lunes, abril 28, 2008

Breve semblanza de lo acaecido en mi fin de semana

1. Cuando fui a ver a mi abuelita, entre otras cosas me regaló su salsa de soya, que porque no la había estrenado y además porque siempre es bueno tener una que sea baja en sales.
2. También me regaló varios juegos de palillos de madera; los hay de todos colores: rojos, verdes, amarillos, naranjas, azules... y son bellísimos. Todo esto se estrenó la noche del sábado, cuando fue tomada esta foto.
3. El sábado en la mañana fui a una exposición que todavía anda por ahí. La disfruté mucho sobre todo por la sapiencia de Patrice en el tema -budismo-, por lo cual no necesité material explicativo adicional. Además, gracias a que siempre ando cargando una bola de papeles inútiles en mi cartera, pude utilizar mi añejísima credencial de estudiante para ingresar sin costo alguno. Ladronzuela.
4. Compré muchas porquerías en el súper, entre ellas esta salsa tampico, la cual ya se me ha convertido en una espantosa adicción para la cual pronto necesitaré ayuda.
5. Dado que ya estaban todos los ingredientes en el refrigerador, decidí hacer sushi. Había de camarón y salmón y aguacate y pepino y queso crema y, uhm, me salió buenísimo, excepto porque mi falta de experiencia hizo que mis makis se desbarataran en alguno que otro punto. Los siguientes tendrán mucha más cohesión, lo aseguro.
6. Jugamos ajedrez laaargamente. Gané.

Y ya, el domingo me fui a encuadernar, y ya acabé (casi) mis primeros cinco cuadernos japoneses. Creo que es un sistema mixto, a medio camino entre Oriente y Occidente, accidentado por la ignorancia de las diferencias culturales. Pero las nuevas técnicas son bellísimas, y ya les estoy agarrando el gusto, no importando lo anterior.

Pronto: ilustraciones de mis nuevos conocimientos en la materia... espérelas.

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viernes, abril 25, 2008

Encuentros y reencuentros de viernes agotador

1. Pues sucede que hoy en la mañana tuve un fugaz encuentro con un conocido comentador de este blog, y resultó ser la gran persona (adivinen quién). De paso, me enteré de dos que tres datos curiosos, mismos que no divulga en su espacio, y, por lo tanto, tuve que cruzar toda la ciudad para enterarme.
2. Instantes después, ya estaba yo recorriendo mi antiguo rumbo. Me encontré con que, cinco meses después, todo sigue exactamente igual, excepto porque ahora hay una señora que lee el tarot.
Breve digresión: de niña, cuando estaba de vacaciones, invariablemente terminaba de visita en casa de mi abuelita, ya por un día, ya por una semana entera. De esas visitas recuerdo muchas cosas, pero sobre todo el olor de la casa. Me gustaba: un poco a plantas y a dulce y a polvo acumulado en la alfombra peluda. Luego me fui a vivir con mi abuelita, y estuve con ella como siete años. Se me olvidó el olor de la casa, que pronto se hizo habitual, y yo formaba parte de él, como todos los objetos.
Regreso: hoy volví a casa de mi abuelita. Tuve que esperarla largamente, pues ella estaba en una de sus miles de actividades. En cuanto entré, todo fue -aunque familiar- nuevo. Conozco la casa de memoria, puedo caminarla con los ojos cerrados; parece que pertenezco y, sin embargo, ahora puedo percibir el olor de las vacaciones de mi infancia; me vuelven a sorprender las campanitas que suenan con el viento. Todo es igual. Me temo que otra vez he cambiado, y soy más vieja, y estoy más cerca de mi propia muerte y de la de todos aquellos a quienes conozco y que me conocen. Todo sigue exactamente igual, excepto porque ahora hay una señora que lee el tarot: "I do not find / The Hanged Man. Fear death by water".
3. El azar me hizo reencontrar telefónicamente a la señorita Ga, con quien ya no salgo a comer todas las tardes. Es una pena que no hayamos tenido más tiempo para convivir en nuestros días, pues es la buena onda. Que se arme algo; no todos los días se conoce gente a quien se quiera seguir frecuentando.
4. Reencontré a mi abuelita, cuando volvió de sus actividades. Después de todo, creo que ha vuelto a quererme. Me dictó recetas de varios platillos que hicimos juntas en años pasados. Quedó en dictarme otras tantas la próxima vez que vaya a verla, así se asegura de que no vuelva a abandonarla por tanto tiempo.
5. En mi correo, una invitación al blog de Jesús Gómez Morán, antiguo profesor de ensayo y estructuralismo. Es la buena onda. Vayan al blog, aunque sea por el puro chisme.

En otras noticias... mi primer gohan:

Se ve raro, pero estaba rico con mucha soya y tampico.

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jueves, abril 24, 2008

Into my arms



I don't believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask Him
Not to intervene when it came to you
Not to touch a hair on your head
To leave you as you are
And if He felt He had to direct you
Then direct you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I don't believe in the existence of angels
But looking at you I wonder if that's true
But if I did I would summon them together
And ask them to watch over you
To each burn a candle for you
To make bright and clear your path
And to walk, like Christ, in grace and love
And guide you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I believe in Love
And I know that you do too
And I believe in some kind of path
That we can walk down, me and you
So keep your candlew burning
And make her journey bright and pure
That she will keep returning
Always and evermore

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

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martes, abril 22, 2008

Deseo...

1. Un alaskan malamute suavecito y bien portado, como éste, que pertenece al vecino de abajo (shhh, nadie le diga que tomo fotos de sus mascotas. Aquí otro ejemplo, no de alaskan, sino de fotos clandestinas; el vecino podrá tener pésimo gusto musical, pero seguro sabe de este tipo de bichos).
2. La cámara de mis sueños: la conocí el otro día, y no es nada cara. Creo que mi indemnización me la obsequiará la próxima quincena. Es bellísima y, desde que la conocí, no he podido dormir tranquilamente. Creo que es tiempo de que la cámara que me acompaña desde hace años y años sea jubilada en paz, pues, como la señorita Trixie, ya se queda dormida a la menor provocación.
3. Un futón color camello. Éste sí que no me lo podrá obsequiar la indemnización, por lo que deberé seguir viendo películas desde la incomodidad de mi silla.
4. La edición bonita de El tercer policía que acaba de sacar Nórdica y que está lindísima (yo encuaderné coquetamente mis fotocopias, pero ahora no parece ser suficiente, y mi corazón sufre, y sufre más porque yo estaba traduciendo esa novela, estúpido Héctor Arnau. Le pregunté a Google, y dice que todo este revuelo por la traducción recientemente lanzada por primera vez en español tiene que ver con una mención de la novela en Lost. Estúpido Lost).
5. A Rodrigo y Gabriela, a Antony and the Johnsons, a Thomas Fersen.

Pues sí, querido lector, usted encuentra placer y satisfacción en sus lecturas y en sus logros profesionales; lo llena de gozo la contemplación del atardecer y la sensación del viento frío contra su cara. Discúlpeme: sé que esperaba más de mí, y yo le salgo con puro deseo mundano y repugnantemente material.

Uh, antes de que se me olvide: hay nuevos links en la barra lateral. Váyase a dar una vueltita por allá, especialmente por Cactus al sol, que trae las nuevas fotos de Patrice.

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lunes, abril 21, 2008

19:24

Desperté de una siesta más o menos larga y altamente revitalizante. La sangre regresa a los miembros de a poco, por lo que tengo el dolor de cabeza propio de la postsiesta. Llueve con bastante ligereza, pero el agua hace su parte en mojarlo todo, aunque trabajosamente, y las losas de la planta baja se humedecen lo suficiente como para traer de regreso el olor a tierrita mojada. Oscurece imperceptible pero irremediablemente. Patricio no llega, se va a mojar los pies. Tomé agua; el vaso, demasiado grande e inadecuado, se me escapó: dos pedazos grandes de vidrio y miles y millones de minúsculas virutas de vidrio quedaron en el piso. Huele a tierrita. El edificio comienza a colmarse de los ruidos sutiles que lo pueblan a partir de esta hora de la tarde, y que irán callándose por allá de las 23:00: tañir de guitarra, grito agudo de un niño berrinchudo, los pasos mustios de una mujer con tenis, espantaespíritus, retazos de una conversación, alguien que -repetidamente- le dice que no a un perro o a su mujer o a un niño.
Soñé que Fersen venía a México, y, como estaba en el antro más mugre e inencontrable de la ciudad, nos perdíamos el recital. Ah, quiero ver a Fersen, combina con la lluvia que moja las losas.


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sábado, abril 19, 2008

Doce cuadernitos: una crónica somera

1. Cuadernillos previamente cortados.



2. Marcas de corte.



3. Puntada rústica (izquierda); puntada francesa (derecha).



4. Guardas.



5. Cizalla.



6. Cuadernos refinados.



7. Separadores, cabezadas, cartones, lomos, tela laminada.


8. Carteras.


9. Ensamble.


Sólo falta pegar las guardas.

Más tarde: cuadernitos terminados.

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jueves, abril 17, 2008

El ataque de las Dianas mutantes

(Sírvase a escuchar la canción
de la barra lateral mientras lee esta entrada.)

Me encontraba encuadernando apaciblemente cuando sonó el timbre. Me buscaba Hacienda para cualquier tontería; mandó, para tal empresa, a una tal Diana Alejandra. Esto dio pie a que, al volver de atender dicho asunto, interrumpiera la encuadernación para escribir este angustiado post.
La cosa es como sigue: crecí pensando que si bien mi nombre no era particularmente raro, tampoco era el más común del universo. Por allá en mis tiempos, conocí una sola Diana, que era hermana de una que parecía tortuga sin caparazón; ambas me caían mal. Lo más extraordinario para mí era que mi hermana -Nadia- fuera una especie de tocaya bizarra, junto con la existencia de una niña de nombre Anaíd. Punto.
A mis dieciocho, todo cambió. Mis nuevas vecinas, una vez que me mudé a vivir con la abuelita voladora, se llamaban Diana: una señora que vivía enfrente y que entraba en ocasiones a robar las flores de mi jardín y dos señoras gordas que comandaban un centro de educación especial. En la universidad aparecían Dianas por aquí y por allá de vez en cuando; sin embargo, nunca pude evitar que me confundieran con Ana Lauras, Daraníes y Dulces. Cuando entré a trabajar al periódico innombrable en el que trabajé, una de mis dos compañeras se llamaba Diana, y por una larga temporada estuvimos en el departamento sólo ella y yo. Éramos "las Dianas". Había otras cuatro desperdigadas en el periódico. En este último lugar de trabajo, del que he estado entrando y saliendo con intermitencia, hay otra. No hay lugar donde me pare donde no escuche que alguien se dirige a una Diana. La última vez fue en un Office Max, en el que, gracias al padre de familia, me enteré de que tanto la madre como la hija se llamaban así.
Necesito identidad. Me cambiaré el nombre. Malditas, no las soporto más.

Perras.

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lunes, abril 14, 2008

Clementinas

lunes, abril 07, 2008

No sé qué título ponerle a este post

Si no actualicé antes fue porque pasaron varias cosas que no quiero relatar en este espacio, pero que me tuvieron -y me tienen todavía- triste y tensa. Todo ello derivó en una gripa que a la fecha estoy sufriendo. Me da asco la gripa primaveral; me da la impresión de que se hacen cultivos múltiples y viscosos dentro del organismo que la padece. La mala práctica de la automedicación -aspirina, cafiaspirina, ciprofloxacina, sedalmerck, xl-3, decenas de propóleos- me provocó dolor de páncreas, y ya no me puedo ausentar de mi trabajo a sufrir en paz, que porque pido muchos permisos (aclaro, esto es falso: un día pedí dos horas para ir a arreglar mis asuntos con Hacienda; otro día me ausenté otras tres horas para atender un asunto familiar importante, al que debí dedicarle más tiempo. Maldito deber, me llamaba).

No hay nada importante que decir. Postearé fotos:

Mi desayuno: agua, pomelo, galletas de avena,
propóleos, Vaquita Wongs, fármaco sorpresa


Me encuaderné una nueva libreta para mis recetas.
Le redacté unos parrafitos introductorios,
y le pegué la impresión de esta foto
a modo de ceremonia inaugural


De izquierda a derecha: Susana, Elia, Carlos y Miguel,
mis cuatro abuelos, hace ya algunos años

Ya no sé qué música oír. Me harté de todo lo que hay en mi estuche de discos y en mi disco duro. Exijo una recomendación por parte del ingrato lector. La tónica musical del día es como sigue:



Y aquí iba a poner otras dos canciones, pero BooMP3 me hizo enojar, y así no se puede. Cuando jale, las pongo. Pffft.


¡Actualización!

Ésta es una de las dos canciones que quedaron pendientes ayer. BooMP3 ya se dejó. Es buenísima, ¿a poco no?

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jueves, abril 03, 2008

Concesiones de abril

Ya se me pasó el ánimo abatido, lo cual no se contradice con el hecho de que abril es el mes más cruel. Sigo triste y preocupada, pero creo que no es para menos, es la consecuencia lógica de este tipo de situaciones. Estoy más contenta, de cualquier manera, y por varias razones, a saber:
1. Ayer fui a ver a don Encuader, y le gustó el cuaderno que llevé a refinar. Me dejó pasar hasta las entrañas de su taller, pese a que ya estaba cerrado. Le comenté que quería aprender a encuadernar en piel. Yo no pude aprender, pues tuve que abandonar el taller de Mireya antes de llegar a ese módulo. Don Encuader me dijo que consiguiera piel, y que él me enseñará a encuadernar y a afilar mi cuchillo.
2. Hoy recibí una invitación a un taller de encuadernación japonesa. Coincide, justamente, con mi mes de vacaciones (porque, ustedes no lo saben, pero tendré un mes de vacaciones). No está tan caro, e incluye los materiales. Me perdí un taller de encuadernación de álbumes sin adhesivos y otro de fabricación de papel. Esta vez no faltaré. Uiii.
3. Mi computadora ya funciona apropiadamente, por lo que ya pude bajar mis fotos.

De la serie Amorosa ama de casa, presento... "Espagueti"

4. Gracias a uno de los comentarios del post anterior, pude descubrir que Iván Espinoso es un Notocactus Leninghausii. Poseedora de esa información, descubrí que es argentino (chale, ahora todos resultaron argentinos. Mi atún Víctor Hugo me sorprendió el otro día cantando tangos); puede alcanzar un metro de altura; algún día dará florecitas amarillas, pero sólo hasta que llegue a los veinte o treinta centímetros. En sus condiciones actuales puede vivir hasta cincuenta años conmigo.

Y ya. Aguas con la gravedad, hoy le anda tirando el café a todo el mundo.

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miércoles, abril 02, 2008

Consider Phlebas

Tuve un gran fin de semana: desvelo, caminata, alfombra de jacarandá, encuadernación, dieta sufridora, cafiaspirina, sesión de fotos, larga charla, casa limpia, siesta, baño de sol, la primera lluvia del resto de nuestra vida. Pero ya es abril.
April is the cruellest month
Ahora todo está al revés, y estoy cansada, triste y angustiada. Tengo que acabar el libro que estoy editando. No quiero estar aquí, sino con la gente que me necesita; yo la necesito. Mi computadora se averió justo cuando más falta me hace. Hace calor. Otra vez no tengo crédito en el celular. Hoy tenía que ser especial. Me duele el pecho allá en la psique. Me asustan muchas situaciones. Hacienda. No sé qué haré una vez que haya llegado el final de la quincena. Quiero ver las fotos que no puedo bajar de la cámara. Ya no quiero estar aquí; no quiero estar en otro lado. No me gusta que cambien las cosas; odio que se queden como estaban. Todo es una bomba de tiempo.

I do not find
The Hanged Man. Fear death by water

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