miércoles, julio 30, 2008

Ya no estoy en edad de cafeína, o larguísima entrada en tres partes inconexas, mediante la cual pretendo que disculpen que no actualizo casi nunca

a) Regresé y todo estaba en calma: el silencio precede la tormenta, el temblor, la catástrofe. Pronto acabarán mis eternas vacaciones y readquiriré las perdidas nociones de fecha y hora. Interactuaré con seres vivos; diariamente usaré al menos dos alternativas de transporte público y me veré inmersa en la dinámica de intercambio de dinero por bienes y viceversa; si todo sale bien, aprenderé nuevos conceptos y adquiriré habilidades no del todo inútiles.
A modo de preparación, justo hoy comenzó a removerse un poco el suelo: me mandaron algunos documentos, y me impongo el reto de tenerlos listos en la fecha establecida.
Me comprometo y me estreso con un trabajo que, si bien es mío, no es totalmente mío. Son responsabilidad mía las correcciones, pero no las fechas límite. Si me mandan trabajo, que me lo manden, y acá lo hago despacito, a mi ritmo atolondrado, con musiquita de fondo y lechita con chocolate. Así debería ser, digo, porque los editores son otros, y la oficina está lejos y no es mía y a mí qué me importa.
En lugar de eso, sólo a mí se me ocurre -a mis venerables veintiséis- salir con la ocurrencia de la jarrita de café, como si estuviera en mis días de universidad, cuando era joven y lozana, y cuando eso de dormir era un mero capricho de niña consentida y echada a perder.
La bolsita de café que me traje de Oaxaca está maravillosa. Fue una gran elección, y he estado tomando el mejor café en mucho tiempo. Y, en contraparte, he sentido también los peores efectos por cafeína de toda la vida. Al primer sorbo ya estoy dando de brincos y azotándome contra la puerta; todas las muestras de humor dan en el blanco, me río, aplaudo y bailo al ritmo de las bobas alternativas de la música actual. A la media hora de la primera taza ya estoy temblando y sufriendo hambre y sintiendo que el mundo no vale la pena sin un pan pachoncito relleno de mermelada. Me da miedo, escalofrío y tengo dos que tres pensamientos suicidas (éstos, más bien, son una constante y funcionan de manera independiente a la sobredosis descrita, pero no quiero que pierda usted de vista la magnitud del sufrimiento). Cada taza es un recordatorio de la negligencia a que están abandonados mis quistes y una insistencia de la vida sobre el envejecimiento crónico que padezco.
De corregir, eso sí nada: no me concentro ni en la efervescencia del efecto ni en la cruda terrible que provoca.
Ya no estoy ni para la más suave de las drogas. Quién sabe a qué hora me convertí en señora de tamal y atolito.

b) No me gustan los forwards ni los recordatorios de cumpleaños de gente a la que ni veo; me desesperan las ofertas de empleo que no toman en cuenta mi perfil, y no tengo intención de alargar mi pene en el corto plazo. Hasta Liniers ha caído de mi exquisita gracia. El correo electrónico es, en general, una pérdida de tiempo vital y un espacio de privilegio desperdiciado en el netvibes.
Unas muy poquitísimas veces sucede que alguien piensa en mí y me escribe algo, y por esas contadas ocasiones es que no dejo de revisar el correo electrónico todos los días en que tengo oportunidad para ello, es decir, casi diario. Disfruto mucho, pero mucho, que alguien se tome un minuto y medio para decir, simplemente, "hola", siempre y cuando sea de su ronco pecho, yo sea un destinatario único y el remitente lo haya tecleado letra por letra. Ya sé, es mucho pedir en tiempos es que el cochinito que baila en el messenger es sinónimo de amor, amistad y camaradería. (¿Alguien ha visto ese cochinito alucinante? Mta, ¡qué odio! Saca lo peor de mí)
Hoy recibí un mail particularmente lindo y dedicado, por parte de un lector frecuente (y comentador constante) de este blog. Iba a pegar aquí el texto, pero dice él que es harto tímido, aunque no le creo, por lo que guardaré sus palabras para mí. Gracias, tú, me hiciste sonreír; mi día mejoró considerablemente gracias a tan dulce detalle. (A los sujetos machotes y peludos no les gustan los adjetivos "lindo" y "dulce". Retiro lo dicho: léase "viril" y "recubierto de pelo" en los espacios en que cometí atrocidades adjetivales contra natura.)

c) Notará usted que ya fui y vine. Regresé de Oaxaca con una pigmentación saludable en mi generalmente azulosa piel. Desde mi regreso, he realizado las siguientes actividades intrascendentes:
1. Rompí la taza amarilla.
2. Cambié la apariencia de mi netvibes.
3. Rompí la única broca de encuadernación que me quedaba.
4. Rehice el desorden en mi casa, que estaba bellísima y limpísima, pero ya no.
5. Algo le hice a mi computadora, que adquirió un virus fugaz, del que luego se curó solita, como suele suceder en la vida real.
6. Compré una taza amarilla para reponer la que rompí un día antes.
7. Hice un alambre de pollo. Malditos pimientos, son carísimos. Y luego me aburrí de mi código cotidiano de alimentación. Dígame, lector, ¿qué come usted en su día a día? Está usted invitado a darme un consejo, una sugerencia, una recomendación en el ámbito alimentos y bebidas.

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5 Comments:

Anonymous Chole said...

No puedo comentar decentemente bajo presión, pero güeno... Pues, querida Dianita, lo único que te he recomendado, fue un fiasco: la sopa naranja que resultó ser amarilla y muy simple. El atún supongo que está prohibido en tu casa, por eso de las mascotas. Mmmm, tal vez debas comprarte un libro de cocina fácil. Jojojo!!! Ahí'ta, este es el pobre resultado que se obtiene con la presión. Jajaja!!! Libros de cocina fácil! Te quiero.

11:53  
Blogger Enoch said...

Mmmmm pues bien.

Yo necesito decirte que... no la chingues con el café. Sucedió por una de esas casualidades;resulta que la banda que me contrató para un free lance también te tiene contratada a ti.

Para que se entienda mejor, Terracota te contrató para hacer las correciones a los libros de español y te las tienes que ver con Iliana que es una mujer toda ternura.

Entonces resultó que me preguntó un día, Y conoces a Diana Solano, a lo que contesté sin vacilación, A huevo, me regañaba a cada rato y es una neurótica de la puntuación y pues pa qué te digo más es excelente trabajando. Iliana sólo me dijo, lo imaginé en su curriculum dice que trabajó en el INALI.

Ah el recordatorio de ese lugar del mal. No te negaré que hay breves momentos, sólo breves tanto menos que un parpadeo, lo extraño.

Por otro lado, me parece que ya me extendí mucho en este comentario y he pensado de más en vos. Digo ya que ando tirando maravillas de ti a la menor provocación pues no me queda más que ser cruel y pedirte que te presiones jejejejeje.

Saludos a Pato, que seguramente nos videaremos un día de estos...

13:21  
Blogger el7palabras said...

Del rubro de los alimentos y bebidas, mi querida Diana, yo recomiendo, como un asiduo consumidor de puerco en todas sus presentaciones -faltaba más- unos tacos de carnitas.

Digo unos refiriéndome al número mágico: dos.

Sí. Dos.
No importa el tamaño, pero se valen sólo dos. Se disfrutan más, no queda esa sensación de vacío después de comerse el primero; y al terminar el segundo, le aseguro que aunque el impulso de continuar la taquiza es fuerte, con un poco de voluntad, puede pagarse por el consumo y salir airoso de ahí.

Y sin refresco ¿eh? que eso es lo que termina de dar al traste con toda intención de comer sano.

Esa es la manera de disfrutar las carnitas.


Ahora que si está en casa y sin muchas ganas de "comer fuera" una ensalada capresse es neta netísima.

Vea usté:
- 1 jitomate grande bien colorado.
- Albahaca, mucha, harrta.
- Queso mozarella, de preferencia el que viene en tubito.

Se corta en rodajas el jitomate, se deshoja la albahaca y se escogen las hojas más bonitas. El queso se rebana en lonchas al gusto del comensal; gruesas de preferencia.

Se emplata lo más farol que se pueda, y se rocía abundantemente con aceite de oliva.
Y se disfruta.
Se puede añadir un poco de balsámico para darle un toque ácido.

Vualá.

Ahora nos vemos en el siguient epóst que me consume la curiosidá de saber qué sigue.

00:38  
Blogger Mario said...

Mmmmm, pues yo me limito a recomendar la sopa de fideo con un poco de crema. La sopa la venden en diferentes presentaciones las cuales requieren de más o menos esfuerzo para tenerlas listas.
un abrazo,

22:40  
Blogger Fairest Creature said...

Chole: ¡exijo que me obsequies un libro de cocina fácil! También quiero uno de cocina vegetariana, y uno de repostería sin horno. Por lo demás, sí, recalco mi reproche relativo a la sopa color naranja. Och, qué perdida de tiempo y de leche deslactosada. Beso, tonta.

Muñeeeeco: ¡qué risa me dio leer este comentario en su momento! Olvidé decirte el veinte que me cayó cuando por fin me enteré de esto: resulta que cuando conocí a Iliana, me preguntó por el INALI. Cuando le di las razones de mi salida, me dijo algo como "Claaaro, sí supe que hubo un despido injustificado a todo el personal de edición". Y, claro, yo pensando que había sido noticia de ocho columnas, y que el mundo editorial tenía puestos sus cariñosos ojos en nosotros. Jaaa. Te abrazo, Muñeco, me ha dado harto gusto encontrarte perdiendo el tiempo en el garrafón de Terracota.

Señor 7palabras: ¡¡¡tacos de carnitas!!! Oiga, déjese de tanta promesa, sugerencia, antojo, y ya invítese los tacos, no sea así.
Hoy justamente escogí mis jitomates bien rojos, pero no había albahaca. Me fui con mi bolsita de jitomates, y patanamente los abandoné en el pasillo de los champús. Es una pena. Le prometo que en la semana le tenemos resultados de la degustación. Gracias, es LA sugerencia. ¡Abrazo!

Ñam, Mario, ¡fideo! Rico, y combina con las tardes lluviosas. Ya compré la crema. Mañana compro el fideo, y listo.
El otro día me acordé de ti porque me ofrecieron un marlin ahumado, y pensé que sólo he comido el que preparas tú. ¿Aflojas la receta? ¡Te mando un abrazo!


Quiérolos a todos.

21:39  

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