Nora ha logrado atravesar el umbral, no cabe duda. Y yo muero por saber lo hay detrás de la puerta, muero por descubrir el universo.

Más sobre tarantellas y tarantatas aquí.

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Tengo ganas de coleccionar días maravillosos

...empezando por éste, y los que le precedieron (y los que vienen, con toda seguridad).

A oír a Lou, porque rifa, aunque no venga al caso:


domingo, septiembre 23, 2007

Post conceptual incomprensible

Regresando, uno de esos impulsos me hizo comprar un paquete de puré de papa instantáneo y una lata de atún. A falta de atún, dedicaré mis días de soledad a hacerle preguntas al marciano. No sirvo para paleógrafa, y esperaré una lectura asistida. Me asaltó la certeza de que Liniers había dibujado esto, y no podía dormirme sin encontrarlo antes.

El soundtrack de hoy, a continuación. Escúchese con unos audífonos gigantes cuya apariencia se argentinice:

I drove all night
(Roy Orbison)

I had to escape, the city was sticky and cruel
Maybe I should have called you first
But I was dying to get to you
I was dreaming while I drove
The long straight road ahead
Uh-huh, yeah

Could taste your sweet kisses, your arms open wide
This fever for you was just burning me up inside

I drove all night to get to you
Is that all right?
I drove all night, crept in your room
Woke you from your sleep to make love to you
Is that all right?
I drove all night

What in this world keeps us from falling apart?
No matter where I goI hear the beating of our one heart
I think about you when the night is cold and dark
Uh-huh, yeah

No one can move me the way that you do
Nothing erases this feeling between me and you

I drove all night to get to you
Is that all right?
I drove all night, crept in your room
Woke you from your sleep to make love to you
Is that all right?
I drove all night

Could taste your sweet kisses, your arms open wide
This fever for you was just burning me up inside

I drove all night to get to you
Is that all right?
I drove all night, crept in your room
Is that all right?
I drove all night

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jueves, septiembre 20, 2007

El diario del destino

¿Alguien se acuerda de esa serie de porquería? Yo la habré visto una o dos veces en mi vida, pero recuerdo que hablaba de este hombrecillo común que, por azares extraños, recibía todos los días, a la puerta de su casa, el diario del día siguiente, y no el del corriente. El fulano, entonces, tenía la oportunidad de intervenir sobre el destino infausto de los protagonistas del diario de mañana. Les salvaba la vida, y sucedían otras cosas bonitas por el estilo. Me imagino que, a veces, y para variarle el formato al programa, el personaje fracasaba rotundamente, pero no puedo afirmar que esto, en efecto, haya sucedido alguna vez.
Yo trabajo en un periódico: sobre mi escritorio están siempre los retazos de las noticias de mañana, puras revelaciones. Por alguna razón que desconozco, todo lo que ahí leo ya viene en pasado, y nunca puedo hacer una sola variación sobre mi destino ni sobre el de otros. Es una pena.
La jornada de este diecinueve de septiembre se acabó, y todo el día viví, en el trabajo, poniéndoles sendas palomitas en tinta roja a las páginas con fecha correcta: veinte de septiembre de dos mil siete. Y ahora todo cobra sentido, hasta las series más olvidables de las cadenas gringas de televisión.
Veinte de septiembre de dos mil siete suena a destino, suena a que puedo cambiarlo todo, para bien o para mal.

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domingo, septiembre 16, 2007

Haciendo corte semanal, los sucesos que tuvieron lugar desde mi casa, hacia mi casa y cerca de mi casa

1. Breve diálogo intelectual de la semana:
-Oye, nos conviene juntarnos con el Patiño: él nomás toma cosas finas, puro whisky Scotiabank.
-Pero si estarás pendeja, se llama Scotch Brite.
(Uhm, nunca brillaremos en sociedad, aunque nuestro buen gusto nos distinga.)

2. El encuentro con la Justicia de la semana:
Voy caminando de Lerdo a 22 de Febrero, y un alto oficial de la Seguridad Pública local, portador de poderosa arma, se ve a lo lejos. Mientras voy caminando, observo la escena. El oficial le da los últimos tragos a su coca de seiscientos mililítros en formato de plástico PET. Mientras esto pasa, una pick-up blanca se mete en sentido contrario a Lerdo, desde 22 de Febrero, y rompe la banda amarilla que señala que la calle está cerrada, porque Azcapotzalco está de fiesta y es menester obstruir el tránsito, en sentido regular y también en sentido contrario. El oficial, molesto, se encuentra frente a frente con la oportunidad de hacer justicia, por lo que arroja, haciendo gala de indignación, su botella de plástico PET contra la pick-up. La pick-up, viéndose descubierta, acelera. El oficial se le queda viendo alternativamente a la botella que quedó en el piso y a la camioneta que va haciéndose cada vez más pequeña sobre Lerdo. Luego voltea hacia mí, que lo estoy viendo muy sorprendida. Me dice: "La botella ya estaba ahí, señorita, nomás la usé para llamar la atención de la camioneta. Ya ve: se metió en sentido contrario. Pero ni me hizo caso, por eso no la voy a levantar". ¿Será el mismo policía que me apuntó con su pistola hace como un año?

3. La breve caminata de la semana, en baja calidad:

video

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miércoles, septiembre 12, 2007

Este blog y esta blogger se declaran en estado de emergencia

Es oficial: se acabó el six-pack de yogurt de fresa con trozos de auténtica fruta. Ya escarbé el refrigerador: nada. Y como ayer me fui a hacer muchas compras urgentes, me he quedado con sesenta centavos para terminar la quincena. De aquí al viernes será una larga temporada (si es que el viernes toca pago, pero el drama de los sesenta centavos podría extenderse hasta el lunes), y padeceré la sequía de yogurt de fresa con trozos de auténtica fruta. Sufro los embates de la adicción a los productos lácteos, y estoy hecha un manojo de ansiedades.
Por otra parte, es menester confesar que he estado terriblemente distraída, por lo que lo primero que empieza a pudrirse siempre es el blog. Desde la memorable noche ahora oficialmente llamada -para siempre jamás- Noche de la Grabadora Gris, mi capacidad craneoencefálica se ha visto tan reducida como mi voz, que aún no está del todo de regreso, al igual que mis siempre pobres habilidades psicomotrices. En resumen, soy una calamidad, y mi reloj biológico está más torcido que nunca. Me imagino que alguna noche de esta semana deberé irme a dormir antes de las cinco de la mañana, pero nadie puede predecirlo.
Se me están juntando las actividades que vienen etiquetadas como urgentes: la lectura y la corrección de un cuento que con muchos trabajos logré imprimir ayer en las impresoras mutantes del trabajo; el envío de mis curricula vitorum a distintos puntos de la ciudad, en los que los poderes que he adquirido sirvan para algo y sean lo suficientemente lucrativos como para llegar al fin de la quincena con una fortuna mayor a los sesenta centavos; la redacción de obituarios de las grandes personalidades de las esferas política, deportiva, cultural y de espectáculos, que siguen cayendo como moscas; también tengo pendientes un taladro, un estado de cuenta, un corte de pelo y una alberca; por si fuera poco, ayer me avisaron de la aparición del séptimo tomo de Death note... y yo con sesenta centavos en la bolsa.
¿Cree usted, lector, que me estoy quejando? No, en absoluto. Podría empezar a deprimirme por convertir Acapulco en la sucursal tropical de la Capital Mundial del Desencuentro, pero no tiene caso. Tarde que temprano, 2007 me brindará unas vacaciones, y las haré rendir en kilómetros de caminata, aunque todavía no puedo ni planear qué sudecerá cuando suceda (le he encontrado un gusto increíble a las perífrasis con repetición de verbos). Entonces no, no me estoy quejando. Por el contrario, estoy contenta -feliz ya sería decir mucho- con el curso que han tomado los últimos días: tengo una montañita que he estado haciendo de esperanzas y coincidencias. Y tengo un ramo de manzanilla, un atún con independencia mental, un altar a un dios pagano que Pessoa aplaudiría, unos perros Felipes, unos gatos pegados al techo, un pedazo de queso dambo que me ayudará a sobrevivir a la crisis de lácteos, una marca con plumón indeleble en el calendario.

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martes, septiembre 11, 2007

¡Saludos, Ameyalco!

Porque este blog se lee en Ameyalco.

A ver si recibo mensajes del mundo exterior.

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viernes, septiembre 07, 2007

Estoy muy cansada

de las cinturas de las mujeres.

Merezco un largo fin de semana.

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miércoles, septiembre 05, 2007

Beware!

Mañana empieza la temporada regular de la NFL. Se vienen buenos partidos, sobre todo los enfrentamientos entre equipos de la AFC. Estén prevenidos, pues la temporada abre con los campeones, que amenazan con repetir, y llevarse el Lombardi del XLII: tienen la mejor ofensiva, un poco mermada por las deserciones, pero la mejor. La defensiva promete comportarse como en los playoffs de la temporada 2006, y no como en la campaña regular. A ver si se van convenciendo.

Believe in blue.

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Quién sabe por qué diablos se metió una cucaracha a la cocina (acto sin palabras)

Una aclaración previa: la cocina está limpia, la basura se saca todos los días, los trastes se lavan después de usarse, la comida no se deja regada y siempre se pasa el trapo. ¿Estamos?

Quién sabe por qué diablos se metió una cucaracha a la cocina
(acto sin palabras)
Dramatis personae:
Una cucaracha, no es de dimensiones morelenses, sino pequeña, café y brillante. Llamémosla Cucaracha.
Una oficinista gris, quizás de dimensiones morelenses, pequeña, medio amarilla y opaca. Llamémosla Oficinista Gris.
Una abuelita, in absentia. Se sabe que el personaje duerme en una habitación cercana. Llamémosla Abuelita.
Una hojuela de germen de trigo. Llamémosla Hojuela de Germen de Trigo.
Una Servilleta.
Una Estufa.

La escena:
Una de la mañana, comienza el cinco de septiembre del año dos mil siete de nuestro señor. Una punzada de hambre hermana a Cucaracha y a Oficinista Gris, quienes aún no se conocen, pero a quienes el destino unirá en breve. Ambas corren, sin saber una de otra, en la misma dirección: una modesta cocina que no pertenece a ninguna de ellas, y que está ubicada en una casa demasiado grande para una cucaracha, una oficinista y una abuelita que duerme, en la pintoresca colonia central de la pintoresca delegación Azcapotzalco.
Se prende la luz de la cocina, que hasta entonces ha estado a oscuras. Los personajes se acercan al centro de la acción culinaria: Estufa. Husmean. Cucaracha, lista, café y brillante como es, encuentra a Hojuela de Germen de Trigo. Oficinista Gris, por su parte, encuentra a Cucaracha. Ambas gritan, pero los gritos de Cucaracha son bajos y delicados, mientras que los de Oficinista Gris amenazan el sueño de Abuelita, quien gimotea a lo lejos. Cucaracha se resiste a dejar a Hojuela de Germen de Trigo. Oficinista Gris divide su atención: por un lado, se estira para alcanzar a Servilleta; por otro, fija su mirada en Cucaracha, temiendo su huida. Con Servilleta en mano, Oficinista Gris se lanza contra Cucaracha. Atina al punto donde Cucaracha... estaba. Más veloz que Oficinista Gris, Cucaracha huye hacia las tripas de Estufa, quien no parece tener ninguna reacción adversa tras la intromisión de Cucaracha. Cucaracha se duerme casi de inmediato. Oficinista Gris olvida hambre, sueño, dignidad. Busca a Cucaracha por horas, con Servilleta en mano, quien se queja de ser tan fácilmente manipulable. Gritos, chantajes, súplicas: no la encuentra nunca.
Telón.


Epílogo del autor:
Aunque nadie quiera creerlo, lo arriba escrito comenzó como un post bien clavel. Hablaba sobre mi mucha generosidad para quienes me corresponden con migajas como hojuelas de germen de trigo. Confesaba mi poca generosidad hacia quienes me dan todo sin dudarlo, hacia quienes corren a verme en cuanto me siento triste. Y luego, chin, que me encuentro a la cucaracha, y todo terminó en tonterías. ¿Por qué siempre me pasa eso?

Por cierto, el germen de trigo lo compré yo.

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