sábado, febrero 09, 2008

¡Feliz!

Este post será breve, lo prometo de antemano.
Sólo quiero dejar testimonio de que hoy ha sido un día buenísimo. Nos despertamos relativamente temprano, realmente temprano para ser sábado. Nos salimos a la calle, y dejamos la casa toda tirada. Fuimos al cine. Yo estaba muy entusiasmada, pues en el itinerario estaban No country for old men y Sweeny Todd, y es bien conocido mi amor por Burton y Depp e Ethan y Joel.
Primero vimos la de los Coen, y salí con ganas de verla de nuevo. No me decepcionó ni un poquito, es maravillosa. Saliendo del cine, encontramos una moneda de un peso de 1984, y pensé que esa moneda había viajado hasta ese punto durante veinticuatro años, y era necesario escoger cara o cruz, sin saber qué nos estábamos jugando.
Comimos unas tortas medio raritas que me hicieron recordar mi fobia a la tifoidea. Huimos de unos argentinos. Vimos una jacarandá. Después, un azar nos condujo a un Sanborns. Lo íbamos atravesando cuando a lo lejos vi que estaba la revista Crítica de este bimestre. No iba a detenerme a verla, pero me ganó la curiosidad. Repasaba el índice, repitiéndome que no debía comprarla a menos que encontrara algo que me interesara genuinamente. De pronto, ¡sorpresa!, vi mi nombre en el índice. Resulta que publicaron un ensayo que mandé hace tiempo a la redacción; originalmente me lo habían rechazado, y me aprobaron otro que publicaron en su momento. Éste, evidentemente, había quedado descartado para siempre, o eso pensé. Fue una grandísima sorpresa; me puse muy, muy feliz, y me compré dos ejemplares. Tomamos café.
Luego vimos la de Burton. No me pudo gustar más. Salí cantando, y esperando volver a verla pronto. Caminamos brevemente por el centro. Por alguna razón me acordé de Claudia y la extrañé. Debo escribirle pronto.
También estoy contenta porque, ayer, logré terminar el libro que tenía pendiente en el trabajo, aunque aún hay que hacerle muchas cosas. Además, esta semana llegó de la imprenta un libro que corregí y que Toño diseñó. Nos quedó hermosísimo. Encima, mi antigüedad en Telcel me ganó el derecho de hablar localmente por un peso el minuto, y tenemos un pastel de kiwi y frutilla. Uiii.
Justo ahora estoy oyendo un disco de 31 minutos, el de Guaripolo, y bebo mate cocido que Pato me preparó. Y, como tenemos que poner repisas y encuadernar, doy fin a este post que, de tan optimista, da escalofríos.

Mañana, si no me da flojera, ilustraré este post con bonitas fotos alusivas a los diferentes eventos en él referidos.

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