miércoles, octubre 08, 2008

Sobre mis habitaciones

Primero tuve, durante muchos y muchos años, una habitación compartida. Mi hermana era mi peor enemiga: peleábamos cada noche decidiendo quién iba a apagar la lámpara que estaba entre nuestras camas. Cuando, por algún acaso, mi hermana se iba por algún tiempo -una noche, quizás, porque se quedaba con alguien; una semana, por estar de viaje, qué sé yo-, ah, la extrañaba tantísimo (sobre todo cuando yo era muy pequeña; con el tiempo aprendí a gustar de esa soledad de la habitación vacía), y me prometía que ahora que viniera iba a apagar la lámpara por iniciativa propia. Ya cuando volvía, yo olvidaba mis propósitos y volvía a empezar el pleito. Cuando ya estando más o menos grandes nos cambiamos de casa y cada quién tuvo su habitación, no podíamos estar separadas, y ella no salía de mi espacio ni yo del suyo porque no podíamos dejar de platicar tonterías. Luego todo salió mal, y nuestra pequeña casita fue sólo para mí... pero sólo por un tiempito chiquito. Pronto me fui y tuve mi cuarto con tapanco sólo para mí. Y durante los fines de semana volvía a la casita que era mía, allá en la lejana tierra donde habitan padre y madre. Luego llegaba el domingo, y de vuelta a mi cuarto con tapanco, cada vez más mugroso y lleno de pegotes en las paredes. Y así, todas las semanas. Luego se sucedió una tragedia y me fui a vivir a otra habitación allá en la casa donde antes tenía mi cuarto con tapanco. Y entonces aquel espacio se convirtió en una bodega, y, mientras, dormí en el piso de una habitación con paredes azules muy feas (siempre viví ahí en ánimo de transitoriedad, durante, quizás, demasiado tiempo). Y entonces dejé de atender a mis obligaciones de fin de semana, privilegiando las obligaciones laborales, y el tiempo se hizo largo como un chicle masticado y mi vida estaba en calidad de mientras. Luego conocí a mi verdadero hogar y me hice de una habitación en él. Me decidí a vivir en su vida para siempre, y abandoné mi cuarto aquel y también éste. Pero como mi hogar también necesita un techo, me metí con él, también de mientras, en un triste cuartucho de una triste zona de esta triste ciudad. Y nos fuimos corriendo, temiendo a los bichos y a los ancianos violinistas que vuelan a los techos más cercanos con tal de hacernos reír cuando todo sale mal y a las botellas de dos litros de big cola y a las mujeres que se ponen a roncar así sin más. Y entonces nos metimos a un cuartito blanco-blanco, chiquito, con otro cuarto junto, y otro y otro. No tantos, sólo esos. Y ahí nos escondimos, y nos fuimos expandiendo como algas hasta que el lugar ya no fue blanco, sino gris, y un poco del techo se nos cayó encima, y nos enojamos (no el uno con el otro, sino con el techo, se entiende). Y otra vez no tenemos dónde estar. Y mis otros cuartos, ésos de hace mucho, ya desaparecieron. Y hay veces en que voy de visita y regreso con un montón de cacharros que no sé dónde poner. Quizá viajo con ellos en camión foráneo con tal de tirarlos en mi basurero local. Y luego me da miedo que tiemble y que se me caiga la casa encima, porque entonces ya no tendré dónde esconderme. Y a veces me da miedo que no me guste lo que estoy haciendo, porque quizás no tenga otra opción que seguir haciéndolo, o se me va a caer la casa encima y no tendré dónde esconderme. Y no tengo un ancla que me asegure que yo estaré bien y que me voy a quedar en el mismo lugar, aunque todo alrededor se mueva. Y como tengo gripa, me da miedo estornudar, porque se me va a caer la casa encima y no voy a tener dónde esconderme. Y no voy a poder esconderme y me va a dar vértigo, y el tic del pómulo se va a quedar ahí y se va a convertir en un espasmo facial permanente y me van a dar más calambres en las manos y no voy a tener dónde esconderme. Y me van a dar los veintisiete pensando que ya soy demasiado vieja para empezar de nuevo pero que, ni modo, tendré que empezar de nuevo porque otra vez erré el camino, y, como se me cae el techo encima y no tengo dónde esconderme, me tengo que mover yo y hacerlo todo de nuevo y empezar, para poder hacer todo mal otra vez desde el principio. Y es que si no lo hago todo mal no puedo volver a empezar y entonces mi eterna inestabilidad -que es lo único estable de mi vida- va a desaparecer y no me voy a poder esconder en ningún lado.

Ach. Ridiculus mus.


(Mi hogar no se desparrama nunca: tiene una fogatita y una alfombra y luces tenues y música de Antony y comida saludable y huele a tierra y a chocolate y a café y los días comienzan al mediodía y no terminan nunca y todo sale bien y arroz con leche me quiero casar con una señorita que sepa barrer, que sepa trapear, que sepa abrir la puerta para ir a pasear.)

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5 Comments:

Blogger el7palabras said...

Venga Dianita.
Quiero ponerle una marquita a este artículo suyo, como uno especialmente distinguido por su revoltura mental previa al casorio.

Se le nota.
Se le nota.

Como que los miedos de repente se aparecen cual fantasma de las navidades a meses sin intereses, pero en domingo por la noche; y amenazan con no irse si no se les promete un pedazo de sí como pago.

O sea: no le saque.
Si usté ya vive con Patrice, y todo está fresco fresco, ps eso, no le saque y aviéntese al vacío.

Vaya un abrazo pa los dos, porque -perdón por decirle esto- su manera tan chipocluda de contar las peripecias, me pone de muy buenas y me levanta el espíritu. Por manchego que suene; verdad de dios.

00:52  
Blogger el7palabras said...

Ay puto.
¿Qué dije?

Bueno, eso.
¿Ya ve? eso que dije además de críptico, está mal escrito.
Chale.

00:59  
Anonymous Ivanius said...

Jejejejejejejeje (léase con voz cavernosa, así como de Vincent Price).

Ahora sí que me hizo reír el post en el inimitable estilo "catarsis de autoflagelación" que caracteriza (en el mejor sentido) a este siempre disfrutado blog.

Séame permitido además el uso de este comentario para felicitar a mi buen 7p por su atinado y también característico apunte.

Sí, pues. Estoy de buenas. Aprovechen mientras dure... que ya volverá. Abrazo.

10:41  
Blogger Mario said...

Que buen post. Tiene un ritmo impresionante. Ahora siento que no tengo donde esconderme...

Pd. Se que no he comentado nada del casorio pero desde el día que apareció ese post se me desencaja la mandibula cada vez que lo leo. Te felicito. Los felicito.
(he ahi mi comentario del casorio)

21:34  
Blogger Fairest Creature said...

Primero le contesto a Mario. Lo siento, pero es que su comentario me entusiasmó y gustó y, ay, qué bonito.

Gracias, Mario. De verdad me has puesto contenta con tus palabras y tus felicitaciones para mí y para nosotros. Me ha significado mucho y lo aprecio de verdad.
Sabes que te estimo (y que me preocupa que tu mandíbula ande fuera de sitio). Un abrazo grande.

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Chaz, SietePalabras, según yo estaba hablando de otra cosa. O sea, sí de eso, pero más propiamente de otra cosa. Y luego me viene usted con su comentario. Y que releo mi post y, ahhh, tiene usted razón. ¿Pues qué diablos me pasa? Es decir, no le saco, pero como que sí me entra el susto de pronto.
¿Y por qué me psicoanaliza usted? ¿Qué ya no hay respeto pa la psique diuno?

Y usted, Ivanius, no ande alentando los análisis éstos de su compadre. Y menos con la voz de Vincen Prais, que me da una cosa horrible.

Yo no sé por qué me tratan de este modo.

Gracias a los dos por sus porras y ánimos y puntoycomas. Les mando un abrazo grande.

00:04  

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