jueves, julio 16, 2009

Lo que no debía decir, lo que no podía decir, lo que no quería decir

Vengo despertando de una pesadilla que parecía interminable. Hace más de un año acepté un trabajo respecto al que tuve reticencias desde el mismo momento en que se me ofreció. No estaba en una buena situación: muchos factores se habían juntado para que acumulara en mi historial reciente una serie importante de rechazos para trabajos que sí me interesaban. Se me estaba acabando el dinero. Tenía un freelance bueno, pero demandante, y cuyos frutos no vería sino hasta meses y meses y meses después (de hecho, hace dos meses todavía me estaban depositando los últimos pesos). Pedí dinero prestado y me lo acabé y me daba miedo seguir pidiendo. Hice ochocientas libretas por encargo. Las entregué y se resistieron a pagarme por meses y meses y meses. Pasé hambre por aproximadamente dos días, no mucho más, pero, en resumen, se entiende que me la estaba pasando bastante mal, con todo y los esfuerzos sobrehumanos que Pato hacía para sacar al muerto de la barranca. Ja.
En este contexto, me llegó esta oferta de trabajo, relacionada con mi perfil y más o menos con mi formación, pero no con mi currículum. Dije que sí, firmé una carta compromiso, y me regresé a mi casa a esperar su inicio por otros dos meses sufridores. Me resistí mucho, por el hecho de que nunca tuve la intención de trabajar en algo así, pero al final llegó el momento de entrar a trabajar y entré, y me burlé de las dinámicas de integración, y me emberrinché por tener que participar en ellas.
Desde el primer día destacó que nadie sabía dónde ponerme, pues no tenía jefe o tenía demasiados (nunca supe). Me mandaban de departamento en departamento, a ver quién me decía en qué consistía mi trabajo y cuáles eran mis funciones. Durante esa primera semana terminaron mandándome a la sucursal central de la institución a que un sujeto me instruyera. Tiempo después, él terminó siendo una de mis mayores pesadillas. Estuve un mes haciendo un trabajo que era, por lo menos, para cuatro personas. Cuando llegó mi compañera, esperaba que ella tuviera las respuestas de todos los secretos en los que estaba involucrado nuestro nuevo lugar de trabajo. Ella tampoco sabía nada. Improvisamos, nos equivocamos, dijimos que sí a todo, porque nada sabíamos, y luego fue difícil echarnos para atrás, y tardamos meses en rearmar el rompecabezas de nuestras labores.
La biblioteca en la que trabajé tenía diez años de abandono y negligencia. No se entendía nada: más de diez mil libros en absoluto desorden. Era imposible encontrar información. Mucho más bajo la presión de la gente que demandaba libros específicos al momento. Desde el primer día fui tachada de incompetente porque no sabía dónde encontrar nada al toque, y porque no sabía cómo había estado funcionando en años anteriores. Fui constantemente comparada, para bien y para mal, con el fantasma de mis predecesoras. Un día fui sorprendida con la noticia de que a mí me tocaba dar clases de métodos y técnicas de investigación en inglés a un aproximado de seiscientos usuarios semanales (no exagero: era un aproximado de seiscientos usuarios semanales). Y tenía que organizar la biblioteca, crear una base de datos, toda la bola. Y dar préstamos. Y edecanear cuando se organizaban eventos que no tenían que ver conmigo excepto porque se hacían en mi espacio.
Pato ideaba mis clases. Pasábamos la noche planeando actividades que a veces funcionaban y a veces no. En mis ratos libres, entre clase y clase, catalogaba, clasificaba y restauraba libros. Estaba agotada y enojada, y mi teórica jefa no aparecía jamás y no había nadie con quien hablar y todos me odiaban intensamente.
Organicé una feria del libro. Pato diseñó las invitaciones, y no quisieron imprimirlas. Gestioné tres eventos culturales a los que no quisieron asistir. Jornadas de quince horas, atendiendo gente y editoriales y eventos culturales y siendo saboteada y malmodeada. Recobré la fuerza cuando me encontré a mi hermana en una cena en la que no había lugar para mí. Fue el mejor momento de todo el año.
Luego llegó el día fatídico en que los jefes hablaron y decidieron cerrar la biblioteca para su reorganización. Se les olvidó dar aviso a la comunidad, por lo que pareció que todo era mi idea. De aquí se suceden los azotones de puerta, la habladuría y la ojetez. Pasaron otras diez mil cosas que ya no quiero escribir. Pero por lo menos ya no daba clases.
En este contexto, mi sistema inmunológico se fue al demonio. Me desmayé a media calle, cosa nunca antes vista. Me salieron canas, puta madre. Sufrí una intoxicación. Y ya perdí la cuenta de las otras veces que me desmayé. Creo que fueron cuatro más. Por último, o mientras tanto, me amargué. Me amargué. Adentro estaba seria, cabizbaja y, a la menor provocación, agresiva. Cuando salía, todos los problemas de adentro venían conmigo, y me volví monotemática y quejumbrosa y perpetuamente agotada, hambrienta e infeliz.
Ayer terminó mi contrato. Instruí a mi reemplazo. Espero que le vaya mejor de lo que me fue a mí. Me dieron los tres pesos que me debían. Me traje de regreso mi taza verde y mis audífonos y las dos libretas que me hice para mis diferentes actividades. Las mutilé. Rompí todos mis papeles y los tiré a la basura. Y grité e hice berrinches. Y ahora hago esta entrada, bastante inusual en mí, esperando que todos los demonios se me salgan.

De regreso a donde estaba hace un año. Sólo que ahora tengo un trabajo que me ayuda a no morir de hambre y a tomarme el tiempo necesario para conseguir algo mejor. O peor, nunca podré saberlo.

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4 Comments:

Blogger Fairest Creature said...

No tengo la menor intención de releer este post. Debe estar lleno de erratas.

10:30  
Blogger Nadia said...

Ya pasó todo. Ya despotricaste y echaste pestes mil. Al fin el suplicio terminó y ahora vendrán otros episodios, espero mucho mejores. Tienes razón: ni lo leas otra vez. Te quiero.

12:31  
Blogger Ivanius said...

¡Ea! Para eso fueron invocadas las catarsis, para pasar a lo que sigue sin despeinarse. O despeinados. O como dé la gana. Pero pasar.

Usté siga adelante, que por aquí seguimos. Abrazo.

12:47  
Blogger el7palabras said...

Oiga Diana, me da gusto que da usté un paso.
Y no se amedrente, que cualquier cosa que hace uno para estar bien SIEMPRE resulta.

Neta.

Y no es solamente Miguelangelcornejismo; va a ver cómo si.

Y si no, ps no; pero va a ver que al menos se libró de ese trabajo de merd.

11:48  

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