lunes, noviembre 17, 2008

Cursi en lunes: festivo, frío, duty-free, de hueva intensa y ojos nebulosos

Mi abuela tuvo un accidente, y está en el hospital. Eso me altera mucho, porque cuento con que ella vivirá para siempre y con que siempre estará bien. Es un trato que hice con ella (aunque ella no lo sabe) desde el momento en que comenzamos a vivir juntas, en 2000. No puedo tolerar que su fortaleza y su inquietud se pongan en juego, porque eso desequilibra el mundo como lo conozco. En un intento desesperado por sacar lo bueno de lo malo, ayer convoqué a mi hermana y a mi sobrina para pasar el día con nosotros, ya que de todas formas iban a venir. Llegaron más o menos temprano (considérese que era domingo, y que en domingo los días comienzan más tarde que se común). Nos fuimos a la FILIJ nomás a verle la espalda a la gente, que estaba toda hecha enjambres frente a los libreros, arrebatándoselos como si los fueran a leer o como si la promoción de la lectura en la infancia bajara la tasa de contadores del futuro. Compré, no importando lo anterior, cuatro libros para mi sobrina, pues su cumpleaños se avecina. Nació en 2000. Parteaguas: viajé en carretera estelar con automóvil volador. Fue mi primer año de mayoría de edad (nótese que apenitas al final de ese año cumplí los diecinueve, de modo que viví 2000 teniendo dieciocho). Decidí la carrera que iba a estudiar y me fui a estudiarla. Cambié de ciudad y conocí a mis abuelos (que ya los conocía, pues, pero apenas empezaba a conocerlos-conocerlos). Conocí gente y, por primera vez en la vida entendí lo que se sentía estar en el lugar correcto, con la gente correcta, en el tiempo correcto. Comenzó la era de mi felicidad social (aunque social para mí signifique frecuentar a dos o tres sujetos y sentirme cómoda con ello). Mi vida familiar mejoró considerablemente. Comencé a aprender lo infinitamente difícil y lo infinitamente gratificante de convivir con personas que están dos generaciones arriba de la mía; peleé -no siempre con buenos resultados- con los monstruos de la brecha generacional. Me hice tía. Por primera vez conviví con un recién nacido y con un anciano, y al final todo tuvo resultados muy felices: todos nos queremos y yo sé más cosas, y soy más grande, aunque no más alta ni más bella ni más lista. Fue el año de mi primera agenda. Conocí a Quevedo y a Beckett y a Steiner y a Aldo y al Charlie y a Rubén y a Santillana y a Nieto y a Tim. Y me di cuenta de que pasé dieciocho años en blanco y de que no tenía ni puta idea. Y comencé a ver por mis economías y mis traslados y conocí el amor del bueno y del malo y conocí la amistad y hablé de literatura e hice chistes mamones con mis escasos conocimientos de griego moderno y latín (éste no moderno sino muerto, bien muerto, aunque Alatorre diga lo contrario y yo me apasione y diga "oh, Alatorre").


De mi primera agenda.
¿O a poco cree que voy tirándolas conforme caducan?


Cuando hay cosas que cambian, se desestabilizan o están a punto de cambiar, por alguna razón (bueno, por las arriba enunciadas) mi mente tiende a irse a 2000. Reviso, pienso en que soy vieja, valoro lo que tengo y lo que he aprendido. Me pongo triste, recelosa con el mundo hasta cierto punto, y luego hago lo posible por seguir. Creo que todo puede mejorar, que todo puede cambiar, que ni he aprendido tanto. Aunque aún no tenga ni puta idea, creo que hay materias incógnitas que he de empezar a aprender tarde que temprano.


Abuela sobre globo,
o de cómo te ganaste el apodo de abuela voladora.


Quiero una nueva casa, quiero una nueva casa, quiero una nueva casa: todos a mandar buenas vibras para que el Pato y yo tengamos un nuevo niditodiamooor bonito, simpático y acogedor.

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6 Comments:

Blogger GA said...

Abrazo a Diana, abuela va a estar bien.

21:45  
Blogger Nadia said...

Tantas cosas vienen a mi mente con este post tuyo. La angustia del cambio, de que ver a abuela quieta, de aceptar que el tiempo pasa. Esa mujer nos ha enseñado muchas cosas. Te quiero mucho, hermanita. Gracias por el día de ayer. Nos hiciste movernos, salir de la rutina y del letargo. Gracias por empujarme a hacer cosas que tal vez no hubiera hecho sola. Me dió gusto poder ir a visitar a abuela. Me dan miedo los hospitales. Gracias por ser mi hermana menor-mayor.

22:10  
Anonymous Lucecita said...

Me agradan las abuelitas que se animan a subirse a un globo. Creo que mis nietecitos no tendrán esa suerte.
Ánimo Cuñis, te deseo desde aquí todo lo mejor, ya sabes.

19:40  
Blogger el7palabras said...

Dianita:
A sus pies.

Entradas como esta son puro oro. Para los chismosos como yo y para los no tanto.
Me conmueve en serio su historia, porque ¿quién no tiene abuela, pues?

Cuente con las vibras positivas desde acá y de corazón le deseo que mejore su abuela.

Abrazo.

17:51  
Anonymous Ivanius said...

Las abuelas RIFAN. Y los nietos lo sabemos. Buenos deseos para la vuestra, y suerte con el depa. Un ciberabrazo siempre solidario desde acá.

13:08  
Blogger Fairest Creature said...

Gracias, Ga, yo también lo espero así. ¡Beso!

Me la pasé muy bien con ustedes ese día, Chole. La verdad es que nos hace falta animarnos a hacer más cosas juntos. Los cuatro hicimos una muy buena compañía. ¡Que se repita!

Lumière: No serás una abuelita de globo aerostático, pero mira cómo te vas a ir a ver pingüinos a la Patagonia y a acampar, hijos en mano. Yo jamás podría. =)

Gracias, 7p, sabe cuánto gusto de sus comentarios y cuánto agradezco las flores. Le mando un abrazo.

Lo que sea de cada quién, Ivanius, mi abuelita es todavía mejor, porque vuela =) Gracias por sus porras. Un abrazo.




Un abrazo a todos. Muchas gracias por todas las porras que echan. Los quiero.

21:11  

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