martes, mayo 26, 2009

Perdón por concluir tan chafamente la historia de la termovianda. Tratemos de olvidarla. Les ofrezco tres imágenes al azar para su distracción

Horrendísima mosca trotamundos.
Viajó de casa de mis papás a casa de mi abuelita,
y comenzó una vida panteonera llena de aventura.
Clic en la imagen para ver más grande:
es verdaderamente asquerosa vista de cerca, con sus pelos y todo.


Mantequilla y la manzana.
Conozcan los dedos de mi padre en la esquina inferior derecha.

Xola Luz, la planta con flores.
Bebe demasiado. Me preocupa su futuro.

lunes, mayo 25, 2009

Post que habla sobre... cosas (la conclusión)

Espero no decepcionar al lector cuando le diga que lo que sucedió a continuación fue lo que sigue (y es que después de dos semanas del asunto ha pasado mi entusiasmo inicial por mi anécdota de compras de medianoche y opresión): mis cálculos sobre los productos a adquirir esa noche en el supermercado fueron tan acertados (sin considerar la termovianda), que me excedí en solamente setenta centavos al dinero disponible en la tarjeta de despensa. Mi efectivo, por su parte, era un billete de doscientos y dos monedas, que juntas sumaban sesenta centavos. Concepción, tras pasar la tarjeta, me pidió los setenta centavos que aún adeudaba. Viendo mis posibilidades, le ofrecí los sesenta que tenía, para así evitarnos los problemas de cambiar el billete de doscientos por menos de un peso. Pero no, Concepción dijo, en pocas palabras, que uno no puede ir por la vida pidiéndole dinero regalado al Guálmar local. Tomó el billete y anduvo de caja en caja pidiendo cambio. Cuando finalmente regresó, fue para darme ciento noventa y nueve pesos con cuarenta centavos, cantidad repartida en montones de monedas de baja denominación. Si de todos modos me va a cobrar sesenta centavos, ¿por qué demonios se toma la molestia de convertirme mi billete de doscientos en medio kilogramo de moneditas de baja denominación?, le pregunté, palabras más, palabras menos, y me repitió aquello de que no puedo andar pidiéndole regalado dinero al Guálmar, y se puso a revisar su manicura, dando su jornada laboral por terminada. ARGH. Primero no me quiere vender mi termovianda, y luego esto. Me fui a servicios al cliente, a hacerle un berrinchito conmovedor al sujeto al otro lado del mostrador. Fortuna quiso que el encargado en turno fuera uno de ésos empleados a los que el resto del personal odia: su deber con el cliente va más allá del horario establecido, de modo que, sin importarle que ya fueran las 23:30, envió una comisión a investigar el precio de la termovianda, y luego hizo que Concepción reabriera su caja para cobrarme, con lo que, de paso, me deshice de la mayoría de mis moneditas. Uiii, termovianda. Luego ya me sentí mal, y mi alegría inicial se fue al demonio cuando me puse a pensar en la situación de los empleados de Guálmar y en los de la Parisina y, ay, en todos los empleados jodidos que sufrimos maltrato e incomprensión, y que no nos pagan lo suficiente como para, además, poner buena cara ante la adversidad. Pffft. Tengo la capacidad de joderme la existencia sin necesidad de nadie.

Boal estaría orgulloso de mí:
ésta es mi imagen de opresión, desde cualquier perspectiva.


Pronto: fotos de la termovianda, la mатрёшка de los tuppers.

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miércoles, mayo 13, 2009

Post que habla sobre... cosas

Quizás usted ya se haya dado cuenta de que soy una de esas personas desposeídas que requieren tomar un segundo trabajo. En caso de que este hecho haya pasado inadvertido, lo dejo sentado en este instante: soy una de esas personas desposeídas que requieren tomar un segundo trabajo. Quiso Fortuna que, dada esta situación, yo encontrara una oportunidad que le queda como guante a mis posibilidades: la segunda jornada, de medio tiempo, comienza a treinta minutos de terminada la primera, de tiempo completo; el segundo lugar de trabajo se ubica a dos minutos del primero (a siete, si opto por caminar); el primer lugar de trabajo, aunque no tiene un tiempo libre fijo, me proporciona la libertad para comer sin necesidad de abandonar mis obligaciones y sin tener que esconderme mucho. Esto último constituye la esencia misma de lo que a aquí quiero relatar. Lector joven y juicioso: siempre he sido desordenada para comer. Ni siquiera en tiempos en que mi jornada laboral comenzaba allá de las 17:00 podía hacerme un espacio para desayunar correctamente y, en lugar de eso, compraba algún alimento de dudoso valor nutrimental en algún lugar de igualmente dudoda asepsia. Este caso es sólo un ejemplo de la negligencia respecto de los alimentos de que he sido objeto en diferentes escenarios de mi vida. La misma Fortuna que me ha asistido para encontrar un segundo trabajo, sin embargo, me ha favorecido con un marido sumamente generoso y amable, que vela por el equilibrio de los alimentos que consumo. La rutina de la mañana incluye, desde ahora, un tiempo para la preparación de los alimentos que he de llevar a pasear durante todo el día, hasta que pueda hacerme un espacio para comerlos. Pues bien, en un principio estuvo el tupper rosa con divisiones; luego, el gris horrendo con una división, y a ellos se añade el auxilio de la lonchera térmica color celeste venida directamente de un laboratorio, y cuyo costado luce la leyenda "Zuftil Sufentanilo". Todo iba bien, hasta que conocí la "termovianda". Oh, termovianda. Sucedió de esta suerte: caminaba por los pasillos de mi Guálmar local a las 23:00, hora en que el tal establecimiento cierra sus puertas al público. La misma Fortuna que ha estado manipulándome a últimas fechas me llevó al pasillo "Hogar". Ahí estaba, negra y reluciente en toda su negra y reluciente gloria. Sí, la termovianda. Me la tuve que llevar, pues no quedó duda, en ese mismo instante, de que ella debía ser mía, y yo debía ser suya. Fuimos, pues, con toda la compra quincenal, a la caja. La señorita cajera, de nombre Concepción, fue la encargada de mi caso. Al llegar a la termovianda, se percata de que no tiene código de barras, etiquetita, calcomanía, nada. Siendo para entonces las 23:10, calculo, no quiso ya molestarse en investigar el precio. Me dijo que no se podía, y hasta ahí, mientras yo imprecaba a Fortuna por jugar conmigo sin tomar en cuenta mis sentimientos ni los de mi termovianda. Acepté, sin embargo, el nuevo designio y, justamente cuando estaba por seguir con mi vida, sucedió lo que a continuación relato.

...continuará

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martes, mayo 12, 2009

Por ahora no hay tiempo para una entrada. Mientras tanto, les dejo la foto de Mantequilla y el girasol

jueves, mayo 07, 2009

Hoy es cumpleaños de una famosa bloguera

En su honor, La cabeza de Berlioz se ha dado a la tarea de poner a disposición de los fans un producto exclusivo, especialmente diseñado en Paint para la ocasión.

¡Feliz cumpleaños, Chole!

Ésta es su oportunidad para dejar que la musa los agorzome en la creación de un mensaje de felicitación con punch. Vaya a lucirse con su elocuencia y sus firuletes retóricos a, ya sabe, sucesosintrascendentes. Ahora, si tienen un monitor de 7.5 pulgadas, éste es el formato de guolpéiper que estaban esperando. Descárgenlo ahora, ¡gratis!

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miércoles, mayo 06, 2009

No puedo dormir

Otra vez me excedí en el café, y creo que el té blanco es bueno en la mañana. Ahora me tiene alerta, alerta, alerta, el corazón va a toda velocidad, igual que los pensamientos, malos en su mayoría. Antes tenía preocupaciones más alegres, o más positivamente angustiantes, al menos. Ahora me tienen despierta asuntos más estúpidos, como el gas y la conexión a internet y la renta, los horarios de comida, las bastillas de los pantalones, los uniformes que todavía no empiezo a usar, la nicotina, el futuro inmediato, la alcancía, los bichos (hormigas voladoras, cucarachas, moscos de fruta podrida), la vejez, julio, la lavandería, agosto, los textos de mi página web, septiembre, la lejana Argentina, octubre, lo que no puedo decir, noviembre, lo que no debo decir, diciembre, lo que no quiero decir. Tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que dormir. Mañana vuelvo a trabajar: es el episodio dos del episodio dos de mi trabajo vespertino. Mi trabajo matutino vuelve a abrir sus puertas al público hasta el lunes. Conté ovejas. Canté la canción de los elefantes en mi mente, y llegué a los diecisiete elefantes que se columpiaban sobre la tela de una araña. Me hice piojito. Regulé mi respiración. Di muchas vueltas. Me tapé. Me destapé. Me levanté porque Pato duerme, y está muy mal eso de despertarlo a cada rato, tras su jornada de doce horas en La Villa. Aun ahora, tecleando a discreción, se despierta y me pregunta si estoy bien. No voy a poder levantarme a las 4:00: ya son las 3:31. No puedo leer ni corregir, porque no me concentro. Me gusta lo que estoy corrigiendo. Hay un capítulo que empieza "Hay un arbolito que se llama algodón". Me gusta, es simpático. Ya no me gusta la música que escucho, me aburre. No he visto películas que me gusten: las que no había visto con anterioridad son muy sosas; las que ya había visto no me sorprenden más. Quiero un nuevo sabor, un nuevo aroma, un nuevo sonido, quiero que me salgan alitas de insecto, patitas de insecto, antenitas. Rompí dos vasos en dos días, ach, pero qué torpe.

Bueno, ya hacía falta un post del tipo "la vida no vale nada y soy vieja y tonta y tirénme piedras porque estoy llena de pecado". Pero ya saben que se me quita el azote y volvemos eventualmente a la programación habitual.

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martes, mayo 05, 2009

Libretas

Terminé los últimos detalles esta mañana. Las fotos no salieron muy lindas, al menos no como me hubieran gustado, porque sucede que aquí hay una luz muy fea durante casi todo el día, y mi falta de pericia me impide manipularla a mi favor. Pero las libretas salieron bien. Bueno, a mí me gustan, y espero que a usted también.

Vaya a verlas por separado y en todo detalle a mi flickr.

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domingo, mayo 03, 2009

Reporte de actividades

1. Puse dos repisas en el cuartito abandonado, que ya tiene que empezar a tomar forma de taller fotográfico-encuadernador. Intenté hacer la documentación gráfica de esta actividad, pero salió descuadrada y breve y ach.
2. Seguí encuadernando, razón por la cual me duelen las piernas, los brazos y la espalda. Probé una técnica de decorado que viene en mi libro. Éxito. Pronto pondré aquí las fotos de las libretas terminadas. Por fin que no son nueve, sino diez, conté mal.
3. Eché insecticida en la cocina y tuve el sabor en la garganta toda la mañana.
4. Vi La gran película de Piglet (por segunda vez), Leaving Las Vegas (por primera vez), Dead man (por milésima) y otras varias que ahora no recuerdo, además de muchos capítulos de Bob Esponja.
5. Le saqué fotos a mis barnices. Me pinté las uñas con el rosa.
6. Escuché la radio.
7. Comí pizza de atún (nadie, jamás, le diga a Víctor Hugo, por piedad).
8. Aquirí un nuevo racimo de plátanos, y me estoy esforzando por que no se pudran esta vez. Las tortillas de harina no están corriendo con la misma suerte, pues ya se están llenando de puntitos morados. Maldición.
9. Compré té blanco, que porque es milagrosísimo.
10. Puse fotos en portarretratos.
11. Me exfolié la cara.
12. Fui al súper con Pato y una amiga suya, que tenía tapaboca de paliacate.
13. Lavé el baño, y lo dejé reluciente.

Y ya. ¿Usted qué cuenta?

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viernes, mayo 01, 2009

Hasta este momento me he comportado a la altura de las circunstancias, pero hay cosas que no puedo soportar

Adivinó, lector: Dabo está cerrado hasta nuevo aviso. El mundo, como lo conozco, ha terminado para mí. ¿Dónde demonios se supone que voy a comprar papeles, juguetes, plumas rojas? Dabo se ha convetido en una parte fundamental de mi vida, tanto más cuanto que me queda a cinco minutos a pie. Se supone que estoy encuadernando, ¿dónde voy a comprar el papel que me hace falta? Tenía en mente un muñeco de peluche que sé que puedo encontrar ahí y sólo ahí, y me resulta muy urgente, porque ya hasta le elegí un nombre.
Por otra parte, debo dar constancia de que empecé mi segundo trabajo (que resultó ser el único, porque el primero ya estaba en suspenso desde el día en que se dio la voz de alarma) hace dos tardes. Fui el miércoles en la tarde, y luego ayer en la tarde, y ahora está suspendido hasta nuevo aviso. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido con mi primer trabajo, al que no pude ni regresar a recoger mis audífonos gigantes, acá me dieron un altero de papeles que tengo que corregir para cuando sea dado volver. Estoy contenta, pues mi entrada a este trabajo ha sido feliz, sobre todo porque implica volver a hacer algo que me disfruto hacer, y porque la gente bajo cuya autoridad me encuentro tiene confianza en mí.
Mis plumas favoritas para corregir pruebas son las Bic Intensity. Son bastante difíciles de conseguir. Cuando las hay, el paquete viene en colores azul y negro. Adivine usted qué gigante papelería que sí maneja las rojas con regularidad está cerrada. Och. Caminé toda la Portales en busca de una papelería abierta. Nada. Todo está desierto, excepto por las Michoacanas y la encuadernadora Cóndor (que es la de don Encuáder, evidentemente).
Ah, de la vida, ¿nadie me responde? / ¡Aquí de los antaños que he vivido! / La Fortuna mis tiempos ha mordido; / las Horas mi locura las esconde.
Nada que hacer. Me aburro. Me aburro. El cuerpo me duele de tanto descansar. Argh, me azoto.
A continuación van unas fotos de cosas divertidísimas que han sucedido durante la contingencia. ¡Atención!

Se me pudrieron unos plátanos.

Zazá tuvo un par de hijitos.
Todavía no tienen nombre, ¿sugerencias?

¿Todavía hay alguien por ahí?

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