jueves, enero 03, 2008

Eavesdropping

Vivir en un departamento pequeño rodeado de otros departamentos pequeños que se apiñan los unos sobre los otros no puede traer otro resultado que el alimento del morbo. Yo siempre he sido dada al voyeurismo, y encuentro muy enriquecedor enterarme de los hábitos estúpidamente cotidianos de los seres que me rodean. Por eso soy muy feliz en mi nueva base de operaciones, ubicada en el corazón de Portales. Desde ahí intervengo las conversaciones de los vecinos y me entero de cosas muy estúpidas a lo largo del día.
Sábete, lector, que el vecino de abajo tiene un gato que, para no ser descubierto en lo que sea que esté tramando, maúlla -como todos los gatos- por las noches; es gris y se ve muy sospechoso. El nombre clave con el que lo reconocemos sin miedo a ser descubiertos es Comepizza. También abajo hay un bebé, al que nunca he visto personalmente, pero que maúlla peor que el gato y en momentos menos oportunos. En algún departamento alguien escucha a Shania Twain, atentando contra la integridad psíquica del resto de los habitantes del edificio.
Un par de pisos más arriba hay una víctima del espíritu navideño: forró su puerta con papel decorado con bonitos motivos propios de las fiestas, y decoró las ventanas con spray de nieve... muy elegante todo ello. Tenemos al vecino americanista, al que hace fiestas cada tercer día, a la señora del bastón, a la pareja rara del perro grande que corre toda la noche, al señor del perro chiquito, a la señora extraña del perro con suéter y a la vecina que estrenó tacones justamente esta mañana. No hemos vivido ahí el tiempo suficiente para enterarnos de todo, pero estamos absolutamente seguros de que hay, en el edificio, por lo menos un argentino más y otras dos Dianas, pues son muy comunes los unos y las otras.
Desde hace un par de semanas, sin embargo, todas nuestras sospechas se han volcado sobre el departamento contiguo. No sabemos exactamente qué es lo que está pasando, pero estamos convencidos de que ellos fueron los autores del crimen por el que nos hemos venido a vivir justamente en este punto estratégico de la ciudad. Pronto descubriremos por qué aquella lejana noche llegó una misteriosa llamada a mi teléfono privado encomendándome esta misión, cuyo contenido no me es dado revelar. ¡Conspiración, muerte, destrucción!
Por lo pronto no tenemos más que fingirnos normales. A voces, por las noches, hago reclamos sobre los tenedores, las cucharas, los cuchillos y el maldito fregadero que quiere sacarme de mis casillas. Nadie sospecha nada: estamos pasando inadvertidos para el resto del vecindario.
Seguiré informando.

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2 Comments:

Blogger DaViD CaNo said...

Que interesante cúmulo de vidas y cosmovisiones a unos cuantos metros, a un pegar de oídos, por algo dicen que las paredes oyen.

Saludos

15:07  
Blogger Fairest Creature said...

Sí. Y yo la más chismosa, no puedo evitarlo.

09:50  

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