martes, junio 02, 2009

Sobre lo que encontré y que me hizo extremadamente feliz (o de cómo pueden contentarme con basura)

Qué bonito es el chisme cuando educa. Cuando no educa también es bonito, porque entretiene aunque envenene el alma del chismoso. Cuando educa también entretiene y también envenena, pero con el valor agregado de que aporta información hasta cierto punto desconocida. A mí el chisme no me envenena, porque carezco de alma, y es ésta la razón por la que he cultivado el arte del chisme sin remordimientos.
Es de muchos sabido que me es dado coleccionar basura, sobre todo la muy valiosa que encuentro en el interior de los libros viejos. Hace no mucho encontré una foto en un libro para chicas católicas. Alguna vez exhibí en este mismo espacio algunas porquerías que recolecté en un par de días. También encontré unas cartas en un departamento al que me metí. Enrique Guzmán apareció en un recetario. Nunca transcribí la carta de amor a Cielo ni mostré la foto que encontré en Santo Domingo ni las que mis papás encontraron en el cuarto de adobe. Mis agendas guardan muchos recuerdos de gente a la que no conozco, y que por lo general ya tienen sus años. Éste, querido lector, es, precisamente, mi género de chisme predilecto.
Hoy, hasta el mediodía, tuve un día normal: aburrido. Recordé súbitamente que tenía una pila de libros viejos que revisar. Me dispuse a la tal empresa, y mi asombro no cesó hasta que tuve en mis manos no uno, no dos, no tres... quince documentos con mayor o menor contenido anecdótico y la fotografía de una dedicatoria en mi cámara. Todos los documentos encontrados hoy pertenecen a las mismas personas, a una familia, o están relacionados en mayor o menor grado a ellas. Primero me estuve burlando del nombre propio del padre de familia, pues juro que no sabía que ése fuera un nombre que se le pudiera asignar a una persona. Y luego, a mayor acumulación de documentos, se me fue dibujando una historia antigua e intrigante. Estas personas viajaron la mitad del mundo: Puerto Rico, Madrid, Ciudad de México, Rusia, Dublín, Marruecos... Algo me dijo que tenía que preguntarle a Google. Antes de que me diera cuenta, estaba leyendo entrevistas, páginas con resúmenes de biografías y crónicas de homenajes de pipa y guante, breves recuentos históricos de la música en México, del Conservatorio, de técnicas de piano, de otras muchas ubicaciones geográficas que no tenían mención en mis quince documentos, de experimentos sobre animales, de trasplantes de órganos, de la historia de la ciencia en el país, de padres que prohiben a sus hijas planchar y cocinar, porque deben dedicarse al arte.

¡Qué historia propia de Enrigue! El linaje de Beethoven en Mixcoac, facsimilares, Dublín a unos pasos del metro Sevilla.

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5 Comments:

Anonymous Ivanius said...

Es decir que en toda persona hay un elemento "Susanístico", ese que hace que de repente nos dé curiosidad por asomarnos a las vidas ajenas...

09:47  
Blogger Enoch said...

¿De Enrigue o de Diana Solano?

Yo voto por Diana.

11:04  
Blogger Enoch said...

Es como si las historias se nos presentaran sin aviso como si un balón de fútbol callera frente a nosotros y nos rogase que lo pateásemos, ya sea para devolverlo a sus dueños o para que continúe su camino rebotando en la vida de otros rompiendo sus vidrios, pegándoles en la cabeza, fastidiando a un cancerbero o simplemente para que siga dándole vida a su naturaleza rueda mundos. Si ya sé que la metáfora está muy acorde con el último fin de semana y que ya es tiempo de retomar la abrumadora cotidianidad pero, y qué si me sirve para expresar, ¿acaso cometo una falta? Por el contario, la historia ruega que hagamos las veces de escribanos atendiendo al susurro de su voz con el fin de que agrupemos los acontecimientos, objetos y personajes y consignemos en palabras toda su experiencia. La afición por el chisme no es otra cosa más que la evidencia de tu gusto por enterarte y contar, por contar e inventar. Fascinación por estar en la vida dentro de una ficción alejándote de todo lo que te desagrada y paradójicamente reviviéndolo en todo lo que sí te gusta. Qué más, es tu historia, vas.

11:35  
Blogger Nadia said...

¡Hay que tener ojo para esos hallazgos! Y más para ponerlos en secuencia e ir hilando la historia detrás de ellos. ¡Qué bonito! ¿Cuándo me muestras todos esos tesoros? ¿Cuándo te veré? (¡Och, ora ando de sentimentaloide!)

Te quiero.

18:41  
Blogger Fairest Creature said...

¿Ya me va a venir a mafaldear el blog? O sea, sí Mafalda, la quiero como todo el mundo. ¿Pero que usted no la hacía de Felipito y Libertad no sé por dónde? En fin, ya sabía yo que, si me tocaba, iba a destacárseme el elemento susanístico. Abrazo, Ivanius.

AY, Enoch, pero es que Enriiigue. Pero sí, historias como ésta luego vienen a encontrarme -aunque sólo porque las ando buscando entre los libros viejos- y me da una emoción creativa difícil de manejar. A veces las piezas embonan con tal perfección que me es difícil salirme de la realidad y dar el salto a la ficción. Por eso Enrigue, que convierte Dublín en una calle a unos pasos del metro Sevilla y así. Me gusta Enrigue. No puedo evitar que mis historias encontradas por ahí me lo recuerden. Abrazo, Enoch, me gusta que vengas a verme.


Ah, Nadia, pronto pondré mis tesoros en exhibición: espéralos. Besos.

11:14  

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