miércoles, enero 16, 2008

Crónica matutina de invierno cruel

Hoy llegué tempano a trabajar. No sólo eso: también me dio tiempo de tomarme el chocolate frío que Patricio me preparó; me hizo un sándwich de queso -también frío-, y me dio tiempo de comérmelo. Todo estaba muy frío, como mi frío corazón que soñó con Omashu y con un gato negro que volaba sobre un caballo. Me bañé con agua fría, y lancé muchas maldiciones; mis vecinos pueden dar testimonio de ello. Escogí el libro que leeré en esta semana. Corrí poco, y de todas maneras mi registro de entrada fue a las 9:01 horas. Sólo olvidé robar unos saquitos de mate cocido.
Tengo mucho trabajo y muchas actividades extralaborales. Todo debe ser terminado en esta semana. Debo corregir una introducción y meter unas correcciones al contenido de un libro en el que he estado trabajando; hay que terminar un folleto; urge escribir una presentación. Además, no debo perder el ritmo de encuadernación, y hay que conseguir gas si no queremos bañarnos con agua fría otra vez. Por si fuera poco, debo comprometerme con la novela que saqué del librero. Por último, el viernes es mi fecha límite para aprenderme esta canción:

Y, como he de volver a sumergirme en mis absorbentes actividades, decidí pasar rapidito por el blog, para que nadie se preocupe por mi paradero.

Estoy en proceso de decidir entre dos posibilidades:
1. Clausurar el blog.
2. Cambiarle el nombre. Creo que Manzanilla le sienta bien.

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