lunes, marzo 03, 2008

Atención: primeros días de marzo

Dediqué el fin de semana a la autocompasión. Si quiero evitar deprimirme en serio, debo establecer horarios para el más desmesurado de los dramas. Por eso comí mucho arroz y helado de fresa. También entré a ver Juno, con el té helado más caro de mi historia y caja de cafiaspirinas. Rancheritos con chamoy. Llené el carrito del súper de productos que luego no compré. No encuaderné. Lloré, dormí cuatro siestas, se me torció el cuello y me salió un moretón. Arrastré los pies, anduve cabizbaja y no me bañé. Maullé y estuve irritable. Fui muy convincente.
Luego vino don Mueble y nos entregó nuestro comedor y el mueblecito que necesitábamos tantísimo; ahora no sabemos qué ponerle adentro. Dedicamos horas a mover todos los muebles, sólo para descubrir que se veían bien en su disposición original. Terminamos de ver todos los capítulos disponibles de Avatar, y ahora pasarán semanas hasta que sepamos las represalias que tomará el Señor del Fuego contra Zuko.
Para cuando recibí la llamada de uno de mis compañeros de afrenta, había tomado la decisión. No necesito problemas; no necesito meter en problemas a nadie para obtener algo bueno para mí. Ya sé lo que voy a hacer, aunque no sé exactamente cómo procederé, ni sé las represalias que tomará el Señor del Fuego contra mí.
Es lunes; son casi las nueve de la mañana; estoy en casa y traigo mi pijama de Pantera Rosa. Quedarme aquí tiene sus ventajas: mi cactus, Iván Espinoso, se prepara para un baño de sol extraordinario; musicalizo el edificio con Thomas Fersen, acallando a los vecinos que se pusieron a ver Across the universe a todo volumen; actualizaré mis documentos, me exfoliaré, comeré ensalada, rellenaré mi mueble nuevo, iré a mi junta de las 17:00 horas con buen ánimo. Ya no me importa mucho lo que pase, y lo que resulte estará bien.

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