miércoles, julio 30, 2008

No soy una amargada incurable. Me gustan, me encantan, me hacen feliz cientos de cosas (primera parte de muchas)

1. Antony y su infinita belleza.

¡Ah, hermosísimo!
2. El color blanco.
3. Las tardes de mucha lluvia, muy oscuras, con muchos rayos y centellas.
4. Las muestras gratuitas, la basura que regalan en la compra de un producto.
5. Las construcciones gramaticales complicadas y mamonas.
6. Dormir con muchas almohadas.
7. Los martes, los viernes y los sábados.
8. Los condimentos sofisticados.
9. Música, películas, cuentos, poemas deprimentes de mucho llorar y sufrir y exclamar que la vida no vale nada.
10. Los sueños bien locos y llenos de color, en los que aparecen atunes que nadan en el aire, o en los que se narran las aventuras de los pollos-cerdos-dianas.



La entrada de aquí abajito está fresca. Vaya, léala y regrese.

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Ya no estoy en edad de cafeína, o larguísima entrada en tres partes inconexas, mediante la cual pretendo que disculpen que no actualizo casi nunca

a) Regresé y todo estaba en calma: el silencio precede la tormenta, el temblor, la catástrofe. Pronto acabarán mis eternas vacaciones y readquiriré las perdidas nociones de fecha y hora. Interactuaré con seres vivos; diariamente usaré al menos dos alternativas de transporte público y me veré inmersa en la dinámica de intercambio de dinero por bienes y viceversa; si todo sale bien, aprenderé nuevos conceptos y adquiriré habilidades no del todo inútiles.
A modo de preparación, justo hoy comenzó a removerse un poco el suelo: me mandaron algunos documentos, y me impongo el reto de tenerlos listos en la fecha establecida.
Me comprometo y me estreso con un trabajo que, si bien es mío, no es totalmente mío. Son responsabilidad mía las correcciones, pero no las fechas límite. Si me mandan trabajo, que me lo manden, y acá lo hago despacito, a mi ritmo atolondrado, con musiquita de fondo y lechita con chocolate. Así debería ser, digo, porque los editores son otros, y la oficina está lejos y no es mía y a mí qué me importa.
En lugar de eso, sólo a mí se me ocurre -a mis venerables veintiséis- salir con la ocurrencia de la jarrita de café, como si estuviera en mis días de universidad, cuando era joven y lozana, y cuando eso de dormir era un mero capricho de niña consentida y echada a perder.
La bolsita de café que me traje de Oaxaca está maravillosa. Fue una gran elección, y he estado tomando el mejor café en mucho tiempo. Y, en contraparte, he sentido también los peores efectos por cafeína de toda la vida. Al primer sorbo ya estoy dando de brincos y azotándome contra la puerta; todas las muestras de humor dan en el blanco, me río, aplaudo y bailo al ritmo de las bobas alternativas de la música actual. A la media hora de la primera taza ya estoy temblando y sufriendo hambre y sintiendo que el mundo no vale la pena sin un pan pachoncito relleno de mermelada. Me da miedo, escalofrío y tengo dos que tres pensamientos suicidas (éstos, más bien, son una constante y funcionan de manera independiente a la sobredosis descrita, pero no quiero que pierda usted de vista la magnitud del sufrimiento). Cada taza es un recordatorio de la negligencia a que están abandonados mis quistes y una insistencia de la vida sobre el envejecimiento crónico que padezco.
De corregir, eso sí nada: no me concentro ni en la efervescencia del efecto ni en la cruda terrible que provoca.
Ya no estoy ni para la más suave de las drogas. Quién sabe a qué hora me convertí en señora de tamal y atolito.

b) No me gustan los forwards ni los recordatorios de cumpleaños de gente a la que ni veo; me desesperan las ofertas de empleo que no toman en cuenta mi perfil, y no tengo intención de alargar mi pene en el corto plazo. Hasta Liniers ha caído de mi exquisita gracia. El correo electrónico es, en general, una pérdida de tiempo vital y un espacio de privilegio desperdiciado en el netvibes.
Unas muy poquitísimas veces sucede que alguien piensa en mí y me escribe algo, y por esas contadas ocasiones es que no dejo de revisar el correo electrónico todos los días en que tengo oportunidad para ello, es decir, casi diario. Disfruto mucho, pero mucho, que alguien se tome un minuto y medio para decir, simplemente, "hola", siempre y cuando sea de su ronco pecho, yo sea un destinatario único y el remitente lo haya tecleado letra por letra. Ya sé, es mucho pedir en tiempos es que el cochinito que baila en el messenger es sinónimo de amor, amistad y camaradería. (¿Alguien ha visto ese cochinito alucinante? Mta, ¡qué odio! Saca lo peor de mí)
Hoy recibí un mail particularmente lindo y dedicado, por parte de un lector frecuente (y comentador constante) de este blog. Iba a pegar aquí el texto, pero dice él que es harto tímido, aunque no le creo, por lo que guardaré sus palabras para mí. Gracias, tú, me hiciste sonreír; mi día mejoró considerablemente gracias a tan dulce detalle. (A los sujetos machotes y peludos no les gustan los adjetivos "lindo" y "dulce". Retiro lo dicho: léase "viril" y "recubierto de pelo" en los espacios en que cometí atrocidades adjetivales contra natura.)

c) Notará usted que ya fui y vine. Regresé de Oaxaca con una pigmentación saludable en mi generalmente azulosa piel. Desde mi regreso, he realizado las siguientes actividades intrascendentes:
1. Rompí la taza amarilla.
2. Cambié la apariencia de mi netvibes.
3. Rompí la única broca de encuadernación que me quedaba.
4. Rehice el desorden en mi casa, que estaba bellísima y limpísima, pero ya no.
5. Algo le hice a mi computadora, que adquirió un virus fugaz, del que luego se curó solita, como suele suceder en la vida real.
6. Compré una taza amarilla para reponer la que rompí un día antes.
7. Hice un alambre de pollo. Malditos pimientos, son carísimos. Y luego me aburrí de mi código cotidiano de alimentación. Dígame, lector, ¿qué come usted en su día a día? Está usted invitado a darme un consejo, una sugerencia, una recomendación en el ámbito alimentos y bebidas.

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miércoles, julio 16, 2008

Trabajo bien bajo presión

...pero no me gusta. Las largas vacaciones han derivado en que ahora tenga más actividades de las que he tenido en toda la vida, y todo tiene fecha de cierre o de entrega. La hora del día que más odio son las 18:00, porque es el momento en que se divide la vida en lo que me dio tiempo de hacer hoy y lo que ya va a tener que dejarse para después, para cuando se pueda. No me gusta que se acabe el día, y admiro profundamente a las personas que hacen rendir su tiempo y que se van a dormir satisfechas de haber tachado todas las actividades de sus listas de pendientes. No me gusta que llegue la madrugada cuando todavía tengo ochenta cosas por hacer. Tampoco disfruto la hora de inicio del día, y sufro el momento ése que está entre el sueño y la vigilia, en que se tiene que decidir si se da otra vuelta en el edredón tibio o si se saca un pie al frío mundo exterior. Siempre he sido malísima para despertarme temprano, y me dan miedo los trabajos cuyo horario comienza antes de las nueve de la mañana.
En estos últimos días le he fallado a todo mundo. Rocío dejó de quererme porque no fui a comer con ella, porque me negué a un café, porque le dije que íbamos al mercado y luego ya no le dije nada. Ayer dejé plantadas a mi mamá, a mi hermana y a mi abuelita, toda una estirpe desairada. Nuevos ejemplares de Solanos y Romeros nacen cada día; la nueva generación toma forma, y yo estoy al margen de los acontecimientos. No fui a ver a Geraldine por el nacimiento de Salvia. (Mi tiempo de tener progenie quedó atrás, y ni siquiera me di cuenta de cuál era el momento oportuno. No quiero ser madre treintona con chamaco de brazos, me daría mal aspecto, perdería todo estilo.)
No quiero salir de la cuidad cargando tabiques en la espalda. Todo tiene que estar listo lo antes posible, o quedaré mal también con mis compañeros de viaje, pues es poco elegante irse de vacaciones con una pila de pruebas y una pluma roja. En más de un modo sé que no merezco lo que obtengo, pues todo está pendiente, todo está a la mitad, no he hecho nada que valga una recompensa.
Tengo una pila de ropa sucia, una de pruebas y tres de cuadernillos. Tengo un síndrome de perpetua somnolencia. Tengo miedo de Dewey y de su infinita precisión. Tengo que hacer maletas, entregar libretas que no he empezado a hacer, comprar papeles, preparar outfits, ir a la biblioteca, imprimir tarjetas, lavar mis tenis, sacar fotocopias, decirles a todos -con mi mejor cara- que sí, que hoy nos vemos para desayunar, comer, tomar café, cenar, ir al cine, echarle serpentinas a los cumpleañeros, jugar una larga partida de ajedrez, abrazar a los novios, bailar, cantar y conocer el mundo.

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domingo, julio 13, 2008

Me arden los ojos

Porque soy más histérica que la familia que no he tenido aún. Y también porque el queso y el jamón se me cayeron al suelo. Quiero Cafiaspirinas.

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miércoles, julio 09, 2008

Las cartas

El que creí recado baboso es, en realidad, una profunda reflexión filosófica. Transcribo:
EN LA VIDA hay que activarse en todos aspectos nuestros sensores deben estar dispuestos al |x| al 100% receptor y transmisor un ciclo más y hasta el mas allá.
En una esquina del mismo papel, viene el teléfono de Mario:
Mario
04455xxxxxx07

La que creí carta de amor adolescente y cursi es, en realidad, una bonita carta de rompimiento, fechada el diecisiete de abril de este año, por Dany, el ex presidiario. Ahí les va:
Sólo por aclaración y no por discusión.
[viñeta]necesito que todos me sean pacientes.
[viñeta]por mi salud mental, fisica.
[viñeta]ah!! si Yesica bueno no entiendo tu forma de yo si (Daniel si) y tú no (Yesica no). Como se pretende á tal magnitud seguir en una faceta de mi vida que ahora siento mucho mas razonable que antes, en hacer las debidas divisiones, en cuanto a mis amigos, ya estas captando? Yo si y tú no!! OK!! Las condiciones no se han prestado a que yo este en esta parte y faceta tan importante de tu vida. Y entonces para lo personal yo tengo que sopesar mis condiciones. por que mira ahora yo quiero estar libre, quiero cotorrear sanamente con mis amigos y obviamente no con esa gran presencia tuya y no lo tomes a mal pero es que tu presencia es como de mi novia y protectora y no de amiga buena onda así que espero que lo entiendas lo razones y lo reposes x que neta es demasiado importante que lo empieces a ver de una forma positiva. a mi me paso ese proceso encerrado y no sabes que sufrimiento (1er paso Carrasco) [flecha]
[Sigue en la parte de atrás]
a la fecha antes de mi paso por el SUR, creo que sabes como va aquella historia de amor, y en prisión lo viví peor, x que no me puedes decir que ibas y me rolabas tu buena vibra, todo lo contrario, al principio decías que me ayudabas solo con una condición, y yo acepte.
Bueno ya sabes las veces que ibas y solo discutíamos, vamos no te acuerdas y yo chingandome y tu lo contrario.
Bueno la neta de mi parte no hay rencores, en lo absoluto en buena onda, solo que bueno Hay que ver x lo que queda de nuestra amistad y darnos chance a mejores opciones y mejores momentos y mejores fiestas y mejores vacaciones* y bueno a mejor vida.
[con una larga flecha lleva la acotación antes marcada al lugar en el que se hará la aclaración que supone el asterisco]
*creo que en Acapulco las vacaciones son buenas no??
el Dany [la "y" se extiende en una curva, que sirve como la sonrisa de una carita feliz, al agregarle dos palitos encima.]

Estoy muy intrigada, lector. ¿Alguien sabe lo que son los pasos Carrasco y en qué consiste el primero de ellos?

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martes, julio 08, 2008

Confesiones y noticias

Confesión:
Nunca he ido a Oaxaca.
Noticia:
Conoceré Oaxaca muy pronto, pues aunque llevo dos meses y medio de vacaciones, no he salido más allá de la tiendita. Es momento de salir y, aunque el paseo será más turístico menos cultural, seré feliz de ver otra cosa que no sea la ventana; mi piel transparente azulosa volverá a ver el sol; mis oídos volverán a escuchar el sonido del mar; me sumergiré, nadaré y tomaré una piña colada.

Confesión:
Amo las vidas ajenas y sus detalles nimios.
Noticia:
Tengo en mi poder dos cartas. No sé quién las escribió ni sé quién es el destinatario, pero seguro que están rellenas de detalles maravillosos de la vida de quién sabe quién. Las tengo desde hace como dos horas, a lo largo de las cuales me he dedicado a especular sobre su contenido. ¿Ustedes qué se imaginan? Yo me imagino que una es un recado baboso, y que la otra es una carta de amor adolescente y, por lo tanto, cursi. ¡Muero de curiosidad! En cuanto ponga punto final a este post, me iré a leerlas. Y los dejaré a ustedes con las ganas de saber qué dicen. Mañana les digo.

Confesión:
Soy una maldita presumida.
Noticia:
He aquí las libretas que hice para Gonzalo por encargo de Claudia. Quedaron pero si bien bonitas. Aprécienlas en todo su esplendor.

Y luego vayan a mi flickr a verlas en detalle.

Mañana vengo. Quiero platicarles lo de las cartas, y tengo más cosas que poner aquí... pero es que justo ahora me siento un poco presionada por una extraña circunstancia de inmovilidad a mis espaldas.

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martes, julio 01, 2008

Recuento desordenado de sucesos varios

Algunos de ustedes saben que llevo más de ocho años viviendo en una agenda: recopilo algunos detalles importantes de los días que terminan, pego boletos de cine, fotos, curiosidades que encuentro al paso y que merecen ser recordadas por alguna razón. Creo que me preocupa que, si no queda registro de lo experimentado, es como si no hubiera sucedido nunca. A veces, a propósito, omito detalles escabrosos del día que relato -peleas, imprudencias, enojos-, para que así el registro vital tenga un balance favorable. Como en Memento: en el instante de la lucidez mnemónica se escribe a voluntad, para recordar sólo lo que uno quiere que sea recordado. No siempre es así, y también transcribo, sobre todo, mis múltiples momentos de depresión. Al final de mi vida deberé ser enterrada con mi montaña de agendas coleccionadas, o será como si no hubiera transitado el mundo.
Mi blog también funciona, de alguna manera, como mi agenda, aunque en un formato más libre en algunos sentidos, y más riguroso en otros. No me siento con la obligación de actualizar el blog a diario, por ejemplo, ni de relatar detalladamente los pormenores de algún evento determinado. Y, por otra parte, debo contenerme del impulso de relatar detalles sucios, pecaminosos y horrendos de mi vida, en todos los sentidos posibles. Además, aquí debo evitar dar rienda suelta a mi bobería, aunque casi nunca tengo éxito. La agenda sí que contiene todo esto y, como me acompaña a todos los lugares del mundo a donde voy, me da un pavor inmenso que un día me asalten y se lleven mi agenda, o perderla, y que quede en las manos equivocadas (las que sean, que no sean las mías, son las equivocadas), y que alguien lea su contenido. Es una de mis más grandes fobias.
Toda esta introducción viene a cuento solamente porque caí en cuenta, por fin, de que estoy dejando pasar muchas semanas de mi vida sin dejar testimonio como es debido, ni aquí ni allá, como si de verdad no tuviera tiempo de nada. Sí, he estado bastante ocupada -o es que mis días rinden menos que los de ustedes-, pero no tanto como para no darme una vueltecita por acá.
Y, para contrarrestar el sucio efecto del abandono prolongado, he aquí un recuento desordenado de actividades realizadas en mi larga ausencia:

-Un señor se detuvo frente a la mesa en la que yo trataba de completar la tan prometida carta a Julie y tomaba café, y exclamó: "¡Zurda!".
-Descubrí la versión japonesa de youtube, y me hice fan.
-Fui al templo de la Soka Gakkai con Pato y mi abuelita. Aprovechando la ocasión, hice entrega del libro que le había robado a la abuelita para encuadernarlo coquetamente. Le gustó.
-Tuve idea de hacer el podcast intitulado "Cómo aprender PHP en tres días", pero se quedó en idea.
-Fui obsequiada con una nueva pulsera de bolitas negras, pues la anterior se me rompió a media calle, tras lo que sufrí largamente. Fue evidente cómo, tras ese triste evento, comencé a tener una racha de mala suerte. Mi nueva pulsera me devolvió la posibilidad de que me fuera bien de cuando en cuando.
-Fui a Ciudad Neza tres veces hace unas semanas y una vez hoy. Primero me dio mucho susto, pero ya no.
-Conseguí la más dulce carta de recomendación de uno de los autores con los que trabajé hace unos meses. Fui a tomar café con él, estuvimos coyoacaneando toda la tarde, me contó la mitad de su vida, me enseñó fotos de bichos y, en general, nos la pasamos bastante bien.
-Se cayó el techo de mi baño. A consecuencia de esto, estuve peleándome cada tercer día con el casero, quien pospuso los arreglos infinitamente. Por fin empezaron a arreglar el tal asunto el fin de semana pasado.
-Conseguí un trabajo decente e interesante. La fecha de inicio está muy lejos aún, por lo que estaré de vacaciones un mes más. Buenísimo.
-Corregí cuentos importantes para persona importante, para asunto importante y altamente confidencial. A cambio, le enjareté una libretita con costura expuesta e ilustrada con catarinitas sobre mantel de día de campo... no podía ser más cursi.
-Fui a Toluca con el Pato. Mi mamá hizo de comer pechugas empanizadas y calabacitas rellenas de queso y rajas. Yum. Mi papá nos invitó a desayunar por día del padre (somos unos cínicos, lo sé. Perdón, papá). Pato y yo hicimos strudel de manzana, inspirados en la dulce anécdota de infancia del LicCarpilago, y se lo obsequiamos a mi papá. Mi mamá lavó a Víctor Hugo, quien ya está sucio otra vez.
-Volví a demostrar que soy malísima para los tests psicométricos, sobre todo en el de dibujar un muñequito y escribirle una historia. Por alguna razón, mis muñequitos siempre se ven como si estuvieran corriendo para adelante y para atrás al mismo tiempo. Maldita psique transparente de pacotilla. ¿Alguien sabe cuál es la respuesta correcta a esta prueba?
-Fui a ver a Rocío. Le tomé una foto a sus anginas.
-Tuve sueños reveladores y tenebrosos. Yo sabía exactamente lo que quería hacer (y ser), pero no encontraba los medios para hacerlo. Desperté, y la realidad era así exactamente.
-No aguanté la totalidad de la película de Jet Li y Jackie Chan, con todo y lo guapo que Jet Li es.
-Recibí el pedido de encuadernación más complicado hasta ahora. Sufrí mucho pensando en el diseño, hasta que logré descubrir la apariencia ideal. El viernes, posiblemente, haré la entrega. Me pone un poco nerviosa la opinión final del destinatario. Crucen los dedos, que ha sido una empresa muy agotadora, y debe tener buen fin.
-Aprendí a imprimir fotografías gratuitamente. De ahí que me haya ahorrado mucho dinero en mis fotos tamaño infantil y otras fotos que quería tener en papel.
-Sufrí una obsesión de dos días con Betty Boop, Koko the Clown, Cab Calloway y los hermanos Nicholas.
-Tomé mi primera foto 360°, aunque la falta de medios me obligó, más bien, a pegar cuatro panorámicas.
-Recibí un pedido de encuadernación bastante grande: urgen once libretas muy específicas, urgen, urgen.
-Vi a Ivonne después de aproximadamente un año.
-Pato y yo vimos a Gabriel y a Mili (pareja argentina-tapatía con la que recientemente hemos comenzado a tener contacto). Hicimos un tour por Donceles, y encontré una foto vieja en un libro viejo. Fui muy feliz.
-Fui obsequiada con un jugo milagroso.
-Me pelée con un empleado de Lumen Patriotismo.
-Fui al cine dos veces por veintisiete pesos.
-Se descompuso mi paraguas de bolitas de colores.
-Hoy me ha dolido el cuerpo desde que desperté por la mañana, razón por la cual fui obsequiada con una cajita de Analgen.

Y ya.

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