miércoles, mayo 13, 2009

Post que habla sobre... cosas

Quizás usted ya se haya dado cuenta de que soy una de esas personas desposeídas que requieren tomar un segundo trabajo. En caso de que este hecho haya pasado inadvertido, lo dejo sentado en este instante: soy una de esas personas desposeídas que requieren tomar un segundo trabajo. Quiso Fortuna que, dada esta situación, yo encontrara una oportunidad que le queda como guante a mis posibilidades: la segunda jornada, de medio tiempo, comienza a treinta minutos de terminada la primera, de tiempo completo; el segundo lugar de trabajo se ubica a dos minutos del primero (a siete, si opto por caminar); el primer lugar de trabajo, aunque no tiene un tiempo libre fijo, me proporciona la libertad para comer sin necesidad de abandonar mis obligaciones y sin tener que esconderme mucho. Esto último constituye la esencia misma de lo que a aquí quiero relatar. Lector joven y juicioso: siempre he sido desordenada para comer. Ni siquiera en tiempos en que mi jornada laboral comenzaba allá de las 17:00 podía hacerme un espacio para desayunar correctamente y, en lugar de eso, compraba algún alimento de dudoso valor nutrimental en algún lugar de igualmente dudoda asepsia. Este caso es sólo un ejemplo de la negligencia respecto de los alimentos de que he sido objeto en diferentes escenarios de mi vida. La misma Fortuna que me ha asistido para encontrar un segundo trabajo, sin embargo, me ha favorecido con un marido sumamente generoso y amable, que vela por el equilibrio de los alimentos que consumo. La rutina de la mañana incluye, desde ahora, un tiempo para la preparación de los alimentos que he de llevar a pasear durante todo el día, hasta que pueda hacerme un espacio para comerlos. Pues bien, en un principio estuvo el tupper rosa con divisiones; luego, el gris horrendo con una división, y a ellos se añade el auxilio de la lonchera térmica color celeste venida directamente de un laboratorio, y cuyo costado luce la leyenda "Zuftil Sufentanilo". Todo iba bien, hasta que conocí la "termovianda". Oh, termovianda. Sucedió de esta suerte: caminaba por los pasillos de mi Guálmar local a las 23:00, hora en que el tal establecimiento cierra sus puertas al público. La misma Fortuna que ha estado manipulándome a últimas fechas me llevó al pasillo "Hogar". Ahí estaba, negra y reluciente en toda su negra y reluciente gloria. Sí, la termovianda. Me la tuve que llevar, pues no quedó duda, en ese mismo instante, de que ella debía ser mía, y yo debía ser suya. Fuimos, pues, con toda la compra quincenal, a la caja. La señorita cajera, de nombre Concepción, fue la encargada de mi caso. Al llegar a la termovianda, se percata de que no tiene código de barras, etiquetita, calcomanía, nada. Siendo para entonces las 23:10, calculo, no quiso ya molestarse en investigar el precio. Me dijo que no se podía, y hasta ahí, mientras yo imprecaba a Fortuna por jugar conmigo sin tomar en cuenta mis sentimientos ni los de mi termovianda. Acepté, sin embargo, el nuevo designio y, justamente cuando estaba por seguir con mi vida, sucedió lo que a continuación relato.

...continuará

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5 Comments:

Anonymous Ivanius said...

Eh, que no se vale. No es del dios dejar colgado a un fiel lector de esta manera tan súbita y poco sutil. Cuantimás cuando resulta que ya lo hago en el recinto ese conocido como pocilga e igual los selectísimos visitantes me reclaman. O séase que casi podría decir que eso del continuará me lo copió alguien que ni siquiera deja huella de su paso allá y entonces no sé si se entera de lo que hay, o qué acá nomás aparece para picar al personal lector y ashhhhhh.

Si se notó que me estoy quejando es porque hoy no he tomado café... siempre me quejo, pero usualmente soy más discreto. Creo.

Pero usté continúe escribiendo, que aquí estaré para quejarme. Digo, para comentar.

Abrazo.

12:09  
Blogger Mario said...

Me quedé picado con la historia. Espero que Fortuna haga que la continuación venga pronto.
saludos

13:18  
Blogger Vira Solano said...

Sigo esperando la continuación... no he podido dormir sin saber el final y tu sigues sin escribir... de cada arruga nueva en mi rostro será responsable tu termovianda.. lo juroooo!!!

10:17  
Blogger Mártir de Tacubaya renegado said...

Mmmmmmmmmmm soy impaciente. Sin el final no podré dormir tranquilo. Tenga piedad.

22:59  
Blogger Fairest Creature said...

Ya está, Ivanius, no se queje más. La realidad es que no tenía planeado que la entrada tuviera una segunda parte. Aquel día, como hoy, de pronto me di cuenta de que se me hacía tarde para meterme a bañar. Ja. Y, de hecho, ya me voy, fiuuum. ¡Abrazo!

Pues no llegó pronto, Mario, pero ya está, justo cuando todos habíamos olvidado que estaba en suspenso. Te mando un abrazo.

Dios mío, espero que no hayan sido muchas las arrugas y las noches de insomnio. Pero ya está la conclusión. ¡Un beso, Vihra!

Mártir, puede usted volver a dormir en paz: la termovianda está conmigo y yo con ella. ¡Salud!

06:15  

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