miércoles, octubre 24, 2007

No quiero fallarme (a mí)

No quiero fallarte (a ti)
No quiero fallarle (a él, a ella, a eso)
No quiero fallarnos (a nosotros)
No quiero fallarles (a ustedes)
No quiero fallarles (a ellos)

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domingo, octubre 21, 2007

Sobre la semana más agitada, buena y mala de mi vida reciente

Tuve el blog en completo abandono. Perdón. Tampoco escribí la agenda, con lo que perdí para siempre las crónicas de jornadas que no debería olvidar... a ver qué puedo rescatar entre mis olvidos.
Durante una semana estuve en dos empleos: el regular y el nuevo. Mi día comenzaba a las 07:00 y terminaba a las 00:30, cuando más temprano; salí, a veces, mucho más tarde. Estuve cansada, y sufrí insomnio. Los reproches de la pinche vieja hicieron que mis últimos días en el periódico fueran muy, pero muy pesados. Sobre todo el último, el jueves, cuando decidió sentarse en mi lugar y enloquecer y tirar cosas y mentar madres y hacer comentarios fuera de lugar. Debido a eso, ni siquiera pude despedirme de varias personas a quienes consideré importantes durante mi estancia ahí.
Mi nueva jefa, en cambio, es la pura onda. También me caen bien todos los compañeros a quienes voy conociendo. La zona del edificio donde trabajo me recuerda a Kafka, y me hace reír un tanto. Si inclino la cabeza hacia la derecha, esquivando con la mirada el monitor, puedo ver un fragmento de la ventana. Me recuerdo a Tachas. Estoy en un teórico octavo piso; en un práctico décimo segundo. Tomo un poco de café y casi no me da tiempo de fumar. Escucho a mis compañeros cantar los cóvers en náhuatl de los éxitos de Roberto Carlos. Será una experiencia enriquecedora, o eso espero. Y, si no lo es, de cualquier manera me alegraré sabiendo que tengo la suficiente fuerza para dejar lo seguro por lo dudoso. Y arriesgar. Porque es tiempo de arriesgar, y ando con ánimo de arriesgarlo todo.
Ayer fue la fiesta de mi mejor amiga, y no podía faltar. No sólo estuve ahí, como por obligación moral debía, sino que fui con la mejor de las compañías. El Mancera es, básicamente, una mugre, pero me alegró ver a la gente de los trabajos nuevo y viejo reunidos en el mismo lugar; me gustaron muchos de los comentarios que recibí, y que me refuerzan en la idea de que no estoy haciendo las cosas del todo mal; me alivió que, en el encuentro de los clones, el mundo no colisionara; fui feliz de acompañar a Rocío, aunque no hubo chance de estar juntas durante mucho tiempo; me dio risa que el barténder me chuleara mis lentes burtonescos; me enfureció saber que en el departamento de corrección al que hasta hace unos días pertenecía ya hay prestaciones y aumentos; amé escapar de la fiesta para comprar y comer galletas de avena, para caminar, para platicar largamente, para planear, para proyectar y, claro, para arriesgar.

Pronto: si me mandan las dos, tres, cuatro o cinco mejores fotos de los XV de la Chío, las pondré en este espacio. Espérelas, que ya las estoy esperando yo.

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miércoles, octubre 17, 2007

El post que ocupaba este espacio desapareció

Ni un coraje más por esa inmensa frustración.

domingo, octubre 14, 2007

Estado de ánimo: sin título, pero en sentido contrario

Veinte minutos después de escribir la entrada anterior, me retracté de todo: de pronto, como de milagro, todo salió bien -o anunció que saldría bien-, y tuve una fiebre optimista que aún ahora padezco (creo que padecer no es el verbo más preciso, pero es que estoy tan acostumbrada a estar quejándome todo el tiempo). Recibí dos ofertas de trabajo en un día: la primera sucedió de manera casi simultánea a una entrevista de trabajo vía Skype, en otro punto del mundo; la segunda estuvo acompañada de una grandísima prueba de amistad de esas cada vez más escasas y de un préstamo que no podré pagar nunca, por la generosidad con que fue hecho. Por lo demás, seamos sensatos, la cifra sí que la pagaré, de un modo u otro, y a la brevedad.
Mi horóscopo de ese día me dijo que por fin había recuperado mi poder de hacerlo todo a la velocidad de la luz. Por eso me fui de fin de semana a la luna, volando, la niña pájaro.

La próxima semana, así lo planeo, será un infierno sin tiempos libres, con jornadas mínimas de 9:00 a 23:30, aunque las salidas podrían extenderse en algunas ocasiones. Debo conseguir unos documentos perdidos, tramitar unos que nunca he tramitado e imprimir otro que con toda seguridad me será enviado pronto (¿verdad que sí?). También debo convencer al Tortugo de que me ayude a redactar mis obituarios pendientes. Quiero cortarme el pelo para verme un poco más señora, y así merecer el puesto para el que me apunto... o quizás sólo opte por un chongo.
Si todo sale bien, todo cambiará.

Me siento diez años más joven, como si me hubiera untado la crema de Asaselo.

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jueves, octubre 11, 2007

Estado de ánimo: sin título

Últimamente siento que a mi capacidad de pensamiento le falta algo; quizás debo dormir más, comer más y distraerme menos. Tengo varias lecturas pendientes, y también debo ponerme a escribir varios correos electrónicos que adeudo. Estoy esperando una llamada de mi mejor amiga y, ojalá, futura jefa, ama y señora... espero no decepcionarla, que no nos decepcionemos.
Me encuentro pesimista y triste: odio la lejanía, la falta de dinero, mi falta de independencia mental, mi poca creatividad; odio que el tiempo, cuando tiene que librar grandes distancias, se alargue tanto: tengo días de cuatrocientos kilómetros. Las palabras "a finales de octubre" me suenan increíbles, rarísimas, lejanas, imposibles. Hay días, como hoy, en que despierto muy triste, tras haber perdido todas las batallas durante el sueño.
Pero siempre hay algo bueno, o relativamente bueno, o medio bueno, o más bien normal, quizás hasta medio pinche: acabo de darle las seis libretitas que hice en estos días a mi distribuidora de confianza. Seguramente se venderán todas hoy mismo y, a cambio de un montón de trabajo, tendré una poca de lana para la alcancía.
A continuación muestro, oh lector, las libretas sobre las que estaba trabajando y por las cuales abandoné a Vuesarced durante algunos días en este espacio.
Sepa usted que la aparición de la foto
en esta entrada es producto de la coacción...
lo mismo pasó con el (sin) título.

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lunes, octubre 08, 2007

Overkill

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miércoles, octubre 03, 2007

Porque usted lo pidió: mi septiembre en fotos

Gracias por postear mi post perdido,
Coso Azul

Pues bien, el relato de septiembre comienza a finales de agosto. La foto que a continuación se muestra es una recopilación de objetos adquiridos en tal mes, aunque fotografiados un par de semanas después de que estuvieron en mi poder. Aquí se ve la antología de cuento mexicano Cuentos violentos, que me regaló Andrés, nomás porque andaba de buenas. También están presentes todos los tomos de Death note que me prestó el Stevie, más el par que compré yo en aquellos días. Arriba se ven las postales que mi mamá me insistió en comprar cuando vino a visitarme; después las perdería en las inmensidades de mi desorden. A la derecha, el tatuaje de pescadito muerto que le salió a Luis Fernando en sus galletas, y que me regaló, porque todavía éramos amiguis. El Stevie me prestó la película de Death note. Es malísima, y, cuando le confesé que no me había gustado, se enojó un poco conmigo. Ay, pero es que el Light Yagami parece una chica moderna de los ochentas, con sus pelitos y todo, ¡qué porquería! Encima, da asco ver cómo se alimenta el Ryuzaki. Y la escena de la galería, y la muerte de la novia de Light, ¿eso qué?
En una de esas, inadecuadas como somos, Rocío y yo nos fuimos a una chelería. Mientras todos cantaban acabándose sus pulmones, bailaban encima de las mesas y se hacían de nuevos amores, Rocío y yo estábamos sentadas en una esquina, con sendas bolas de cerveza oscura, escribiendo sobre millones de servilletitas. La relectura, ya en estado sobrio, es altamente recomendable.
Este día fui muy feliz. Yo no tenía cómo conseguir los suplementos especiales de la NFL. Por alguna extraña razón, varios de mis amigos del periódico -empezando por Luis Miguel y Carlos Francisco- se acordaron de mí, y me guardaron algunos ejemplares. Luego tuve que ir escondiéndome de todos con mi pila de suplementos. Y los quise a todos.
Un día me fui a Toluca, y mientras el camión se llenaba de niebla, mi cabeza de llenaba de pánico a los deslaves. Casi todo el camino escuché Manatsu no Yoru no Yume.
Toluca: gris, gris, gris. Estaba sobre Las Torres, esperando mi camión de regreso, un poco cruda y terriblemente desvelada y afónica tras la Noche de la Grabadora Gris, y un rato después de tomarle muchas fotos a mi hermana y beber litros de café. Las fotos donde mi hermana sale bien mami pueden buscarlas, más bien, en su Hi5.
El triste día en que me quedé con sesenta centavos para acabar la quincena, una semana antes de la fecha marcada para mi pago. En esta foto, mi pobreza contrasta con la belleza de la manzanilla.
Mi taladro superpoderoso. Después de un mes entero codiciándolo, lo conseguí por menos de trescientos pesos, aunque fue menester, para ello, bordear el Zócalo en una pérdida de tiempo sin precedentes, y también hube de clamar por piedad a un miembro del EMP, aunque realmente le importó poco mi sufrimiento. A falta de vacaciones a Acapulco, tuve un taladro. Pero lo amo: tan amarillo, recargable, ligero, zumbador. Gracias a él ahora puedo no sólo encuadernar hojas sueltas, sino también restaurar cualquier clase de libro. Haga su pedido aquí.
Mi atún, que en aquel entonces todavía no se llamaba Víctor Hugo, se preparaba para un par de días de vacaciones. El nerviosismo se leía en su rostro. Por fin, si todo sale mal después de esta apuesta, al menos sé que él se la ha pasado mejor que nunca en su vida. También está más mugroso que nunca. Merece ir a un Dryclean.
Yo no tomé esta foto, debo confesarlo. En ella se ve media computadora en el piso, una bolsa de plástico, una mochila, unas botitas y dos burritos de huevo en plato de barro. Uno de los burritos está medio mordido.
Un pedazo de carretera, justo antes de quedarme dormidísima.
Mi computadora del trabajo tiene un nuevo papel tapiz: la Reina de América con fondo de cabeza de chofer. Soy fan de esa foto. La robé de mi flickr favorito. Pronto: cuando tenga permiso de su autor, linkearé mi flickr favorito.
El otro día se metió una mariposa a mi cuarto, y se quedó atrapada entre la ventana y la cortina. Me costó mucho trabajo salvar su tonta vida de bicho. Logré salvarla. A cambio, ella me dejó tomarle esta foto.
Muchas, muchas, muchas cosas pasaron en septiembre. Pocos meses tan productivos (o improductivos para bien) como septiembre. Bellísimo septiembre, tan largo para unas cosas, tan brevísimo para otras. Lleno de encuentros y desencuentros memorables, también de frustraciones increíbles, apuestas en las que -hasta ahora- salgo con un balance favorable. Como cuando en la pirinola sale la leyenda "Todos ganan". Que todos mis meses, de ahora en adelante, sean septiembre.

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